domingo, 30 de agosto de 2020

Tazacorte-Los Llanos, 1951

Esta fue una temporada inscrita con letras de oro en la historia gallística de Tazacorte. Pelearon gallos fabulosos y Pepe Jiménez (“Pepe el Canario”, ya que era de Arucas), quien tanto había aprendido con el Músico en sus dos temporadas en Santa Cruz de La Palma (y que, en Las Palmas, ya había sido ayudante nada menos que de Pepe Palmero), se cubrió de gloria al ganarle por 19 riñas al eterno rival.
Veamos este recorte de Aire Libre, 25 de junio de 1951, en que se hace un resumen de la temporada, acompañado de una foto del cuidador con su inseparable cachimba:


Aparecen nombrados gallos legendarios, como sobre todo “el Agapito”, “el Pico Pato”, “el de Sabino” y “el del médico Rubio” (por Los Llanos), que al año siguiente protagonizaría la antológica riña con “el Galatea”.
Después de publicado el DGC, me regalaron en Tazacorte una curiosísima libreta de capa dura color rojo, impresa para llevar el registro de las peleas entre Tazacorte y Los Llanos. Se iniciaba en la temporada 1949-1950, de la que sigo sin tener informaciones: ¿quién cuidaba en los partidos? ¿cuál fue el resultado? Los datos que se aportan son muy escasos. Nombres de algunos de los dueños de algunas de las jornadas y plumas y pesos de sus gallos. Pero ofrece el interés de apuntar el castío de muchos de los gallos (padre y madre), que puedo aquí enumerar: López, cabaña, amarillo, perrete, monteverde, Miguel sordo, bizco, despolonado, sacristán, despicado, Pepe Gómez, sacristán, jerezano, jerezano Tullido, blanca Ramos, blanca Tomás, quilla partida. Algunas razas son muy célebres, como los “perretes”, los “cabañas” o los “monteverde”, y algunos aficionados son clásicos: Lope Acosta, Ramos Ferraz, el Tullido, Agustín Monteverde (La Laguna), Pepe Gómez (“el Carpintero”, casteador del “Agapito” y el “Pico Pato”).
Este documento hubiera podido enlucir un museo gallístico de Canarias o de Tazacorte; sin embargo, tristemente, se esfumará conmigo. Peor aún es que, de no haber venido a mis manos, ni siquiera hubiera quedado rastro de él. Siempre me sorprendió que ninguna gallera de Canarias poseyera un archivo. No se guardaba nada, ni siquiera los programas, y cuando se conservaban estos, por lo general alguien, como un directivo que cesaba, se lo llevaba para su casa. Gracias solo a la prensa y a unos poquísimos aficionados que guardaban los de algunas temporadas, pude yo reconstruir muchas contratas.
Una imagen vale más que mil palabras, así que aquí una de las páginas de la temporada de 1951. He seleccionado la que incluye la octava jornada, con “el Galatea” de Policarpo Lorenzo haciéndose con su tercera riña, y la novena, en que ganó su cuarta “el Pico Pato”, o sea el colorado de Policarpo Lorenzo. Se nos da la información añadida de que ese día le ganó este a un gallo que también tenía tres victorias. A la izquierda aparecen los datos de los gallos de Tazacorte y a la derecha los de Los Llanos.


Algún buen aficionado proyectó un folleto con los datos de la temporada, pero ni debía ser muy trabajador ni muy riguroso, ya que solo hizo la portadilla presentación y la ficha que dedica al “Pico Pato” abunda en errores y ni siquiera llenó el espacio de la foto. El “Pico Pato” era un colorado del que se dice en la libreta que su “dueño” era Policarpo Lorenzo, una vez más tropezándonos con el quebradero de cabeza de los programas antiguos, donde venía el nombre del dueño y no el del casteador, que es lo que interesa, y que debía ser Pepe Gómez. Los datos de los pesos están mal, pero es muy interesante la caracterización que hace de este gran gallo “pifión”. En tercer lugar, he escaneado una ficha en papel y máquina diferente, que corresponde al “Galatea”, un gallo que la temporada siguiente realizaría la legendaria pelea con el cinco riñas del médico Rubio. Pero de esto ya hablaremos en la próxima entrada.






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Pepe Jiménez fue una figura gallística decisiva en la isla de La Palma. Muchos cuidadores grandes de las décadas siguientes aprendieron con él, ya que era un gallero fino y muy completo, que todo lo sabía hacer y que en todo se esmeraba. Es sabido que al fallecer, el 7 de mayo de 1965, los gallos de Los Llanos (donde luego cuidó) peleados en la jornada correspondiente llevaron las cintas negras. Un sobrino suyo se trasladó con él a La Palma y fue un magnífico aficionado, que transmitió a sus hijos la afición. Yo conocí en La Palma a dos de ellos, y en Tenerife a Palmerito II, puntal no solo de la luchada sino del partido Norte, donde durante un montón de temporadas ha peleado buenos gallos y a quien aquí aprovecho para saludar, con esta foto en que acaba de preparar en la gallera de Santa Úrsula una de sus  sabrosísimas paellas:


sábado, 22 de agosto de 2020

Un saludo a Antonio Bolaños


Hoy vamos a reproducir un suplemento que La Provincia dedicó en 1996 a Antonio Bolaños, figura fundamental de la afición gallística galdense a lo largo de medio siglo.
Sin ser un gallero a pleno tiempo, ya que su trabajo en el agua se lo impedía, Bolaños preparaba los gallos de aficionados modestos e iba a pelearlos donde fuera. Hizo varias temporadas en Tenerife contra el partido de Güímar, y en esa isla hizo muchísimas amistades, ya que, sin nunca proponérselo, Bolaños se granjeaba la simpatía de la gente. Para Adolfo “el Pichón”, no había aficionado más entusiasta que Bolaños.
En su gallera de la Montaña se celebraron infinidad de peleas. La primera vez que estuve yo en Gáldar para asistir a una jornada, recuerdo que le pregunté a unos vecinos que había a la entrada de la ciudad por Bolaños y en seguida me indicaron el camino, añadiendo uno de ellos: “¿Bolaños? Ese es más famoso que el Valbanera”.
No sé si ya, en estos años de miseria, se siguen haciendo peleas en la Montaña de Gáldar, pero sí que Bolaños las hacía a su aire, pasando por completo de la Federación, algo por lo que yo lo felicito. Y es que ninguna Federación podría dominar al indomable Antonio Bolaños.
Este reportaje gráfico pertenece a unos tiempos en que aún se podía publicar en los llamados “medios de comunicación” algo sobre gallos sin que saliera de inmediato una chusma burra y vociferante a insultarnos. Por desgracia, los periodistas, a los que caracteriza en general, como a los políticos, su cobardía y su ignorancia, también se han adaptado a ellos.
Pero a Bolaños, como a todos los que hemos sido aficionados a los gallos, no nos pueden prohibir la memoria... ¡ni quitarnos lo bailado!






sábado, 15 de agosto de 2020

Gran Canaria, hace 50 años


Este balance de la temporada 1969-1970 aparece firmado por Juan Rodríguez Drincourt, quien decidió hacerlo llevado de su entusiasmo por el éxito de los formidables gallos que entonces tenía su padre, don Ramón Rodríguez. La temporada, como de costumbre, fue cubierta por el excepcional cronista Montenegro.
El partido de Vegueta había surgido en 1967, constituido por disidentes de San José, que desapareció al año siguiente, como Triana lo haría en 1969, concluyendo así la edad de oro de los gallos en la isla. Este partido, en su anterior época importante (1931-1933), lo había cuidado José Déniz (“el Pichón”), y resulta que este año de 1970 lo cuida su nieto Adolfo, quien de niño había estado con Pablo Amador en San José y completa ahora su formación de élite, como señala Drincourt, con la “colaboración técnica” de Julián Castillo. Al año siguiente volvería a ganar, por 15 riñas, pero Vegueta ya desaparecía, ante la dificultad por encontrar lugares dignos donde pelear. Es en ese momento cuando surge el partido de Las Palmas, del que ofrecemos el siguiente documento de fundación. Este partido celebraría en el 72 una contrata con el de Arucas, que, contando nada menos que con “el Boyero” como cuidador, le ganaría cómodamente. Estamos ante el inicio de una nueva etapa. ya que el partido de Las Palmas perdura hasta el presente fundido con el de Telde. Por desgracia, las contratas con Arucas, que se harían clásicas, desaparecerían en años recientes.


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Marchando más atrás en la máquina del tiempo, veamos este programa con que se cerraba la temporada 1957-1958. El gallero de San José era precisamente Julián, quien gana por cuarta vez consecutiva, ahora a Domingo Prieto. Le sacó 28 riñas, pero al año siguiente comenzaría la época gloriosa del gallero tinerfeño en Las Palmas, no solo ganando la temporada sino la mítica Liga Regional. Lo más destacado del programa es el anuncio de las riñas de los dos grandes partidos contra La Espuela del Músico. Las peleas, con todo, no respondieron a las expectativas, ganándole Pancho a Triana pero perdiendo con San José, partidos que por cierto cuidaban dos de sus mejores discípulos.
Este año peleó Julián el extraordinario “Larraz”, nombre de un futbolista argentino muy célebre en la época, que jugaba en la Unión Deportiva y que llegó a ir al Cuyás para ver pelear el gallo de su nombre, ganador en total de siete riñas. Jorge Larraz se establecería en Las Palmas, falleciendo allí hace solo cuatro años, y era de poca estatura, lo que fue una de las razones por la que se le puso el nombre a este gallino negro de poco peso. ¿La otra razón? que se trataba de un gallo “jugador”, como Larraz era el típico futbolista de técnica exquisita, característica de los mejores jugadores suramericanos y canarios. “El Larraz”, por cierto, era propiedad de Rodríguez Drincourt, aunque del castío de los fantásticos “drópers” de don José Hernández López; sería un gran gallo da casta una vez lo tuvo don Ramón Rodríguez, a quien se lo regaló Hernández López. Otro gallo fabuloso que peleó este año, pero cuidado por Domingo, fue el “Tuerto” de don Nicolás Díaz Aguilar, al que nos referíamos hace una semana.
Por San José destacó este día el gallino de don Fernando Bello del Toro, muy aplaudido, como lo fueron el gallino “Pico y Pata 3” de don Ramón Rodríguez y el colorado de don José Villegas. Por Triana, el colorado “la Risa”. Riñas ya sin la emoción del resultado, pero que no sé yo lo que hubiera dado por ver hoy en día.

sábado, 8 de agosto de 2020

Recordando a don Nicolás Díaz de Aguilar


Fue uno de los más grandes aficionados que han tenido los gallos en Canarias a lo largo de muchas décadas del siglo XX, eximio casteador y espejo de soltadores. Pilar del partido de Triana desde los años 20 hasta los 60, el Músico le peleó gallos soberbios y fantásticamente preparados en sus fulgurantes años en Las Palmas, pero son infinidad los gallos memorables de este pluscuamperfecto aficionado.
Cuando muere, en 1976, era presidente honorario de la gallera de Las Palmas y el decano de la afición. Su hijo, Nicolás Díaz de Lezcano y Mujica, continuaría un tiempo con sus castas durante una década más.
Hoy recogemos el bello artículo que le dedicó Santiago Aranda en La Provincia el 20 de octubre de 1976, y damos en seguida la historia del “Tuerto”, uno de sus gallos más famosos. Me limito a reproducir la entrada del Diccionario gallístico de Canarias, porque muchos no tienen el libro y porque nunca está de más refrescar estas viejas gestas de nuestra afición.


Tuerto, el   Fantástico colorado dróper de José Díaz de Lezcano, casteado por Nicolás Díaz de Aguilar y preparado por Domingo Prieto en las temporadas de 1958 y 1959. Hizo cuatro peleas en el 58. La primera la entabló, en la jornada decimoprimera, ante un colorado de Ramón Rodríguez, escribiendo Montenegro: “Se defendió muy bien, recurriendo a sus habilidosas salidas al verse dominado por su rival, pero tiene la mala suerte de alcanzar un cañazo y de perder un ojo. Por si fuera poco, alcanza fuerte tajo en la cabeza y sangra. Siguen sus salidas y ataca y perfora también la cabeza del joselito, y le tapa un farol. El de San José, sin embargo, es valiente y potente y vuelve al ataque y domina. A su favor se cantan las apuestas, mas el de Triana, gallo astuto, lo dejó ciego y se produjeron las tablas salvadoras.” Gallo frío, tras perder el ojo se volvió tremendamente desconfiado, poniendo toda su inteligencia en eliminar cuanto antes al contrario. Dos jornadas después le ganó a un giro también repetido de Villegas, que comenzó dominándolo; “el Tuerto” hizo sus oportunas salidas y entró a matar, dejando de un espolazo fuera de combate al giro, en medio de una salva de aplausos. Dos domingos después reapareció, ganándole a un giro de una riña del propio Villegas; esta vez lo hizo de modo relámpago: “Una vez más demuestra el trianero que es un gallo tremendo de espuelas. Hizo salir al joselito con un farol roto de muy mala manera, e imposibilitado para seguir el combate, por lo que fue inmediatamente retirado.” Acabada la temporada, “el Tuerto” lo presenta Domingo, tres semanas después, ante La Espuela de su maestro Pancho, en el Cuyás, y vuelve a repetir su hazaña, al ganar desde que mete el pico, concretamente a un colorado de Ángel Benítez de Lugo, al que cogió de tijera. El gran dróper, que subió a la valla con un peso entre 3.13½ y 3.15, fue, con “el Larraz” (otro dróper), el mejor gallo de la temporada. A principios del 59 estaba casteando, pero resurgió el primer domingo de la liguilla ganándole a un temible giro de dos peleas de Modesto Torrens preparado por “el Boyero” en el Norte; con su frialdad de siempre, realizó varias salidas hasta marear al contrario, y al final, esquivando y con paso reposado y torero, atacó y salió hasta dominar por completo.

sábado, 1 de agosto de 2020

“El Terrible Moño”, López “el Torero” y Lorenzo “el Kíkere”

Hoy recordamos a tres buenos aficionados cuyos apodos revelan su savia popular.
José Santana fue cuidador de gallos tras colgar los guantes, ya que había sido un gran boxeador en los años 30, conociéndosele como “el Terrible”. Aprendió con “el Boyero” y cuidó en los partidos de Teguise, Arucas, San José, Telde, Los Llanos de Telde, Las Palmas, Arucas y Tafira. Reproducimos una entrevista que le hizo Juan Esparragón en el Diario de Las Palmas el 19 de enero de 1979, poco antes de que se iniciara el triangular grancanario, con el Moño en Las Palmas, Marcos Melián en Telde y Justo González Ramos en Arucas (no hace falta decir que ganó Marcos Melián).



Este famoso boxeador grancanario me hizo recordar a otro magnífico boxeador aficionado a los gallos, aunque de Tenerife, concretamente del Realejos. Me refiero a Manuel López, quien en el entorno boxeístico fue llamado “el Torero”, algo que por cierto se dijo también de muchos gallos “jugadores” de nuestras islas: que peleaban como toreros. A Manuel López lo conocí en la afición del partido Norte de La Orotava allá por los años 90. Era una persona muy cordial, muy simpática, vehemente y cálida. Ha sido un placer para mí encontrar en la red el siguiente enlace, donde José Peraza Hernández traza de él una estupenda semblanza, por la que le quedamos muy agradecidos los aficionados del Norte:
De López solo tengo dos fotografías, ambas pertenecientes al XIV Campeonato de Canarias celebrado en Teguise en el año 2000 y que ganó la selección de Tenerife. En la primera lo vemos entre los taxistas Momo y Tomás Luis (a la derecha, Joel Bethencourt y Pepe el Negro, y oculto Julio Castellano).


La siguiente es una foto extraordinaria, si se me permite la presunción. Logré reunir a los aficionados tinerfeños, y recuerdo que el lunes en Arrecife hice ampliaciones que regalé a varios aficionados. López aparece a la derecha en segunda fila, junto a Alfredo Martín.


Por último, presento otro enlace dedicado a una figura muy apreciada de la afición tinerfeña, y ya fallecido: Lorenzo “el Kíkere”. Aunque vivía en La Laguna y en el barrio de San Benito tenía su bar oportunamente llamado “el Kíkere” (aún creo que está el letrero), su partido era La Espuela. del que era aficionado a ultranza:

sábado, 25 de julio de 2020

Una entrevista en 1976 a don Manuel Rodríguez Acevedo

La siguiente entrevista es un documento importante por partida doble.
En primer lugar, porque don Manuel Rodríguez Acevedo fue uno de los grandes casteadores de la isla de Tenerife, con una afición que superó el medio siglo, y que cubrió las décadas de los años 30 a los años 70. Suyos fueron gallos legendarios, como el Mamerto, el Joselito o el Teodoro. Tuvo un giro, peleado por el Boyero, que ganó cuatro peleas en las pasadas, proeza que no se conoce de ningún otro gallo.
Por otra parte, esta entrevista no deja dudas acerca de la propiedad de la gallera de Santa Úrsula. Justicia no es que haya mucha, y este es uno de los frecuentes ejemplos en que triunfa la injusticia. Las palabras de don Manuel Rodríguez Acevedo hubieran bastado para dirimir la contienda que se arrastró por algunos años y que yo viví: “Esta casa ha sido creada por medio de todos los socios protectores”.
Aparte de todo esto, la entrevista, publicada en un diario tinerfeño en 1976, es muy rica, nombrándose a la familia Acevedo, al Músico y a don José Villegas. Añadamos que la temporada a que se refiere don Manuel Rodríguez Acevedo al final es la de 1928, cuando se acusó al Músico, entonces en el partido de Garachico, de ganar por valerse de espuelas de acero. Fue entonces cuando peleó al final con las espuelas del otro partido y ganó contundentemente, porque el secreto estaba en los gallos... y en su cuida, que ya era pura fantasía.


viernes, 10 de julio de 2020

El “giro del Saldo”, de don José Villegas

Don Domingo Guerra y don José Villegas, soltadores de Triana
y San José, con un joven Julián Castillo

El Mazantini

En la historia gallística canaria mencionar a don José Villegas Afonso es mencionar al maestro de maestros. En mi modesta opinión, ha sido el mejor casteador de gallos ingleses en el archipiélago, porque él no solo sacaba gallos buenos, sacaba razas buenas como, por ejemplo, los sacatripas, los jerezanos, los rian-rianes, los vasos de cerveza, los de la cueva, los mallas blancas, los palanganas, los monteverdes, los martinetes, etc., etc.
Y siendo la isla de La Palma cuna del gallo fino canario y la isla más exportadora de gallos resultó ser importadora a su vez de gallos de Villegas. No era de extrañar que en la zona del Valle se dijera “ese gallo es un Villegas”.
En mi promesa cumplida a José Carlos Garcia Artíles de escribirle las peleas del “Correlón de García Arocena”, en su última pelea este gran colorado se tropezó con un giro de Villegas acabando la pelea en tablas, porque a cuál mejor.
Desconociendo de qué raza venía este giro, ya que ni tenemos los archivos de don José Villegas ni la memoria de Alejo Yánez ni de Julián Castillo, gracias a los periódicos de la época podemos saber que su carrera gallística transcurrió entre los años 60 y 61.
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1ª pelea. Recoge el periódico Falange del 24 de abril de 1960 en su sección de Gallos el programa de gallos que va a pelear en la duodécima jornada en la gallera del Cuyás. Cuidaban por entonces Israel Vargas por San José y Domingo Prieto por Triana.
Por San José, el giro “del Saldo” de don Juan Ponce casteado por don José Villegas Afonso de 4 libras y 1 y ½ onza, se enfrenta a un retinto trianero del doctor don José Cabrera Medina casteado por don Domingo Guerra Medina de 4 libras y 2 onzas.
Escrzibe don Fermín Romero Montenegro, en su crónica semanal:
“Ambos gallos debutantes, hiere primero el joselito varias veces, incluso enganchando una de las espuelas, pero el trianero, gallo peleador, logra afianzar un tiro y pica en el cuello. Sigue volteándose el trianero, tapa un farol y vuelve a herir. Alarga la salida este y por si fuera poco alcanza un cañazo el de San José, gallo muy valiente y heridor que luchó siempre con gran empeño hasta derrotar al difícil trianero, que le dio muy pocas oportunidades”.
Como nota a pie de página: “El próximo viernes día 29 de abril, festividad de San Pedro Mártir, como ya es tradicional se celebrarán a las 12 en punto grandes riñas extraordinarias”.
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2ª pelea. Ya en el año 1961, el 4 de febrero y a las 12:00 en la valla del Cuyás en la quinta pelea vuelve a recoger el periódico Falange: giro de don Juan Ponce Lantigua casteado por don José Villegas Afonso, de 4-2 y ½ y 1 pelea, contra un colorado propiedad de don Ezequiel Santana Martín casteado por don José Cuyás Hidalgo, de 4-2 ½. Escribe Montenegro:
“La riña más rápida. Flojos de patas los dos no daba ni una el trianero y por el contra el joselito lo despacha a los dos minutos de un certero disparo demostrando de nuevo que es gallo que sabe manejar los espolones”.
En nota al pie de página, se señala que ese mismo día se celebraban peleas sueltas entre los partidos de Triana y San José.
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3ª pelea. En el octavo domingo de peleas casadas vuelve nuestro giro, esta vez con 4-4 de peso. Reseña de Montenegro:
“También fue esta otra riña magnífica, entre el giro «el Saldo» de 4-4, tres peleas, de don Juan Ponce Pérez, castío de don José Villegas contra un colorado nuevo de 4-3 ½ de don Salvador Guerra castío de don Pedro García Arocena. Los dos gallos disparan flojos con tiros sordos pero certeros, se hieren mucho. El de San José de entrada recibió una picada en el tronco del cuello que le perjudicó muchísimo y más aun la que alcanzó en una de las alas. Los dos muy heridos quedan sin fuerzas.
El de Triana de don Pedro García Arocena estaba dispuesto a vengar la derrota de su hermano en la pelea anterior y lo consiguió ampliamente acribillando por completo al de tres peleas de Villegas, pese a fallarle las fuerzas. Pero es lo cierto que a su rival se le inflama el pescuezo, echa sangre por todas partes y se entrega a morir como lo hacen los gallos de gran calidad.
El público emocionado aplaudió extensivamente este encuentro sensacional de once minutos”.
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4ª pelea. Domingo apoteósico entre el colorado Correlón de García Arocena y nuestro famoso giro de Villegas. Martín Díaz refiere esta gran riña con todo detalle, en el Diario de Las Palmas:
“El Correlón –gallo de plumaje colorado, con 5 riñas en su haber y del castío de don Pedro García Arocena– figura ya con letras de buen tamaño en los anales gallísticos de Canarias. Su estilo de pelea y sus certeras estocadas concentraron la atención de los entendidos durante cinco encuentros que le hicieron ganar el generalato con calificaciones de sobresaliente. No faltaron, como es frecuente en estos casos –cada cual es muy dueño de pensar y opinar según su razón y conveniencia–, opiniones que pretendían establecer que el Correlón fue, más que un gran gallo, un gallo de suerte, en razón a que los enemigos que le fueron enfrentados no eran de calidad y por añadidura poco heridores, por lo que no se pudo comprobar la reacción del general al sentirse herido de verdad.
Ahora, frente al giro de 3 peleas del castío de José Villegas, la situación relativa al Correlón ha quedado, a nuestra manera de ver, completamente esclarecida. Cierto es que la brillante carrera del colorado ha sido parada en seco porque está en lo posible que no pueda volver nunca más a la valla, pero cierto es también que la difícil situación atravesada por este gallo pone de relieve de manera clara y precisa que el Correlón fue en todo momento un gallo extraordinario.
El anuncio de que el Correlón pretendía revalidar su fama de magnifico espadachín frente a un tres peleas del famosísimo castío de don José Villegas congregó más público de lo normal en la gallera del Cuyás. El lleno fue de los buenos y consecuentemente la expectación respondió al interés despertado ante un combate que bien podía catalogarse como el combate del año.
Cuando Domingo Prieto saltó a la valla con el colorado en la mano, sonaron no pocos aplausos en honor al gallo de García Arocena. El Correlón, como siempre, mostraba sus propias espuelas mientras que el giro ofrecía un par de postizos bien sujetos con las cintas de los colores del partido de San José. Las apuestas se inclinaban a favor del trianero y los joselitos pidieron momios, llegándose hasta la relación de 40 a 30, es decir, ofreciendo doscientas pesetas en el caso de que perdiera el de García Arocena y a cobrar ciento cincuenta si ocurría lo contrario.
Después del pesaje y limpieza de espuelas por parte de los soltadores Rafael Guerra y José Araña y después de que los galleros Domingo e Israel hicieron entrar en calor a los gallos, se efectuó la suelta correspondiente.
Por unos instantes pareció como si nadie respirase en la Gallera. Silencio y ojos en movimiento. Dentro del pecho los corazones de los aficionados revoloteaban presos del duro impacto que representaba semejante combate. La prueba era difícil para ellos y para los gallos. Tras las primeras fue creciendo la tensión hasta que de pronto surgió un «¡Fuerte pelea, hermano!». Un aficionado daba así rienda suelta a la enorme emoción que sentía.
El colorado se muestra más contundente en las embestidas, pero al poco tiempo inicia sus clásicos quiebros para desconcertar al fiero enemigo que se le enfrenta. Nos parecen sus movimientos más lentos que en anteriores encuentros; sin tiempo para considerar esto, el de Triana queda ciego del ojo derecho. Hay quien asegura que el gallo se ha herido él mismo, cosa difícil de apreciar, ya que el de Villegas no es manco, y aunque menos arriero que el general se muestra certero y deja constancia de sus espuelas y de su clase en el colorado.
Las apuestas se inclinan a favor del giro y los joselitos ven en puertas la gran oportunidad; no obstante, la suerte aún no está echada porque el Correlón se defiende y trata de nivelar la pelea. Lejos de conseguir frenar al de Villegas, la situación se le pone peor y la suerte juega en su contra y dos o tres gotas de sangre afloran en la arena. No es preciso más para que el ojo del aficionado se percate de la desgracia.
«¡El colorado tiene un cañazo!»–gritan. Efectivamente, el Correlón se ha herido con la espuela derecha en la cañera izquierda. La desilusión cunde entre los trianeros. Detenemos por un instante nuestra vista en Pedro García Arocena; sigue la riña como es habitual en él, sin pestañear, sin el menor movimiento, como si la sangre se le hubiese evaporado del cuerpo, pero eso sí, blanco como un cirio. Sin lugar a dudas, su pensamiento se percata también de la gran tragedia que amenaza a su gallo.
Parece que la pelea está resuelta. El giro se mantiene entero y carga una y otra vez tratando de aventajar de manera definitiva. Ahora, más que al resultado de la pelea, los aficionados están atentos a las reacciones del general. Interesa saber hasta dónde llega en la dura prueba que está atravesando. Tras un ataque del joselito, el Correlón responde con certero revuelo y enorme clamor, esta vez dentro del ámbito de la gallera. Los trianeros han quedado paralizados, pues ven que el de García Arocena ha metido sus espuelas en las carnes del giro y que este acusa de manera ostensible la estocada. Inmediatamente, el Correlón busca recursos en la salida. Tras cada salida, entra con rabia; el joselito ha perdido bastante de su viveza inicial y se deja coger de buche en una de las embestidas, pero esta vez tiene suerte porque la estocada no fue certera.
Las salidas perjudican al Correlón; la pata juega y el hilo de sangre que sale por la cañera va dejando impresionante estela sobre la arena de la valla. «¡Ese animal terminará por entregarse!», afirma alguien cercano a nosotros. Es el sentimiento que anida en cuantos saben las consecuencias de esta clase de heridas. Nuevo toma y daca y el giro cobra un puñalón en lo alto del matadero.
Un río de sangre va quedando tras el colorado. Las fuerzas han de fallarle de un momento a otro, pero resulta lo contrario. Ni las salidas ni la pérdida de sangre afectan gran cosa al general, y el de Villegas va perdiendo terreno, se muestra cansado. Nuevas salidas del trianero para revolverse ligero. Por unos instantes, el general parece loco. Corre con desesperación alrededor de los barrotes y a lo largo y ancho del coso. Se considera que el animal está a punto de entregarse y posiblemente de huirse. Ya no debe tener sangre, sin embargo vuelve al ataque. Los dos gallos están casi agotados. En el público hay quien pide tabla. Los de San José se oponen pensando que el Correlón va a caer en tierra de un momento a otro, pero ocurre que el giro canta un degüello y esto precipita la resolución final. Los soltadores acuerdan dejar en tabla la pelea y por lo tanto no hay vencedor ni vencido. El Correlón ha sido frenado en su brillante carrera, no sin antes demostrar que pertenece a una casta de gallos en la que se puede confiar plenamente. El giro de Villegas demostró también ser un gallo puntero; el solo hecho de bajarle los humos a un general ya es de por si una hazaña extraordinaria”.
Debe señalarse que para Montenegro esta riña fue “decepcionante”, ya que el correlón venía sin celo y el giro no lo aprovechó para ganarle. Reconoce, con todo, que son gallos “magníficos, extraordinarios” (aunque aprecia en el correlón detalles que no son de gallo inglés), y desea que se vuelvan a encontrar, considerando errado no haberlos dejado acabar la pelea, ya que a su juicio aun podían dirimir la contienda. La opinión de Montenegro, uno de los cronistas de gallos más importantes que ha tenido Canarias, debe tenerse en cuenta.
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A modo de conclusión, hemos de decir que el giro “del Saldo” podría haber sido un gallo de casteo, demostrándolo en la tercera y cuarta riña, ya que no era nada fácil parar a los colorados correlones de García Arocena. También es verdad que Villegas tuvo gallos mejores que “del Saldo”, y aquí solo hemos querido homenajear a un gallo y sobre todo a un casteador: el mejor de Canarias.
Por cierto, con tanto carnaval de “torneos de Casteadores” en la actualidad y en la isla de Gran Canaria, no hay ni uno que lleve el nombre del maestro José Villegas Afonso.