miércoles, 28 de noviembre de 2012

Un brindis por las galleras de Los Llanos y Tazacorte

El Mazantini
Grata es la noticia que me ha llegado desde ese lugar mágico del Archipiélago Canario, situado en la parte más occidental de la isla de La Palma, muy concretamente de Los Llanos de Aridane y Tazacorte. Por muy increíble que sea, han decidido estas dos casas de gallos enfrentarse en la próxima temporada con espuelas naturales.
Casi ni me lo creí, y tuve que pedirle al emisor de esta noticia me lo volviese a repetir, y despacio. Mientras que en el resto de las “casas de gallos” del archipiélago las espuelas están plastificadas, estas dos grandes casas de gallos han optado por seguir la tradición sin cambiar un matiz desde el siglo XV hasta el siglo XXI. Atrás queda el libro de artesanía canaria de Francisco Osorio Acevedo, que habla en un capítulo de las espuelas para las peleas de gallos, resaltando su calidad y la artesanía que genera las mismas para la exportación hacia América Latina, donde eran muy apreciadas en los países gallísticos. Sin embargo, a día de hoy importamos el plástico.
No entraré en la cuestión de porqué utilizar plástico, siendo la primera respuesta que por razones económicas, pero por razones económicas deberíamos quitar las casas de gallos, los galleros, las medicinas, los alimentos, etc. Todos sabemos que los gallos son un deporte bastante caro, y también sabemos que nadie nos va a echar una mano, y que si los gallos han durado a día de hoy es por el esfuerzo de los aficionados y casteadores. Nadie nos ha regalado nada, solo que la unión hace la fuerza y no el individualismo imperante en nuestros días. He oído expresiones como: “Mientras ganen mis gallos, los de los demás me da igual”, refiriéndose a sus “compañeros” de partido. Sin más, quiero felicitar a estas dos casas de gallos que siguen empeñadas en cuidar y mimar esta tradición en todos los sentidos. Quiero felicitar a sus presidentes, a sus casteadores y aficionados y darles las gracias, porque por lo menos queda algo de la canariedad en los gallos en un rinconcito del Archipiélago.

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Como nos refiere en su artículo anterior “el Mazantini”, la mejor noticia imaginable de la pretemporada nos ha llegado de la Isla Bonita: las galleras de Tazacorte y Los Llanos seguirán un año más valiéndose de las espuelas naturales.
La noticia merece la misma alegría que muestran estos aficionados de la Villa y Puerto ante una de las victorias de su partido, hace ya algunas décadas.
Y es que así están las tradiciones gallísticas en Canarias: abandonadas, humilladas o, como esta, pendientes de un hilo.
En unos tiempos en que se han generalizado las espuelas de plástico, hasta convertidas ya en un negocio, y auspiciadas por quien debiera velar por nuestras costumbres, los dos partidos más antiguos de Canarias tienen la valentía de continuar con este capítulo de la artesanía canaria y de preferir la autenticidad a la adulteración.
Este año habrá una contrata de primera división: Tazacorte y Los Llanos, e innumerables contratas de segunda, tercera y hasta cuarta división en ese reino de taifas en que se han convertido las peleas de gallos canarias.
Felicitamos, con “el Mazantini”, a las directivas y a la afición de Tazacorte y Los Llanos por su sabia decisión, que tanto los honra.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Aficionados en el recuerdo: Tenerife (3)

Hoy nos centramos en el partido Norte, aunque ya hemos hablado de grandes aficionados como Cecilio Acevedo, Florencio González o Domingo García. Este partido abundaba en gallistas sabios, apareciendo hoy muy mermado, porque no ha habido el relevo suficiente. A ello ha contribuido la pérdida de su casa de gallos y también el no disponer de un lugar de peleas en el Valle de La Orotava, como había ocurrido siempre. Actualmente, ya hay una casa de gallos adecuada, aunque no esté situada en el Valle, sino en El Sauzal. Lo otro es cuestión más grave, ya que es inadmisible que el Norte esté celebrando sus jornadas como anfitrión... en la gallera rival.
El inolvidable "Remache"
En el Parque San Francisco, a principios de los años 90, cuando se juntaban unas 300 personas, recuerdo perfectamente a don Modesto Torrens, sentado en las gradas con su mujer alemana y la hija de esta. Era todo un señor, con finos gallos desde los años 50. Entre el público que se ponía de pie tras las sillas, estaba siempre su hijo, un gran amigo hasta hoy mismo, con los programas de las peleas entre Garachico y Güímar, que por aquellos años tenían una gran calidad, a la altura de las del Norte y La Espuela, e incluso, el año que cuidó Pablo Amador en Garachico, por encima de estas. Yo, que entonces era un lego, y más o menos sigo siéndolo fuera del aspecto histórico de los gallos, me sentaba a ver las peleas con el librero Francisco Lemus, sobrino de los legendarios Hermanos Crusanteros. Gracias a él, hice amistad inmediata con el más simpático y extrovertido de los hermanos, o sea, Antonio, quien aún vive, y muy bien, en la Calendaria del Lomo de La Orotava, porque, aunque conocidos como los Crusanteros, ya habían nacido en la Villa. Menos traté al “Remache”, que vemos en esta primera foto, y que moriría en una playa de Fuerteventura al intentar salvar a Antonio. El “Remache” tenía una casa de comidas muy famosa en la subida para el estadio, donde se combinaba la cocina canaria con la venezolana, ya que él había estado en Venezuela y además su muy bella mujer era venezolana. Allí almorcé decenas de veces, platos como el pabellón criollo, y allí se reunían los partidarios, sobre todo en los grandes años de Paquito Falcón. El “Remache” era uno de los aficionados que más generoso apoyo brindaban al partido del Norte.
Entre los aficionados sabios a que me refería antes, he de nombrar a algunos con los que tuve cierto trato, o a los que solía ver, no solo en las peleas, sino en Casa Genaro, en Santa Úrsula. Genaro, un bodeguero excepcional, era compadre de Manuel Fariña, pieza decisiva del partido, un hombre serio, como Pepe Borges Acevedo, que aparecía allí a almorzar todos los domingos con su familia, después de las peleas. A Fariña y Pepe Borges he de sumar el nombre de Vicente Amador (“el Petudo”), que siempre estaba metido en la casa de gallos, y de quien pienso a veces como uno de esos aficionados cuya presencia junto a los cuidadores suponía antaño una garantía para el partido. Con gente como Vicente Amador, no ocurrirían los disparates que hoy ocurren en las casas de gallos, por falta de conocimientos, o de experiencia, de cuidadores noveles o que son de otros países e ignoran las costumbres gallísticas canarias.
Vicente Amador, que murió en un accidente automovilístico, era de Los Realejos, donde ha habido siempre una afición tremenda. Otros dos grandes aficionados de allí que solían aparecer a echarse el vaso de vino en Casa Genaro antes o/y después de las peleas, eran Pepe Rico y Víctor Barreto. Pepe Rico, de la Cruz Santa, era un gran personaje, muy bien recordado en Los Realejos. Víctor Barreto era un hombre serio y trabajador, que sacó unos gallos tremendos en los años 90.

Tirso García y Dominguito Prieto

Aquí tenemos a otro aficionado realejero, Tirso García sosteniéndole un gallo a Domingo Prieto. La fecha es fácil de determinar: 1977 o 1978, ya que son los años en que este fino cuidador estuvo a cargo de los gallos del Norte. Tirso era otro personaje de cuidado, contándose de él anécdotas deliciosas. Una vez se escapó un león no sé si del pequeño zoo que había por El Ramal, y vino a parar a su casa; Tirso estaba en el jardín leyendo el periódico, lo vio y se levantó flemáticamente para meterse dentro de la casa. Otra vez, dos extranjeras le pusieron no sé qué afrodisiaco en la bebida y tuvo que ir al hospital para que se le pudiera bajar el priapismo. Tirso era un hombre simpático y mujeriego. En una ocasión, subía yo con una amiga por la calle Carrera, y él ni me vio, ya que su mirada fue absorbida completamente por el descote de mi amiga.

En la gallera del Norte

En esta foto, que saqué en la gallera de Santa Úrsula, aparece a la izquierda un casteador extraordinario del partido Norte: Manuel de León. Hubo un par de temporadas en que los gallos suyos y los de Luis Machado casi que se bastaban para llenar las listas del Norte. Eso levantaba algunas críticas, pero amigos ¡qué gallos tenían uno y otro! Manuel de León murió de una enfermedad rápida, y lo mismo ocurrió con Cesáreo Cáceres, que aparece al fondo con camisa azul, junto a Juan Díaz. Lo conocíamos como “Sarín”, y era en verdad una excelente persona, de maravilloso trato. Casteaba junto a Elías y a Antonio González, a quien vemos en la siguiente fotografía:

En Casa Genaro (Santa Úrsula)

Todos lo llamábamos Antonio “el Calvo”, para distinguirlo de otros Antonios. Sabía de gallos, y había estado antes en La Espuela. No faltaba a una sola pelea, y también con él hice mucha amistad. En esta foto vemos tras la barra a Genaro Martín, que es quien único vive de los cuatro. A mí me impresiona que Luis López, un buen aficionado, haya ya desaparecido, según Genaro, porque no tengo otra fuente de información. Era un hombre fuerte y aún joven, pero ya sabemos que eso poco significa. A la derecha, Manolo Torres, que tenía una tienda de ropa en la calle Herradores de La Laguna. Era un amigo fabuloso, siempre de buen humor, cuya muerte supuso un duro golpe para la afición lagunera y no digamos para los que disfrutábamos de su amistad. También sabía mucho de gallos, y con él y Ángel Bolaños iba yo muchas veces después de las peleas a probar los vinos norteños.

En la gallera del Norte

Acabamos este periplo de hoy con dos buenos aficionados que ya nos faltan: Pepe López y Jerónimo Herrera. Ninguno era casteador, pero ambos animaban la afición. Pepe López apoyaba mucho al partido, y “Momo” (por su nombre no lo conocíamos) formaba parte de la claque de los taxistas, que en gallos ha sido siempre muy importante, con el gusto por las apuestas, ya por aquellos años 90 completamente inocentes. Pepe López murió de modo fulminante en la gallera de Telde hace unos pocos años, y “Momo” murió, a los 65 años, el 30 de marzo de 2008. En esta foto tenemos, de izquierda a derecha, a Pepe López, “Momo”, Jorge Jova, Juan Díaz, Humberto Sierra y Juan Antonio Díaz. Estamos en junio de 1997, ya que se trata del festejo de fin de temporada el año en que cuidaron los cubanos Jova y Sierra.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Una gran victoria de Álvaro Tapia sobre Domingo Prieto


1964 fue un gran año para Álvaro Tapia. Pese a perder por una riña en Lanzarote, el cuidador de Santa Cruz se lució con buenos gallos y buenas peleas, y allí dejó un buen recuerdo, como me contó en su taller de Teguise Juanele Morales, el gran artesano de timples. Precisamente de su hermano, Simón Morales, peleó Tapia, este día en el Viana, un melado, que ganó.
Los únicos que le perdieron a Tapia fueron el de la primera y el de la última. El de la primera era de uno de los grandes aficionados lanzaroteños, don Rafael Ramírez. El de la última, de don Alonso Lecuona, casteador tinerfeño igualmente muy bien conocido. Don Alonso tuvo este año una legión de gallos blancos, y Antonio Tejera, que en ausencia de Tapia llevaba el partido Nuevo, dio la nota en Lanzarote al aparecer, para unas peleas con Teguise en el Teatro Municipal, nada menos que con siete gallos blancos. ¡Lo nunca visto!
El primero de los gallos de don Alonso Lecuona era el llamado “Calzones”. Ese gallo, tras su segunda victoria consecutiva, se picaba él mismo, y Tapia, para poderlo pelear a la semana siguiente, le puso unos calzones para que no se picara. Ganó por tercera vez consecutiva, como volvió a hacerlo este domingo en La Laguna.
La tanda de Tapia combinó gallos de Tenerife con gallos de Lanzarote. Resaltemos el nombre de los Hermanos Blancas, que por estos años tuvieron un gallo fabuloso: el “Peña Redonda”, colorado pinto que hizo tres peleas en Las Palmas y seis en Teguise, una de ellas esta temporada, al cuido pues de Tapia. Sería un buen gallo de casteo, originando los llamados “peñitas”.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Roberto Hernández / Rafael Hernández


Nos entristece dar la noticia de la desaparición casi simultánea de estos dos extraordinarios aficionados y amigos de Los Llanos de Aridane, que aparecen en esta foto sacada un inolvidable día en que, con José Luis Melquiades al volante, dábamos la vuelta a la isla. Paramos en la gallera Guerra para saludar a Samuel y a Salvita, que aparecen a la derecha, y luego almorzamos en Puerto Espínola, sin que faltara nunca el buen humor. Saboreando de aperitivo unos camarones fresquísimos, advertimos de pronto que la botella de vino blanco, situada al lado de Rafael, ya iba por menos de la mitad, lo que provocó en los demás un bombardeo de pullas a las que Rafael, siempre sonriente, respondió justificándose con la necesidad de un buen “entrenamiento”.
A mi visita siguiente, la excursión del cuarteto fue a Garafía, con parada en Tijarafe para probar un vino de tea y Puntagorda para almorzar como faraones, esta vez las carnes de cabrito. Ya estaban los almendros en flor, toda una belleza. Estos trayectos acababan siempre en el Casino de Los Llanos, con Roberto apoyando al Barcelona y Rafael al Real Madrid, y picándose en esto sin dejar nunca de ser lo amigos íntimos que eran. Junto a los gallos, la gran afición de Roberto era el dómino, y la de Rafael llevarse bien con todo el mundo.
Rafael llegó a los 89 años, Roberto a los 70. Ambos, aunque también con las amarguras de algunos tiempos y situaciones difíciles, tuvieron una vida bastante rica, y dejan detrás amistades y aprecios incontables.
Rafael Hernández era el hombre clave en la historia de los gallos de Los Llanos de Aridane, un memorión de tomo y lomo que se lo sabía todo desde los años 40 en adelante. Mucho me ayudó en mis trabajos, y siempre con la sonrisa a flor de labios, mucho calor humano y un humor irresistible.
Roberto era más reservado, y a veces podía parecer algo brusco, pero tras conocerlo bastante bien, pude caracterizarlo así, en la semblanza del “Diccionario”: “Personalidad recia y noble, hombre a la vez serio y cordial, Roberto Hernández pasa a la historia como uno de los nombres más importantes de la cuida gallística palmera en el conjunto de los últimos 50 años”.
El 20 de julio de 2005 le dediqué un artículo en “Jornada”, celebrando su trayectoria gallística, de unas 30 temporadas, entre las cuales algunas legendarias, como la de los “villegas”, en 1967. Hay que corregir que, en el año anterior, a pesar de hacer al final un gran papel, ganó Israel por 1 riña.



Y concluimos, por una parte, haciendo llegar nuestras condolencias, y la de los buenos aficionados que siguen esta página, a la afición de Los Llanos, y en particular al hermano de Roberto, Armando Hernández, que siempre fue para los aficionados tinerfeños como un embajador gallístico de La Palma, y por otra con una pequeña galería fotográfica.
Vemos en primer lugar a Roberto junto a Carola y a Arnoldo, y a la derecha Roberto con “el Capirote”, uno de los extraordinarios “villegas” sacados por José Roberto Pérez Yanes (“Melquiades”). En seguida tenemos a Roberto junto a otro puntal de Los Llanos, Pepín, y un muy joven Pedrito, hoy todo un gran cuidador, en la gallera llanense, y a la derecha con una copa del Campeonato Regional, mereciendo recordarse que Roberto hizo papeles excepcionales en estos campeonatos, antes de que cayeran bajo las garras de la Federación. Las dos fotos siguientes son muy valiosas, ya que se trata de uno de los magníficos “duelos” que Roberto y Adolfo “el Pichón” sostuvieron en Lanzarote. Ganó esta vez Roberto, con el gallo que levanta victorioso; Adolfo, aunque con cara de circunstancia, no perdió la compostura de los maestros y posó aquí junto a su rival. Y cerramos, por fin, con una imagen de Roberto sosteniendo un gallito, como el verdadero maestro que también era.


  
  

miércoles, 31 de octubre de 2012

Aficionados en el recuerdo: Tenerife (2)


Hoy, nuevamente, traemos a esta página a auténticos sabios de los gallos. Allá por los últimos años del siglo que ya pasó, me asombro hoy de haber podido disfrutar la compañía de aficionados tinerfeños tan extraordinarios como Antonio Casañas, Ramón Trujillo y Agustín Morales. En más de una ocasión, acabadas las peleas del Norte y La Espuela, me iba con ellos a almorzar, por ejemplo al pueblo marinero de San Andrés las temporadas que se celebraron en Valle Jiménez.
Antonio Casañas no precisa de presentaciones. Se lo recuerda como una persona del más elegante trato y como uno de los grandes soltadores que tuvo la isla de Tenerife en los años 50 y 60, soltándole los gallos a Pancho “el Músico”, o sea los gallos de La Espuela, partido del que fue presidente algunas temporadas. Por suerte, tenemos aquí la entrevista que le hice en 1998, y en la que nos dice mucho de su vida gallística y de sus ideas sobre los gallos, aunque más sea lo que falte por contar:


El chófer de nuestro equipo era Agustín Morales, familiarmente conocido como Chicho. Yo venía a Santa Cruz desde La Orotava, en guagua, y me daba un salto a la plaza aledaña a la redacción del periódico “El Día”, que era donde él tenía su piso. Íbamos a recoger a Casañas a su casa del barrio de Salamanca, y luego a Ramón Trujillo por la Avenida de Anaga. Ramón era como un hermano mayor de Chicho, y recuerdo que yo me tenía que pasar al sillón de atrás para que él fuera más cómodo. Detalles que me parecían, y siguen pareciendo, muy graciosos. Ramón Trujillo fue otro aficionado a los gallos de toda la vida, y casteaba con sus hermanos, que tuvieron grandes gallos con Pancho allá por los años 50. Era una persona muy señorial, pero a la vez muy simpática, simpatía que prodigaba conmigo, porque le gustaba hablar con la gente joven. Sin duda el que a mí me interesaran tanto los gallos, y me preocupara por su pasado y por su historia, le debía resultar tan grato como a Casañas. Cuando murió, en 2002 (aún iba a las peleas), el periódico “El Día” le dedicó una larga columna de obituario, que muestra lo apreciado que era en la ciudad santacrucera. Aquí tenemos el comienzo de esa nota, muy merecida, donde además no deja de aludirse a su afición a los gallos, ya que, pese a que unos desalmados hubieran arremetido contra esta noble afición una decena de años antes, Ramón Trujillo, a diferencia de otros, ni se retiró de los gallos ni dejó nunca de hacer gala de su afición.
Agustín Morales era un personaje de órdago. Extraordinario. Verdadero genio y figura, hasta la sepultura. Fue un amigo íntimo, insuperable, y ya he dicho que, con Ángel Bolaños y José Luis Melquiades, el más grande que he tenido en los gallos. Me llevaba a mí 24 años, pero eso la verdad es que no significaba nada. Fue él quien me animó a escribir de gallos, lo que yo hice a condición de que me ayudara y firmara conmigo. Escribimos juntos un par de temporadas, él con el apodo de “Perillón”, ya que ese gallo legendario era su favorito de todos los tiempos que llevaba viendo peleas, o sea desde niño, porque su padre había sido hasta presidente de La Espuela. Algunos lo llamaban “Caruso”, porque había sido un gran cantante de ópera. Tenía una energía y una vitalidad asombrosas, y a veces podía ser sumamente colérico. En el mejor sentido de la expresión, puede decirse de Agustín Morales que estaba “medio loco”, pero con lo que de genialidad tiene cierta locura. Loco era sin duda por las mujeres, y nunca olvidaré una vez que íbamos caminando y de pronto, como quien actúa ante la platea de un público de teatro, o sea más dirigiéndose a ese público ideal que a mí, dijo: “A lo largo de mi vida, me he montado a más de MIL mujeres”. Tal proeza donjuanesca sin duda que era hiperbólica, pero es cierto que, con su voz de barítono, que prodigaba cantando por ejemplo boleros en las salas de fiesta del Puerto de la Cruz, debió derretir muchos femeninos corazones.
Hombre de carácter muy abierto, bastó conocer a mi amigo, colega y escritor Nilo Palenzuela Borges, que iba de vez en cuando a los gallos, y que este le dijera cuánto le gustaría criar un gallo, para que se lo regalara, y precioso, de la casta más fina. Porque aún criaba sus gallitos, junto a Eusebio Luzardo, en la finca de los Mascareños, donde yo le saqué la foto casi bíblica con que encabezo este capítulo evocativo de hoy (por desgracia, ya perdí el original y solo puedo reproducir la copia de “Jornada”). Le da, regocijado, de comer a los pollitos, que era lo que más le gustaba de su afición.
En los últimos años de su vida, Agustín Morales, que estaba hacía años separado, reencontró el amor con una mujer, estupenda, de Güímar. Disfrutó unos buenos y serenos años, pero que no fueron todos los que se merecía, falleciendo a los 71 años el 31 de mayo de 2002. Una de las últimas veces que lo vi fue en unas peleas en Güímar. Siguiendo ese repugnante vicio de no quitar los gallos cuando se encuentran en un estado deplorable, aquel día volvió a pasarse la frontera que va del espectáculo a la vergüenza. Agustín Morales, que además había ido a las peleas con su mujer, tuvo uno de sus grandiosos accesos de cólera y se levantó protestando, hasta incluso decir que los gallos, a tenor de los que allí se estaba viendo, harían muy bien en prohibirlos.
Por suerte, guardo este recorte de una entrevista que le hizo Óscar Zurita, y donde el gran Chicho Morales queda perfectamente retratado:


En la foto de Casañas viendo unas peleas, aparece a su lado otro histórico de La Espuela, don Luis Miranda, que era general. Pero a él solo lo conocí de vista. En la siguiente fotografía, de 2002, aparecen otros dos grandes aficionados de La Espuela también desaparecidos: Antoñito Martín (primero por la izquierda) y José Fortuny (segundo por la derecha, de pie). El primero sabía mucho de gallos, y sobre todo era un maestro haciendo espuelas para su partido. De Fortuny hablé hará un año, con motivo de su muerte, que todos sentimos mucho, porque era hombre de la más extrema simpatía, siempre de buen humor. Por estos años, Fortuny era también partidario de Güímar, y son aficionados güimareros quienes aparecen aquí, entre ellos Agustín Delgado, Adrián Mederos, Felipe López, Iván Darias, el cuidador José Carlos Rodríguez, Tato Reyes y el amigo galdense Antonio Montesdeoca.


Por último, en esta otra foto de conjunto, año 2008, sacada en la gallera de La Espuela, aparece a la izquierda otro muy apreciado aficionado de ese partido, aunque él, como su hermano Anselmo, procedía de Tazacorte. Se trata de Luis Sánchez, gran animador de la afición, y que hasta se ponía a vender las entradas a la puerta de la gallera. Junto a él, Carlos Camacho, Chicho, Eduardo Fernández de la Puente, el coronel Tabares, Vicente Sosa, el cuidador Valentín Lorenzo y Rogelio Galván. Luis Sánchez murió hace tres años, habiendo sido la última gran pérdida del histórico partido santacrucero. Era un gran fumador de puros palmeros, que con solo ver la tripa conocía la calidad, y alguna vez me asesoré yo con él. Ni que decir tiene que, como los nombres hoy traídos a colación, sigue bien vivo en el recuerdo de los buenos aficionados.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La despedida gloriosa del “Gato Maruca”


Pocos cuidadores han tenido un adiós a los gallos más grande que el que tuvo Manuel Torres “Gato Maruca”. En 1963 doblegó a Pancho por 15 riñas, la mayor ventaja que en 50 años de cuida nadie le sacó al “Músico”. Al año siguiente, como ya vimos, le ganó por 1 riña, en la jornada decisiva, a Domingo Prieto, que esperaba desquitarse de la derrota de su maestro. Pero no solo eso, sino que en esta temporada le ganó a todos los partidos con que se enfrentó.
Aquí tenemos para empezar un programa de la contrata complementaria que el partido de San Cristóbal celebró con el de Garachico, donde cuidaba Antonio Salud, como había hecho el año anterior y haría el siguiente. Se trata de un bonito programa, y valioso además porque no tenemos muchos de Garachico. Lo curioso de esta jornada es que el gallo de la tercera iba con 4 onzas de más, lo que obligó a ir subiendo los gallos... y a pelear dos veces el gallino de Luis Machado... que ganó las dos. Algo muy poco visto en los anales gallísticos. Manuel Torres le tumbó este día un 4 peleas del grancanario Luis Cabrera Brito a Antonio Salud, lo que también debió hacerlo saltar de alegría.


Pasamos de marzo a mayo. La temporada está acabando y de Lanzarote viene con sus gallos Álvaro Tapia, quien, pese a perder por 1 riña ha hecho una gran temporada (aparte dejar allí un reguero de simpatías). No sé si le ganó el de la última, pero sí lo hizo el giro de sus mejores casteadores, los Hermanos Blancas (Julio Blancas fue quien lo contrató). “Gato Maruca” le ganó por mantilla, o por mantilla rabona, que es lo único que podemos saber por lo apuntado en este programa de don Antonio Monteverde, quien de su gallo ha escrito: “Bien. Jugador a lo largo”, sin duda una bella manera de pelear. El gallo de la quinta de San Cristóbal era sin duda del palmero don Francisco Lavers, cuyo nombre aparece mal escrito.



Ya en junio, recibe "Gato Maruca" la visita de los otros dos grandes discípulos del “Músico”: Julián Castillo y Pablo Amador. En una temporada irregular, con muchas enfermedades de los gallos, Julián había ganado por 9 riñas. Entre Triana y San Cristóbal, no sabemos el resultado de la última riña, por lo que pudo darse un 3-3 o una victoria por 4-2 o 4-3 para el gallero tinerfeño. Por esa mala costumbre de no apuntar la última riña, tampoco sabemos el resultado final de las peleas con Pablo, pero “Gato Maruca” ganó 4 riñas y por tanto la confrontación.
En las peleas con Triana, llaman la atención los gallos grandes de San Cristóbal: un giro de 3 riñas de Francisco González Casanova que ganó, un gallino de 5 de Luis Machado (dos en 1963 y tres en 1964) que entabló y un melado de 4 de Pérez de Ascanio que hizo huir a un pinto de una pelea. Peleó luego Julián tres gallos seguidos de uno de sus mejores casteadores: el doctor don José Cuyás.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Valentín en el Norte

Decíamos la semana pasada que estaba en el Norte como gallero José Carlos, pero al final se trató de un típico bulo.
¿Cómo nacen los bulos? Aquí tenemos un ejemplo. Pedro el de las Tapias, conocido soltador del Norte (también conocido por su carácter bromista), recibe una llamada de Cecilio Acevedo, ahora algo distanciado del partido, y cuando este le pregunta que quién va a ser el cuidador este año, Pedro le dice que José Carlos. Cecilio lo comenta, y así llega a oídos de los aficionados de La Espuela, diciéndomelo a mí a su vez Arquímedes Acosta, el ex presidente de este partido. Ahora, ya de fuente directa del Norte, nos informan que está apalabrado Valentín, pero sin confirmarnos nada. Recordemos que en La Espuela va a cuidar, en principio, Samuel Acosta, quien ha hecho buenas campañas recientes en La Lucha.
En mis tiempos de "El Día", nunca le hice caso a Pedro el de las Tapias, un muy buen amigo para tomar unas copas por los guachinches del Norte y para hablar de gallos horas y horas, pero también un trolero de mucho cuidado. Otra cosa es Arquímedes Acosta, un hombre serio, de cuya palabra me fío, aunque aquí le venía ya la batata caliente.
En La Palma, Josito el Menso repite en Tazacorte y Quico Acosta va a Los Llanos. En la Nueva está Toño y en la Guerra sigue Pedrito. En El Pinito sigue Orestes y en La Choza cuida Óliver. La Lucha no sabe, mientras que en El Paso estará Samuel Mateo. En La Orilla cuida Pedrín y en El Laurel iba a estar el decano de nuestros cuidadores, Roberto Hernández, pero la salud quizás no se lo permita. Argual y la gallera Pulido pudieran unirse.
Bulos aparte, agradecemos a estos amigos sus informaciones, sobre las que ya volveremos. Hasta que comience la temporada seguiremos en la brecha, iniciando hoy mismo el primer capítulo de recuerdos de casteadores tinerfeños ya desaparecidos físicamente, pero no en la memoria de los buenos aficionados.