domingo, 26 de enero de 2020

Luis Marrero: “Alas y espuelas” (2)

Concluimos con la segunda tanda de capítulos de Alas y espuelas. Son el 18, el 20 y el 21, siendo una lástima que no tengamos el 22, ya que Luis Marrero se dispone a hablar del poeta y casteador Domingo Rivero.
Es más que probable que don Pedro Cárdenes tuviera Alas y espuelas, pero por desgracia cometió el imperdonable error de entregarle todos sus papeles a Miguel Ángel Machín, entonces presidente del partido de Arucas-Cardones y uno de los motores de la afición grancanaria junto a Antonio Hernández. Debió pensar que Machín era inmortal, porque no se entiende que no hubiera optado por la entrega al Museo Canario, que era lo más apropiado. Muere Machín y ya fue imposible que yo pudiera acceder a la documentación de don Pedro, pese a que involucré a Antonio Hernández para que la obtuviera de la familia, al menos como consulta. El de Pedro Cárdenes era, sin discusión alguna, el mejor archivo de historia de los gallos que había en toda Canarias.
El capítulo 18 de Alas y espuelas narra, tras una digresión dedicada a una farra en el barrio de San Cristóbal, la última jornada de la temporada entre los gallos de San José y los del partido de don Francisco Manrique. Llevaba 3 de ventaja este, pero al perder por una mantilla el total se va a San José por 2 riñas. Divertidamente, el único gallo que le pierde a los joselitos es un gallino del propio don Luis Marrero que hasta se huye. Ganaron el Pecho Ancho, el Mestizo, el Becerro, el Patas Quemadas (que mata a uno de los “pardos” de don Francisco) y dos giros de La Montaña.
En el capítulo 20 visitamos de nuevo la gallera de los Manrique. Se nos da la fugaz visión de unas muchachas que están bordando mientras escuchan la lectura de Las ilusiones de don Faustino, obra maestra del egregio novelista don Juan Valera. Pero el mayor interés se centra en los curiosos detalles de la alimentación de los gallos, al alimentar don Francisco Manrique a los pollitos del fantástico Capón. El prócer grancanario produce la admiración del periodista al verlo descrestar un gallo. Y hay una referencia a un gallo famoso del que no teníamos noticias: el Atorado de Isidro Acedo, uno de los hombres más ricos de Guía y un aficionado extraordinario de las últimas décadas del siglo.
El capítulo 21 habla de los casteos, de nuevo poniendo en la palestra a don Francisco Manrique. Se lee con deleite toda la polémica sobre los gallos de orejas blancas, y se toma nota de otros nombres de la época, como el corredor Anselmo, don Antonio Castellano o los Sotomayor de La Palma. El corredor Anselmo debió ser uno de los mejores; en 1906 lo registramos como “representante” del partido de San Juan, y debe tratarse del Anselmo al que sustituye, por encontrarse enfermo, Pepe Monagas en su breve paso por la gallera de San José, según narra Pancho Guerra. De Antonio Castellano se dice que llamaba a los gallos de bandera “un extra sobre lo imperial”. Y los Sotomayor de La Palma son considerados por la autoridad de don Francisco Manrique “superiores casteadores”; le han mandado un gallo de La Palma, lo que muestra la rica relación que había ya entre las islas gallísticas, y que debía haber desde muchísimo antes.









sábado, 18 de enero de 2020

Luis Marrero: “Alas y espuelas”

En 1941 se anunció en la prensa la aparición del libro de Luis Marrero Alas terreras, pero nunca vería la luz.
El aruquense Luis Marrero es una personalidad interesantísima. Don Alfonso Canella, el famoso cronista, lo consideraba “el mejor aficionado (autor gallístico, sabio cuidador, ganadero y amigo excelente) que puede uno echarse a la cara en este ruedo de nuestros pecados”. Era una autoridad tanto en gallos como en lucha canaria, sobre la que sí que llegó a publicar dos libros, muy prestigiosos entre los conocedores (además, hasta había sido luchador). También escribió una novela y era poeta y amigo de poetas, ya que está en el cementerio cuando le hacen un homenaje a Alonso Quesada. Su profesión era la de abogado, y falleció en 1949.
Recientemente ha sido exhumada una publicación curiosa, titulada Triana, que debió ser editada por los comerciantes de esta calle de Las Palmas. Se incluyen en ella una serie de capítulos del libro de don Luis, pero ahora titulado Alas y espuelas. Estos capítulos son fascinantes, porque nos retrotraen a momentos grandiosos en la historia gallística de Las Palmas y además están maravillosamente escritos: Luis Marrero era un excelente escritor, y tenía la virtud de saber narrar con todas las de la ley.
Como la colección de Triana está incompleta, los capítulos exhumados son solo los 14, 15, 16, 18, 20 y 21. La revista no tenía numeración, por lo que no sabemos si antes del número 14 se publicaron los anteriores, lo que parece muy posible (quizás aparecieron en otro sitio, o decidió comenzar in medias res); tampoco, si se llegó a publicar el número 22, en que se va a hablar del gran poeta y gallista Domingo Rivero.
Hoy ofrecemos los capítulos 14, 15 y 16. Relatan una gran jornada –la primera de la temporada– entre el partido de San José y el de don Francisco Manrique de Lara, con lujo de detalles y deliciosos apartes costumbristas. Desfilan nombres muy prestigiosos de la afición grancanaria: don Manuel Morales (hermano del poeta), don José Juan Mejías (que supongo sería el padre del médico aruquense luego presidente muchos años del partido joselito), don Sebastián de la Nuez (recién llegado de Cuba, y nunca se señalará lo suficiente la relación secular que ha habido entre la afición canaria y la cubana), don Tomás Delgado (presidente de San José desde su origen en 1862), don Jacinto Bravo (el casteador de los “majoreros”, que venían de Fuerteventura) , don Cristóbal Quevedo, don Ignacio Cantero, don Manuel Verdugo, don Cayetano Arocena, don José Mireles, casi todos casteadores de San José. Salvador y Nicolás Manrique parecen ser hijos de don Francisco, y don Agustín es sin duda alguna Agustín Alvarado, que es quien cuida San José esta temporada, con Tomás Delgado como soltador, aunque también llegó a cuidar la gallera de los Manrique. Nicolás Manrique sería un gran cuidador, siendo su mayor proeza haberle ganado al Brujo, genial cuidador de La Palma que se había hecho cargo del partido de San Juan, por seis riñas en cuatro jornadas extraordinarias el año de 1903.
Es noticia que la gallera de don Francisco Manrique se encontraba en el Paseo de San José esquina con el callejón de San Vicente (que es donde hoy acaba o empieza la calle de San Vicente, en el corazón de este castizo barrio de Las Palmas).
Las peleas se celebraron en la gallera de la calle de Santa Bárbara, que fue sustituida por la primera del Cuyás en 1899, por lo que esta temporada debe situarse en los años 90 del siglo XIX.
La lista de gallos peleados este día es imponente. Por el partido de don Francisco se nombran como temibles gallos que podían subir el domingo a la valla al Capón, un colorado de pecho cenizo casteado por don Heliodoro Ayala, que ganaba al primer tiro y que daría una gran descendencia; a los gallinos Melchor, Gaspar y Baltasar; al gallino negro de Angelino, del que se dice que es tan bueno como el Capón, pero del que yo no tenía noticia; y al Pecho Ancho (habría otro famoso gallo del mismo nombre, en la década de los 10). Por San José, entre otros, al célebre giro pinto Patas Quemadas de don Andrés García, más conocido por Maestro Andrés, ya que era un habilísimo mampostero, y a uno de los preciosos giros plateados de Domingo Rivero (quien, por cierto, compartía con Luis Marrero las aficiones gallísticas y luchísticas). Las dos riñas que brillaron más fueron las del Capón, que volvió a ganar al primer tiro y don Francisco Manrique retiró para casteo, la del Patas Quemadas, que tumbo a Melchor dejando inconsolables a Gaspar y Baltasar, y la del gallino negro del procurador don José Bethencourt, aficionado de quien yo no tenía tampoco noticia y que es retratado con mucha simpatía.
De los gallos “tigres” que pelearían años después, dice Pedro Cárdenes en Peleas de gallos que venían de un hermano del Bobo de don Francisco Manrique, mientras que Luis Marrero afirma aquí que descendían del Capón. Esto debe ser lo cierto, ya que Marrero escribe más cerca de unos acontecimientos que además había vivido.
Sin duda la figura que sale engrandecida de todos los capítulos conservados de Alas y espuelas es la de don Francisco Manrique, retratado como espejo de caballeros, gran aficionado, gran casteador y gran soltador. Y sobre todo un hombre sabio en gallos. Hay en estas pocas páginas apuntes valiosísimos sobre el tan peculiar arte de los gallos en Canarias. Véase por ejemplo todo lo referente a las casadas, en una época anterior a que se publicaran anticipadamente las listas de gallos. Y en el capítulo más literario, resta como inolvidable para los anales de la capital grancanaria la descripción del barrio piscatorio de San Cristóbal.
Seguiremos próximamente con los capítulos restantes.







lunes, 6 de enero de 2020

Francisco Dorta y Domingo Prieto


Reanudamos este espacio después de algunos años de silencio, pero ahora dedicándolo solo a su riquísima dimensión histórica. En este tiempo, he ido recibiendo material valiosísimo del gran aficionado aruquense Fernando Ojeda, espigado la mayoría en la red, por lo que es mi intención ahora irlo reuniendo aquí poco a poco. Cualquier aficionado que tenga imágenes desconocidas (u otro material), puede hacérmelo llegar al correo adjunto (que ya no es el de antes) y tendré mucho agrado en difundirlo aquí.
En esta foto vemos al más grande cuidador de todos los tiempos, Pancho el Músico, frente a uno de sus mejores discípulos, Domingo Prieto. Se trata, que yo sepa, de la única foto conocida en color donde aparece el Músico. Para localizar cronológicamente esta foto, se podría pensar en la legendaria liguilla de 1959, ganada por Domingo Prieto cuando cuidaba en Triana, pero lo cierto es que la fotografía en color solo comienza a difundirse de modo generalizado ya avanzados los años 60.
Reanudamos pues este espacio gallístico con un documento extraordinario...