domingo, 27 de junio de 2021

Temporada de 1988

El pasado verano me ocupé de la temporada 1987-1988 al nombrar los formidables gallos que entonces tenía don Juan Rodríguez Drincourt. De todos los extraordinarios casteadores de la época “clásica” de Gran Canaria, o sea la que va de los años 30 a fines de los 60, el último en mantenerse fue don Ramón Rodríguez, pero es que además tras su fallecimiento las fenomenales ligas que tenían fueron mantenidas hasta comienzos de los años 90 por su hijo, otro gran señor de los gallos, con cuya ayuda entusiasta conté para la consecución del DGC, facilitándome, sin ir más lejos, invalorable documentación fotográfica.

Si Adolfo “el Pichón” barría en Gran Canaria, veamos hoy lo que ocurría mientras en las otras islas.

En Tenerife cuidaba este año el partido Norte quien era el mayor cuidador de Canarias, y que también venía de la época “clásica”, ya que fue, a excepción de Pepe Palmero, el mejor discípulo del “Músico”: Pablo Amador. Es sin duda la principal personalidad gallística que yo tuve el privilegio de conocer, y a quien he guardado devoción perenne. Cuidando en una casa de gallos de inmejorables condiciones como la del Norte, era prácticamente imposible que nadie la ganara ya a “Pola Vieja”. Se enfrentaba a uno de sus mejores discípulos, Jorge Benítez, quien regentaba una gallera muy complicada como era la de La Espuela. El Norte sacó una gran ventaja de entrada y luego hubo cierto equilibrio. La Espuela ganó cinco jornadas, pero acabó sucumbiendo por 28 riñas a causa de dos duros capotes, en las jornadas cuarta y duodécima. Hubo peleas en el Teatro San Martín (Santa Cruz), en el cine de Santa Úrsula, en el Parque de San Francisco (Puerto de la Cruz) y en el cuartel de San Agustín (La Orotava). Menos en el cine de Santa Úrsula, yo vi peleas en todos estos sitios, que reunían buenas condiciones.

Vemos aquí el programa del primer capote de “Pola Vieja”:



Y el del segundo:


Volvió a las lides periodísticas el inefable Vicente Fernández, que se hacía pasar por venezolano y al final no era otro que Horacio Pulido. Hacía crónicas muy buenas, más interesantes que las de “Pica y Bate”, que valen sobre todo por sus retrospectivas históricas. Entre otras cosas diría este que echaran a Jorge Benítez y que llevaba los gallos drogados. En cambio, de Pablo comenta en una de sus crónicas que había aprendido en la escuela de correr los gallos todos los días (o sea en la escuela de Pancho) y que por ello llevaba los gallos “como campanas”. A Pablo se le reprochó en ocasiones llevar los gallos duros, y que por ello no le daban mucho con las espuelas. Ahí estaba la diferencia con Pepe Palmero, pero cuando era necesario Pablo sí que los llevaba espueleros.

Entre tanto, Güímar y Garachico celebraban su contrata. Algunos aficionados hablaban ya de hacer una liguilla, a lo que “Pica y Bate” respondió (creo que con buenas razones) que estas habían sido siempre un fracaso. Lo cierto es que esta otra contrata estuvo más reñida y emocionante que la otra. Anastasio estaba en Güímar, con la casa de gallos repleta de gallos peleados el año anterior, y Leopoldo Barroso (“Polo”) en Garachico. Aunque Anastasio había ganado de manera apabullante las dos temporadas precedentes, esta vez perdió por 2 riñas, en la última jornada. Tuvo Garachico su mejor gallo en un gran giro de cuatro peleas ganadas en seis jornadas, casteado por la Peña El Boquerón, que animaba el infatigable Diego Tabares. Presidía Güímar Antonio Pérez y Garachico Filiberto López. Garachico comenzaba a anunciar su época de gran gallera levantada y sostenida por un puñado de admirables aficionados, que sacaron gallos tremendos en la década siguiente.

En Lanzarote, Quico se consolida en Arrecife ganándole por 15 riñas nada menos que a su paisano Arnoldo. Fue una buena temporada, con buenas peleas y en la que nunca se dieron mantillas ni capotes. Arnoldo tuvo como mejores casteadores al tándem de Domingo Ramírez y Felipe Villalba, y Quico se lució con estupendos gallos de los Hermanos González Díaz, los Hermanos Negrín (un gran melado), la Peña Barranco y Lope Acosta, entre otros.

En La Palma Lilo en la Nueva y Nerín en la Guerra hacen una temporada reñida, pero que se encharca al final por un problema de pesas. Los ojos estaban vueltos hacia la Banda, donde Toño parecía ir a ganar por doceava vez consecutiva (¡!), pero algo le pasó porque tras llevar una ventaja de 10 riñas en la jornada 12, sufre un capote en la penúltima y acaba perdiendo en la última, a la que había llegado empatado ante los gallos de Maso, que es quien cuidaba en Los Llanos (y a quien derrotaría en las dos temporadas siguientes, siendo un hecho muy poco frecuente en contratas de alto nivel que se hayan mantenido durante tres temporadas seguidas los mismos cuidadores en los mismos partidos). La filmación de esta final, con el Camilo León repleto de público, la tenía yo subida a esta página. Algún malnacido “animalista” denunció uno de los capítulos (cuando se trataba de un documento de valor histórico) y me lo eliminaron esos censores que hoy, amparados por la farsa de la “pandemia”, ya están enseñoreados de la red. Recientemente yo quité los restantes, pero puedo enviárselo todo a quien me lo pida.

En esa última jornada (tengo el programa, pero en muy malas condiciones), Maso ganó las cuatro primeras, con un colorado de tres riñas de Tito “el Cañero”, un colorado de tres de Ignacio “el Palmero”, un gallino de una de los Hermanos González Paiz y un melado de Tomás Martín que le dio la ventaja. El declive de Toño era obvio, ya que entre los perdedores estaban dos colorados de cuatro riñas de José Rodríguez “el Venezolano”, su puntal de estos años. Gana Tazacorte la quinta con otro colorado (no peleado) del “Venezolano” y la sexta con un colorado de José G. León Sánchez, y por fin Los Llanos deja en dos riñas la ventaja con un melado de Neno Pereira.

Aparte los nombres citados, Los Llanos tuvo muy buenos gallos de Adelto, los Adelino y Pepín, entre los de este “el Loco”, que ganó su cuarta y su quinta, y del que hablamos muy recientemente.

Esta final coincidió con el Campeonato Regional, por lo que La Palma fue mermada, lo que no resta mérito a la selección anfitriona de Lanzarote, que contaba por cierto con dos fenomenales cuidadores palmeros. He aquí el reportaje final aparecido en Lancelot:



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Como no tengo programa de ese Campeonato Regional, presento aquí dos buenos documentos del anterior, que como se sabe fue el primero.

Este es el programa de la semifinal entre La Palma y Tenerife. Imagínense ustedes la tremenda emoción que debió haber en la sexta y la séptima riña (emoción que era lo mejor de lo mejor de estos viejos campeonatos):


Y este es un reportaje de Horacio Pulido, con buenas fotos en que vemos entre otros ilustres a Julián Castillo, Totoño, Lope Acosta, Pérez Ascanio y, presidiendo un ágape en el Puerto de Tazacorte, don Luis Miranda:


martes, 8 de junio de 2021

Salvador Dorta, homenajeado

Salvador Dorta (Foto: Nicolás Lezcano)

Un grupo de buenos aficionados homenajeó el pasado sábado, en Los Silos, a Salvador Dorta.

Homenaje más que merecido, siendo una pena que, dadas las circunstancias, no haya tenido lugar en un entorno con público de todas las islas, ya que Salvador Dorta ha sido un emblema de la gallística canaria en todas y cada una de las cuatro islas donde la afición se ha mantenido durante siglos, dejando grandes amigos en todas.

En primer lugar hemos de resaltar el tesón y el corazón con que ha impulsado las actividades gallísticas insulares durante décadas, participando en infinidad de torneos y campeonatos, y a la vez su presencia en numerosas ocasiones para defender con palabra siempre acertada nuestra noble tradición de los ataques de los ignaros y los malignos.

En segundo lugar, Salvador Dorta ha sacado siempre buenos gallos, peleados sobre todo en el partido Norte. Yo recuerdo no pocos de ellos, pero sobre todo, por la especial significación de su pelea, el colorado que le dio el triunfo a Tenerife en el VIII Campeonato Regional. Se enfrentaban La Palma y Tenerife en la final, e iba ganando Tenerife por 3-2 y una tabla. Aunque su gallo venía con el peso oficial de 3.9, no llegaba a ese peso. Salió como un torpedo y apabulló al melado de F. F. (gallera Guerra). Realmente es una de esas peleas ganadas al minuto, pero, con la emoción por lo decisiva que era, La Palma mantuvo hasta los cinco su gallo, que salió acribillado y nunca tuvo opciones. Este gallo venía preparado por Toño “el Rebotallo”, quien, al igual que Quico los suyos de Los Llanos, llevó los gallos del Norte como campanas.

En tercer lugar, y por último, queremos homenajear aquí también la excelente calidad humana de Salvador Dorta. Nunca le vi una mala cara, nunca lo conocí mal dispuesto, sino, al contrario, siempre sonriente y entusiasta, apreciador de los gallos buenos fueran del bando que fueran y amigo de sus amigos y de todos los que se le acercaran. Un verdadero señor de los gallos, recto y cordial.

A veces podrá pensarse que me desvivo en elogios hacia muchos de los aficionados a los gallos. Pero cuando repaso los cientos de fotos que hice durante tantos años y veo tantos rostros, muchos de ellos ya en la tierra de la verdad, pienso que esta era la mejor afición del mundo, llena de seres iluminados, generosos y de fuerte, distintiva personalidad en medio de un mundo grisáceo, donde además la moral y la decencia suelen andar por los suelos. Y no se olvide que yo nunca fui casteador de gallos (incluso no creo que haya sostenido un gallo en mis manos más de tres o cuatro veces), sino un simple curioso a quien acabaron fascinando tanto esta afición insólita como sus gentes incomparables. Salvador Dorta es para mí, en ese concierto de memorias, una de las presencias permanentes.

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Abro esta galería de fotos con estas dos del campeonato de casteadores celebrado en Tenerife el año 2006, del que resultaron vencedores los Hermanos Negrín y Salvador Dorta. Sobre la valla aparece Salvador entre Aureliano y Domingo Negrín; al centro, Alfredo Martin, y a la derecha Ventura Sanjuán y Tato Reyes, de La Espuela y Güímar respectivamente. La segunda foto se enriquece con la presencia de más aficionados; entre los que recuerdo sus nombres están Eduardo Pérez Ascanio, Nemesio Cabrera, Eduardo Fernández de la Puente, Emilio de la Cruz, Cecilio Acevedo, Iván Darias, Valerón, Rogelio Reyes, Víctor Nieves, Palmerito, Julio Castellano (hijo) y Tomás Luis.




En esta ocasión, Salvador Dorta levanta el trofeo de uno de los campeonatos celebrados en la capital de La Palma y que animaba Francisco Martín Cabrera (“Pancho”), quien aparece aplaudiendo. En la segunda foto, Salvador está situado entre Cecilio Acevedo y Carlos Manis, y sentado delante de ellos aparece Mario José Robles, clásico ayudante del Norte.



Aunque esta foto ya la he publicado, siempre es bueno recordarla, ya que resucita uno de aquellos grandes momentos que se pasaron en la gallera de Santa Úrsula, con un grupo de aficionados formidables, no pocos ya desaparecidos. Son las pechas navideñas de la temporada 2001-2002 y están presentes Palmerito, Felipe Pico Viejo, Platero, don Cecilio Acevedo y sus dos hijos, Juan Díaz y su hijo, Suso Yánez (cuidador entonces, con camisa roja), Salvador Hernández, Cesáreo Cáceres ("Sarín"), Antonio el Calvo, Felipe Reyes... y Salvador Dorta.


Esta foto debo haberla sacado en la gallera de El Boquerón, ubicada en la fantástica propiedad de Juan Fuentes Tabares, que allí disfrutaba con los amigos. Al fondo, Víctor Nieves (“el Chamo”), que fue su cuidador algunas temporadas, y el casteador y soltador Manuel Espejo, otro de los grandes aficionados de siempre.

Otra reunión de amigos, en la finca tejinera de Eduardo Pérez Ascanio, con Pedro Cabrera, Salvador Hernández, Alfredo Martín y Juan Fuentes Tabares.



Y por último nos trasladamos a una de las galleras que tuvo el Norte después de la canallada de Santa Úrsula. Quedaba cerca del Puerto de la Madera, en una zona rodeada de plataneras. Reconozco a algunos aficionados: el venezolano Asdrúbal Tineo, Pedro Cabrera, Antonio Miguel, Nicolás Lezcano, Cheché, Menoti... De pie, en el ala derecha, tres muy queridos cuidadores: Florencio Hernández (“Fisio”), Carmelo Acosta y Antonio Galapún, quien por cierto llevaría por algunos años los gallos de Salvador Dorta. Esta foto parece también un homenaje ya que es Salvador quien, en posición central, es el único que ostenta un gallito (precioso) en la mano.