domingo, 28 de marzo de 2021

Tenerife, 1985

 

En la temporada 1984-1985, cuidaban Francisco Falcón en el Norte y Anastasio Acosta en La Espuela. Este es el programa de la penúltima jornada, en que, al ganar el Norte por 5-2 y una tabla y subir la ventaja a 9 riñas, se proclamó campeón de la temporada. La última jornada hubo un 5-2 de La Espuela, celebrando la victoria general los aficionados del Norte con lanzamiento de voladores en el Teatro San Martín.

15 riñas suman los gallos veteranos, por lo que fue una casada de las primorosas, de las que atraen a la afición.

Vemos en la lista del Norte tres gallos de su principal casteador, Luis Machado, a nombre de fantásticos aficionados como eran los Hermanos Crusanteros y Pepe Rico. Los tres ganaron este día y dos llegaron a su cuarta pelea. Los casteadores que completan la tanda no son menos ilustres: Tirso García, la Peña Las Arenas y Manuel de León, todos ellos siempre con buenos gallos. El colorado de Manuel de León le dio el alirón al Norte, ya que ganó aunque le bastaba con unas tablas. Culminaba Manuel de León, quien fue con Luis Machado el motor de su partido, una temporada de excepción. Hubo también finos gallos de Víctor Barreto, Peña Tenderete y Borges y Martín.

La lista de La Espuela la abrió un colorado pinto de Luis Pérez de Castro, un gran aficionado del partido chicharrero con quien siempre fue para mí un gusto charlar de gallos. Los Hermanos Acosta Rodríguez y los Sres. Acosta Gómez eran aficionados palmeros, que este año pelearon muchos gallos. Don Florencio González, el joyero de La Laguna, no necesita presentación, y todos sabemos que fue uno de los mayores aficionados laguneros de todo el siglo; como este año don Eduardo Pérez Ascanio encerró en La Espuela, don Florencio también llevó allí sus gallitos, que eran siempre unos pocos pero buenos. Hay también un gallo de Carlos Arbelo, quien luego se asociaría a Francisco Martín (inolvidable soltador) y Antonio Tejera. Yo no lo recuerdo, pero sí, cómo no, a don Antonio Casañas, maestro de soltadores, aficionado de bandera y una persona de exquisito trato, con quien tantas veces departí, incluso en almuerzos los días de peleas, junto a Ramón Trujillo y Chicho Morales, el cantante de ópera. ¡Qué trío fabuloso de aficionados!

Otra persona a quien recuerdo muy bien y con mucho agrado es a Eusebio Mora; le llegué a hacer una pequeña entrevista cuando encerraba en Güímar. Por último, a Juan Santos Bonnet, aficionado serio, no llegué a tratarlo porque solo lo veía en las peleas de La Espuela, y yo no frecuentaba la gallera, viviendo como vivía en la Villa de La Orotava.

La Espuela tuvo también gallos destacados de Alfredo Martín, Horacio Pulido, Ángel Benítez de Lugo, Manuel Espejo y Lope Acosta, todos ellos magníficos aficionados.

Han pasado 37 años, pero cuánto daríamos por disfrutar esta jornada nuevamente, en el magnífico escenario del Parque San Francisco, hoy entregado por la carroña política al abandono a que también han entregado los gallos.


Mientras, Garachico y Güímar celebraban una contrata paralela, que es la primera de las once consecutivas que harían, siempre a placer de la afición y dando una lección de buen entendimiento, que no era lo habitual entre el Norte y La Espuela (baste decir que el año anterior no habían peleado por un jaleo de pesas al final de la temporada de 1983). En Garachico empezó Salud, pero al poco lo dejó y se hizo cargo Fisio, por lo que estamos también ante el comienzo de la carrera del último gran cuidador garachiquense. Hizo un gran papel ante el veterano Piquito, pese a perder por 5 riñas.

Este día ganó Güímar por 4-2, pasando a llevar la primera ventaja de la temporada, ya que en las dos jornadas anteriores se había entablado. No sé qué gallos ganaron, pero no importa (es una pena que unas crónicas aparecidas en el Diario de Avisos no las encuentre en mis archivos, donde debieran estar).

Garachico abrió su tanda con dos gallos del doctor Filiberto López, gran aficionado de Icod de los Vinos, que había traído gallos de América para castear, como los célebres "campanarios". Presidía el partido de Garachico. Luego tenemos tres gallos de la Peña El Boquerón, verbigracia Diego Tabares, quien, como ya vimos hace poco, sigue en la liza gallística. La Peña Los Revuelos tuvo también buenos gallos en Garachico. Otro casteador importante de esta temporada fue el gran Álvaro González, cuyos gallinos harían época en la década siguiente.

La lista de Piquito ofrece dos nombres de auténticos clásicos de la isla, también aún vigentes: el palmero Alfredo Martín y el güimarero Agustín Delgado. La pasión por los gallos de ambos ha sido insuperable, y si otros han vivido tanto como ellos los gallos, nadie los ha vivido más. Notemos también cómo uno de los gallos de Agustín viene a nombre de Adrián Mederos, quien ha sido uno de los estandartes de la afición sureña durante varias décadas. Verdaderos señores de los gallos.

Piquito se lució más con los gallos, haciéndole cuatro riñas un colorado del taxista Julio Castellano (¿quién que lo conoció no se acuerda de él: alto y de voz tronante, campechano, entusiasta, amigo de ley?) y tres un melado de la Peña El Salto y un colorado de Agustín Delgado, que le dio la ventaja definitiva.

Las peleas en Güímar tuvieron lugar en su cine, que pertenecía a los hermanos Jaime y Francisco Almeida, otros dos aficionados memorables... Pero las memorias gallísticas son interminables y una de las cosas más bellas de mi vida, que nunca dejan de emocionarme.

sábado, 13 de marzo de 2021

Arrecife, 17 de mayo de 1985

 

Los programas de gallos son una documentación imprescindible para hacer la historia gallística de las islas. Sin embargo, ninguna gallera ha conservado nunca estas hojitas con los datos de las casadas y de unos eventos que muchas veces han quedado en la memoria de los aficionados. Cuando trabajé en el diccionario pude manejar varias colecciones de programas, pero, casi siempre debido a la falta de tiempo, no tuve la precaución de fotocopiarlos. Por ello, salvo excepciones, solo poseo programas que me han ido regalando algunos buenos aficionados.

Hay programas de épocas ya muy distantes, con nombres de casteadores y cuidadores que nunca conocimos, pero hay otros más cercanos en que al valor histórico se une el afectivo, ya que tuvimos buena relación con algunos de sus protagonistas. En varias ocasiones hemos dedicado artículos a programas antiguos, pero por ahora vamos a seguir centrándonos en programas de épocas cercanas, como este de la jornada final en Arrecife, con la contrata clásica de Teguise y Arrecife, las dos grandes localidades gallísticas de la isla de Lanzarote.

Estamos en el año de 1985, aunque el programa solo diga el día y el mes. Se enfrentan dos cuidadores de campanillas: Adolfo Santana “el Pichón” y Toño Hernández “el Rebotallo”. Por aquellos años, trabajaban muchos palmeros en Lanzarote, y la afición era muy grande, ya que además la gente manejaba dinero. Esto trajo la contrapartida de que se peleaban pocos gallos de la isla, cuando lo ideal en Lanzarote es (como ocurrió en las mejores décadas) completar los buenos gallos locales con algunos traídos de las islas en que castear no ofrecía tantas dificultades, por obvias razones climáticas.

Vemos cómo los gallos de Arrecife fueron en esta jornada todos palmeros, y también apreciamos cómo Teguise peleó dos gallos de Tenerife, en concreto de dos grandes casteadores del Norte, Manuel de León y Luis Machado, sin duda porque en el partido tinerfeño estaba cuidando Paco Falcón, que era de Arucas como “el Pichón”.

Arrecife le llevaba 10 riñas de ventaja a Teguise y ganó esta última jornada por 4-2. Una vez más, “el Rebotallo” pudo lucirse con una lista de lujo, que sumaba 14 riñas frente a las 8 de la tanda del “Pichón”, una cifra también digna de respeto, sobre todo si consideramos la ventaja que le llevaba su rival. Pero sobre todo llama la atención que presentara nada menos que seis gallos de José Rodríguez, más conocido como “el Venezolano”, superlativo casteador de Tazacorte cuyos gallos por esos años deberían ser, junto con los de Luis Machado, los mejores del Archipiélago. Su tanda la completaba el gallo campeón de la temporada, el pinto “Chiquito” de los señores Díaz y Pérez, también grandes casteadores de Tazacorte.

La tanda de Lanzarote la encabezan un melado y un colorado de dos nombres de postín de la afición conejera: Plácido Machín y Andresito Cabrera El primero ya tenía gallos en los años 60 y pocos años después era el presidente de honor de la gallera de Teguise. El hijo de don Andrés Cabrera continuaba desde hacía años la afición de su padre y era considerado por “el Pichón” como uno de los aficionados más sabios de la isla. El colorado que peleó este domingo fue el gallo campeón de Arrecife.

Estos eran los años grandes del “Rebotallo”. En los años 80 ningún cuidador podía hacerle sombra, y ya ninguno repetiría su racha de triunfos espectaculares.

jueves, 4 de marzo de 2021

Manuel Urbano: “Galleras de tiempos otros”

 

Aunque publicado en el año 2014, merece destacarse aquí este magnífico libro de Manuel Urbano, titulado Galleras de tiempos otros.
Manuel Urbano es el gran animador de las riñas de gallos en Venezuela, con su labor incansable en todos los terrenos. De él hemos reseñado aquí dos libritos que son joyas: La historia del Negro Antonio y Valerio, gallero eterno, dedicados el primero a un gallo legendario y el segundo a un aficionado y conocedor extraordinario. Otra de sus publicaciones fue la del Reglamento Nacional, pero también dirigió durante algunos años la revista El Gallo de Cría, que con mucha calidad informativa y muy bien presentada, fue objeto en esta página de nuestra atención con motivo de la aparición de varios de sus números, el último de los cuales fue el 11.
Galleras de tiempos otros se ocupa de galleras históricas nada menos que en quince estados de Venezuela. Siguiendo fuentes orales y escritas, se hace un retrato ameno y vivaz, lleno de anécdotas y curiosidades, y soberbiamente ilustrado, con fotos antiguas pero también, a todo color, más recientes. En portada, una bonita pintura de Francisco Rivero Mendoza.
Manuel Urbano está empeñado ahora en hacer toda la historia de los gallos en Venezuela dándole forma enciclopédica, y a la vez concluye unas Memorias del éxodo de los galleros venezolanos. ¡Esperamos que lleve a buen puerto ambos proyectos!

martes, 16 de febrero de 2021

Diego Tabares

Entre los grandes aficionados de las islas que siguen al pie del cañón, ocupa un lugar insustituible Diego Tabares. Actualmente es presidente de honor del partido Norte de Tenerife, partido histórico que así sabe mantener bien alto el estandarte de nuestras tradiciones gallísticas.
Diego Tabares ha tenido muchos gallos en varias galleras de la isla, a lo largo de muchas décadas. Le hemos visto pelear ejemplares siempre de calidad, que por lo general aparecían para reforzar el partido a la mitad de la temporada. Ha formado tándem con el asturiano Felipe López, hombre muy entendido en gallos, constituyendo ambos la Peña El Boquerón.
Diego Tabares destaca también por haber sido el canario con mayor presencia en los campeonatos nacionales que se celebraban en Andalucía, haciendo siempre un papel brillante. El rico anecdotario de sus aventuras por aquellas tierras es uno de los alicientes de una conversación que se tenga con él, y no debe dejarse de señalar esta faceta de gran conservador, inteligente, ameno y reposado, que tanto lo caracteriza. Coronel del ejército, Diego Tabares es a la vez una persona culta, con quien se puede hablar incluso de la buena literatura, siendo a él a quien yo, lector inveterado, debo el descubrimiento de las novelas de Dino Buzzati. En un reciente encuentro, después de algunos años sin vernos, nos leyó a mí y a Nicolás Lezcano un poema lírico muy bien construido a la vez que hondo de pensamiento. ¡Por algo es bisnieto de don José Tabares Bartlet, uno de los mayores poetas canarios del siglo XIX! Y en fin, durante las cordiales francachelas de amigos gallísticos que acontecen de vez en cuando, a nadie le sorprenderá oírlo cantar unas folías...
En el DGC, resumía yo así su trayectoria gallística:
“Fino casteador tinerfeño, desde los años 70 hasta la actualidad, nieto de Alonso Tabares Tabares y sobrino de Pedro y Alonso Tabares Lugo, todos ellos grandes aficionados, Diego Tabares comenzó con un gallo de su tío Pedro –de quien, en cierto modo, tomó el relevo–, que casteó con una gallina de los gallinos de Luis Miranda, peleándole su primer gallo Domingo Prieto. En los años 70 y 80, fue un puntal del partido capitalino. Formó la Peña El Boquerón, que durante unas décadas fue sinónimo de espuelas. En el 81 fue el mejor casteador, peleando gallos tanto en La Espuela como en Garachico. En el 88, un giro suyo (hijo del naranjo de Chelona, un célebre gallo asturiano) ganó por Garachico cuatro veces en seis jornadas, tres de ellas consecutivas, proclamándose mejor gallo de la temporada. Tuvo por estos años unos melados tremendos, que recordaba especialmente Jorge Benítez, sin olvidar el colorado Bambiche, hijo del gran retinto de los Adelinos, que ganó también cuatro grandes riñas. En el 93, la Peña El Boquerón fue campeona de La Espuela. Hizo luego grandes temporadas en Güímar, para finalmente dedicarse él mismo a preparar gallos suyos para el campeonato de España”.
El nombre El Boquerón procede del lugar, entre Guamasa y Valle Guerra, donde Diego Tabares tiene sus gallos, y donde también tiene sus perros de caza y sus palomas mensajeras, ya que estas son sus tres aficiones deportivas. En un par de ocasiones tuve ocasión de pasar unos buenos ratos en ese bonito rincón de la isla.
La afición a los gallos Diego Tabares, ya en sus ochenta años, nunca la ha perdido. Como él muy bien dice, es el entusiasmo lo que nos mantiene en plena forma, la ilusión cotidianamente renovada. Seguiremos sin duda contando con este aficionado verdaderamente de honor y persona grande como la copa de un pino canario.
 
Diego Tabares junto a José Fortuny y José Carlos Rodríguez (“Caballo de Bastos”), cuando este cuidaba en Güímar. Fortuny fue otro excepcional aficionado. Su sonrisa franca lo dice todo acerca de su persona. Y su restaurante junto a Los Rodeos fue otro lugar de encuentros frecuentes de los aficionados, sobre todo laguneros.
 
En Güímar, junto a Cirilo Trujillo, entusiasta aficionado y casteador sureño que lo daba todo por el partido.
 
Aficionados de Güímar y Gáldar. Diego Tabares aparece junto a Carlos el Bombero, a quien recordábamos aquí recientemente. Sobre la valla, Chicho González, Antonio el Cenizo, Iván, Agustín Delgado... Con gallos en la mano, los cuidadores, Antonio Bolaños y José Carlos. Otros aficionados que distinguimos son Mederos, Antonio Monteverde, Tente, Pepe el Negro... Esta foto inmortaliza otro de los buenos ratos pasados en las peleas de Güímar cuando se celebraban en San Pedro de Arriba, y debí tomarla antes de que comenzara la jornada, como “retrato de familia”.
 
En primer plano, Roberto Acosta y Cirilo Trujillo. De pie, Diego Tabares, José Carlos Rodríguez, Vicente Fariña, el grancanario José Luis Cabrera (ayudante de José Carlos esa temporada), Chicho, mi colega de trabajo Isabel Castells y el también grancanario Ernesto Domínguez.

 
Gallera de La Espuela, con Eduardo Fernández de la Puente, Diego Tabares, Vicente Sosa, Valentín (cuidador esa temporada del partido capitalino) y Rogelio Reyes. Tras ellos, las figuras tutelares de La Espuela y de la historia gallística canaria del siglo XX “el Foño”, Francisco Dorta y Pepe Palmero, tres de los más grandes cuidadores de gallos que han existido.

sábado, 30 de enero de 2021

Casa Plácido, 10%

Plácido (camisa celeste) brinda con un grupo de amigos,
en su local del 10%

Hoy rendimos homenaje a una excelente persona recientemente desaparecida y que era un hombre muy apreciado por muchos aficionados de la isla.
En Casa Plácido, también conocida por el 10%, se reunían a veces los aficionados del Norte, desde hace muchas décadas. Recuerdo ver allí a Luis Sánchez (“Barre Barre”), a Modesto Torrens, a Pepe Fortuny, a Orlando Dorta, a Ángel Bolaños, a don Florencio González, a Arquímedes Acosta, a Pepe Borges y un largo etcétera. Yo mismo llevaba a aficionados de Las Palmas o de La Palma que visitaban Tenerife por razones gallísticas u otras.
Casa Plácido fue siempre garantía de buen comer y sobre todo de pescado fresco del Norte sin ningún engaño. Fue y lo sigue siendo. Es en realidad un caso único: un espacio amplio y bonito a la vez que simple, perfectamente limpio, bien atendido, tranquilo, sin ruidos que impidan la buena conversación amistosa o familiar, cuyo menú se reduce al pescado fresco, los tollos, el pulpo, el escaldón, la sopa y desde hace unos años los postres de Doña Laura. A veces sorpresas, como la morena, el congrio o los camarones. Pero sobre todo el pescado fresquísimo y en su punto perfecto, acompañado de las mejores papas que se puedan obtener en el momento, que es lo mismo que ocurre con el vino, siempre matancero y siempre del mejor. Por tanto, la perfección, como saben muchos que son clientes desde hace tantísimos años.
A quien se debe este logro es a Plácido Rodríguez Baute, quien estuvo al frente del mostrador hasta que en tiempos recientes diera paso a sus hijos. Él y su mujer Isabel han hecho del 10% uno de los lugares espléndidos de la isla de Tenerife, que nunca dejarán sino más que bien a quienes quieran contentar a visitantes de otras islas o de lugares fuera de las islas.
Plácido Rodríguez era una persona entrañable. Siempre bien dispuesto, sencillo, conversador de los que saben hablar y saben escuchar, amigo de sus amigos, afectuoso, con sentido del humor, en fin, uno de esos canarios al mismo tiempo cálidos y respetuosos que ejemplifican lo mejor que podemos ser.
Muchas veces, con su cordialidad maravillosa, se acercaba a la mesa donde yo estaba para charlar un momento, pero sobre todo recordaré siempre nuestros encuentros paseando por Los Nateros, a donde iba en estos últimos años, después de almorzar, para dar unas cuantas vueltas y luego reunirse con unos cuantos vecinos de la zona. Muestra de su gran corazón la tenemos en el cuidado que ponía en tener con agua fresca las flores de una cruz que recordaba el lugar donde una chica a la que él veía por allí había caído fulminada hace unos cuatro o cinco años.
Fue un privilegio conocerlo y haberlo tratado durante algunos años, que ojalá hubieran sido más. Y vivo seguirá en la memoria de quienes hemos tenido ese privilegio.

sábado, 2 de enero de 2021

Recordando a la Peña Llano del Moro

El partido de La Espuela siempre tuvo grandes aficionados palmeros. Entre ellos recordamos hoy a los hermanos Anselmo y Luis Sánchez, quienes, naturales de Tazacorte, formaron en Tenerife la Peña Llano del Moro, nombre debido a que era en este rincón esperancero donde tenían una finca en que criaban sus gallos, después de haber comenzado en la de Horacio Pulido, ubicada en Santa Cruz, concretamente en El Chorrillo.
Tuvieron grandes melados y giros negros y entre los gallos individuales un canabuey de cinco riñas y un giro de cuatro, siempre en La Espuela. Pero también pelearon buenos gallos en el partido de Güímar.
Luis Sánchez era uno de los hombres de confianza de La Espuela, en cuya directiva supongo que habrá estado muchas temporadas. Los últimos recuerdos que tengo de él son vendiendo las entradas a la puerta de la casa de gallos y departiendo conmigo sobre cigarros puros: debían tener una buena “tripa”, como los que él recibía de La Palma (una vez miró para uno que yo llevaba y en seguida me lo descalificó). Se movía mucho por Tenerife, ya que era representante de máquinas de juego, y creo que vivía en San Andrés.
Anselmo era policía, pero no me lo imagino entre los de mala uva, Era una persona muy sosegada y educada, que acudía a las peleas con su deslumbrante mujer de pelo plateado. Lo que mejor recuerdo de él eran sus enojos cuando las peleas eran malas: “No hay espuelas”, me decía entonces con vehemencia.
Para completar el recuerdo de estos dos grandes aficionados, veamos estas dos fotos. En la primera, sin duda sacada sobre la valla de la gallera capitalina, vemos a Anselmo en posición central. El primero por la izquierda es Fiti y el segundo Elías, muy buenos casteadores y aficionados. A la derecha, dos inolvidables cuidadores de Tenerife: Jorge Benítez y Álvaro Tapia.


En la siguiente, el protagonista principal es su hermano Luis, quien acaba de recibir (puro en mano) una placa por parte de su paisano Mederos y de Tato Reyes, dos de los motores del partido de Güímar durante décadas. Estamos pues ahora sobre la valla de la gallera guïmarera. Entre los aficionados en torno a la valla, nada menos que Agustín Delgado, don Alonso Lecuona y Antoñito Martín, tres aficionados también de primera categoría.


martes, 8 de diciembre de 2020

La afición a los gallos en el municipio de Los Realejos

En el trabajo clásico de don Antonio de Bethencourt Massieu “Las peleas de gallos en Tenerife en el Setecientos”, publicado en el número 28 del Anuario de Estudios Atlánticos año de 1982, se demuestra la pujante afición que había en el Valle de La Orotava a lo largo del siglo XVIII. Puede constatarse que en un período anterior, concretamente en el siglo XVII, se celebraban peleas públicas principalmente durante las fiestas, y que en un principio este espectáculo se realizaba con carácter privado, en las haciendas de la aristocracia.

Resulta sorprendente que la gran afición gallística de la isla no haya cambiado significativamente en casi tres siglos, por lo que se refiere a su distribución geográfica: Santa Cruz, La Laguna, el Valle de La Orotava (La Orotava, Los Realejos y el Puerto de la Cruz), Garachico y Güímar. Desde principios del siglo XIX, la afición está plenamente constituida, con partidos, contratas, reglamentos, uso de espuelas naturales, atusados peculiares, configuración en jornadas de siete peleas, utilización de un léxico privativo, etc. A fines de siglo, según se desprende de las Memorias gallísticas de Francisco Dorta (el mayor cuidador de gallos de la historia, nacido en La Orotava y conocido como “el Músico” porque tocaba en la banda municipal de Santa Cruz), funcionaban en Tenerife los partidos de Garachico, La Orotava, Realejo Alto, Realejo Bajo, Puerto de la Cruz, La Laguna y Santa Cruz (en Güímar ya constató la celebración de peleas Sabino Berthelot en 1827, y es más que probable que siguieran haciéndose, aunque no tenemos noticia de un partido hasta 1929). No sorprende que en 1883 el viajero Richard Burton afirme que en Tenerife lo más importante es el gallo de pelea, “después de la cochinilla”.

Como podemos suponer, la información periodística privilegia las noticias gallísticas de la capital y La Laguna, dado que la principal prensa de la isla estaba localizada en estas dos ciudades. Los partidos de La Laguna y Santa Cruz reñían sobre todo con los de La Orotava, el Puerto y Garachico, que a veces contaban con aficionados de Los Realejos. Sin embargo, hemos podido descubrir que en el año 1922 se hacía una contrata entre el Realejo Alto y el Realejo Bajo, que sin duda venía de años atrás, a tenor de las afirmaciones de Francisco Dorta. Hay ya mucha información periodística sobre los años 20 y 30, siempre en diarios de Santa Cruz, como La Prensa, Gaceta de Tenerife y Hoy. En las temporadas 1924-1926, hubo un célebre colorado cenizo conocido por “el Realejero”, casteado por Sebastián Arbelo y cuidado en el partido de La Laguna-Puerto por el gallero José Amador (“Pola Vieja”), que ganó su novena riña en el ex convento de Garachico, riña electrizante y que se hizo legendaria, ya que, teniéndola perdida ante un gran gallo, ganó de dos tiros de frente. Como se ve, importantes gallos de Los Realejos eran encerrados en galleras de primera fila, pero vamos a centrarnos en los partidos de la propia población.

En 1926, la prensa anunciaba las peleas entre Santa Cruz y Los Realejos, pero sabemos que también se dieron entre Los Realejos y La Orotava. Las peleas se celebraban en el ex convento de San Agustín (este año y suponemos que en los anteriores y posteriores). En 1927 hubo siete jornadas entre los partidos del Puerto de la Cruz y el Realejo Bajo y entre los de La Orotava y el Realejo Alto. La falta de informaciones impide cubrir todos los años, a diferencia de lo que ocurre con los partidos de Santa Cruz que celebraban contratas entre sí o contra los del Puerto, La Orotava y Garachico. En 1928, La Orotava le gana a Santa Cruz y el partido de la Villa le dedica un banquete en La Montañeta a “Pola Vieja” por un triunfo que había sido apoteósico.

Una temporada muy especial fue la de 1930-1931. “El Músico”, al cuido de una coalición de La Orotava, el Puerto de la Cruz y Los Realejos, se enfrenta al “Foño”, que era el mejor cuidador de La Palma, con los gallos de Santa Cruz, La Laguna y Garachico. La ventaja que obtuvo fue tan grande que la contrata acabó suspendiéndose.   

Curiosamente, en los años 1932 y 1933, Los Realejos celebra contratas con la gallera de San Juan de la Rambla, de cuya existencia solo conocemos esto. Las peleas correspondientes al partido ramblero tenían lugar en el mejor escenario de riñas de gallos que ha existido en Tenerife, o sea el ex convento de San Francisco en Garachico.  En 1932 también hubo peleas con el partido de La Orotava-Puerto de la Cruz, en que cuidaba “el Músico”, quien en seguida sería contratado por la gallera de Triana, en Las Palmas, donde cubriría la mejor época gallística canaria de todos los tiempos, a lo largo de lo que restaba de aquella década. La temporada de 1933 constó de diez jornadas y es importante porque es la primera en que sabemos que cuida Manuel Torres, gallero muy fino, aparte de personaje sumamente pintoresco, conocido como ”Gato Maruca” y que, aunque nacido en el Puerto de la Cruz, era de familia realejera. Su campaña fue magnífica, ya que le ganó por 10 riñas a San Juan, por 9 a La Laguna en cuatro domingos y por 3 a La Laguna-Garachico en un desafío de una sola jornada, celebrando también su partido peleas con el de Telde, seguramente en una típica contrata de ida y vuelta, corriente por aquellos años, y que se repetiría en 1935, visitando con gran éxito la gallera del Cuyás, considerada como “la catedral gallística de Canarias”.

En estas temporadas, la prensa santacrucera informa de las tandas que pelean todas las semanas. Sorprende la cantidad de nombres que aparecen en las listas realejeras, demostración de lo extendida y democratizada que estaba la afición: Antonio González Ledesma, Pedro García, Agustín Hernández, Agustín González, Vicente Rodríguez, José Díaz Suárez, José García Díaz, Agustín Espinosa, Sebastián Amador, José Hernández, Pedro González, Andrés González, Manuel Dévora, Severiano Yanes, Agustín Morales, Claudio Bencomo, Antonio Acevedo García, Víctor Yanes y Yanes, Carlos Carrillo, Sinforiano González, José Molina, Felipe Zamora, José Baute, Félix Siverio, Fernando Salazar, Adolfo Mecánico, José María Zárate, Antonio Guanche, Eliseo Toste, José Mederos, Luzbel Pérez y un largo etcétera en el que debe destacarse a la pionera Peña La Suerte, ya que en esta época era muy infrecuente la existencia de “peñas” gallísticas, luego tan habituales. Nombremos también a Domingo Regalado, casteador muy estimado por “el Músico”, a quien llegó a enviar gallos cuando este cuidaba en Las Palmas.

En 1934, la gallera de Los Realejos hizo peleas sueltas con dos partidos de la capital, el  Nuevo y La Espuela. En 1935, se especifica que el partido es El Realejo Bajo, sin que podamos precisar, cuando se habla del partido de Los Realejos, si se trata de este partido o de una coalición de los del Realejo Alto y el Realejo Bajo. Esta temporada fue extraordinaria. Hubo peleas con el partido santacrucero de Salamanca y con el de La Orotava-Puerto de la Cruz, donde cuidaba Pedro Dorta, hermano del “Músico”. Seguía al cuido de los gallos “Gato Maruca”, quien ya en mayo se enfrentó al partido santacrucero de La Espuela, un partido que, surgido en 1921, ha llegado a nuestros días. Las noticias periodísticas son muy importantes este año. La Prensa, el 28 de abril, afirmaba que, “dado el prestigio de Los Realejos, a cuyo frente cuenta con un excelente cuidador, y la calidad de gallos que posee, los mejores del norte, el interés que existe por ver pelear a dicho partido en esta capital es muy grande”, mientras que Gaceta de Tenerife, el 21 de mayo de 1935, dice que el partido de Los Realejos es “actualmente el mejor bando que cuenta con una inmejorable serie de gallos y un inteligente cuidador, don Manuel Torres, para poder enfrentarlo con el partido de La Espuela, hoy por hoy el mejor partido de Santa Cruz”. Es también muy importante que en estas notas de la prensa, por ejemplo en la aparecida en Hoy el 26 de mayo de 1935, se ofrezca la información de que las peleas se celebraban, cuando tocaban en el norte, en el “Circo-gallera de Los Realejos” (mucho más conocido es que las santacruceras tenían lugar en la gallera de la calle Santa Rosalía).

Otro dato muy curioso es el que revela que en estos años 1934 y 1935 hubo peleas entre el partido del Realejo Bajo y el de la Cruz Santa, que de este modo emerge brevemente en las noticias de la prensa, como había ocurrido con el de San Juan. Estas peleas se celebraban todas en el referido circo gallera realejero.

En 1936 hubo de nuevo peleas con el partido de Salamanca, pero donde se consagró la gallera de Los Realejos, siempre con el “Gato Maruca” al frente, fue en la contrata con el partido del Puerto de la Cruz, ya que logró sacarle nada menos que 22 riñas de ventaja en catorce jornadas a un partido donde cuidaba otro gallero de campanillas, el ya nombrado “Pola Vieja”.

Apreciemos cómo, al igual que ocurrió con tantísimas cosas, el estallido de la guerra civil supuso una ruptura para la afición gallística realejera, lo que es más de lamentar si pensamos en el altísimo nivel que se había alcanzado, tanto en la calidad de los casteos como en la cuida de los gallos. En 1944 surge el partido Norte, que aglutina a los aficionados del Puerto de la Cruz, La Orotava y Los Realejos y que es otro de los partidos que llegan a nuestros días. Hay que señalar que en la temporada 1945-1946, el cuidador no será otro que el “Gato Maruca”, quien vence a la gallera de La Espuela por 16 riñas. Al año siguiente comienza a cuidar Domingo Morales, gallero de Arucas conocido como “el Boyero”, que atravesará toda la década siguiente.

Procede por último hablar de los grandes aficionados realejeros de la segunda mitad del siglo. A la cabeza de todos ellos se encuentra la familia Acevedo, sin punto de discusión la principal dinastía gallística de todas las Islas Canarias. Solo que con los Acevedo no podemos limitarnos ni tan siquiera al siglo XX, ya que Don Pedro Acevedo, gran casteador y presidente durante muchos años del partido del Puerto de la Cruz, inicia su afición a fines del siglo XIX, y su bisnieto la ha continuado en las dos primeras décadas del siglo XXI. Don Pedro Acevedo aparece en una de las fotos más extraordinarias de las riñas de gallos en Canarias, junto a unos aficionados, entre los que se cuenta el famoso cuidador Adolfo Ganges (maestro del “Músico”), en torno a un gallo célebre llamado “el Centén de América”, foto datada en 1910. Su hijo Pedro continúa la afición, como luego los hijos de este, Cecilio, Ignacio, Miguel, Juan y Cipriano. Don Cecilio Acevedo sería soltador magistral del partido Norte durante treinta temporadas, un hombre enorme de cuerpo y espíritu a quien yo tuve el privilegio de tratar. Durante innumerables temporadas, el partido del Norte tuvo en los gallos que venían a nombre de los Sres. Acevedo uno de sus principales recursos. Eran todos gallos criados en los campos, y algunos eran enviados a Las Palmas, lo que era muy raro, ya que pocos gallos de La Palma o Tenerife peleaban en la que seguía siendo, con los partidos de San José y Triana, la principal afición de las islas. A la familia Acevedo pertenecían también José Borges Acevedo, uno de los motores del Norte, y Manuel Rodríguez Acevedo, aficionado sabio. Lito Acevedo, hijo de Joaquín, fue presidente del Norte en los años 80, como posteriormente lo sería Cecilio Acevedo, hijo de don Cecilio.

Otros grandes aficionados realejeros del partido Norte han sido Víctor Barreto (que tuvo unos famosos melados de cola blanca), Vicente Amador (hombre de confianza de la gallera de Santa Úrsula, donde lo vimos siempre, hasta su trágica muerte, y que casteaba con el también realejero Benito Domínguez), Tirso García (aunque ya nacido en La Laguna, su padre, don José García, timoneó durante años, seguramente la década de los 30, la gallera de Los Realejos), Pepe Rico (otro aficionado sabio), Manuel López (gran boxeador, conocido como “el Torero”, y que no faltaba a una jornada), Antonio Platero, los seis Hermanos Crusanteros, etc. Y para que de nuevo no falten las peñas, tenemos a la Peña Los Realejos, con grandes gallos tanto en el Norte como en Garachico en las últimas décadas del siglo XX.

En una finca de don Domingo García, ubicada en Los Realejos aunque él era natural de La Orotava, estuvo durante algunos años de la década de los 50 la gallera del Norte. Mucho antes debió estar en la Hacienda La Gallera o Casa La Fajana, que es del siglo XVIII. Se encuentra en el Realejo Bajo, muy cerca de la autovía, y tiene el nombre “La Gallera” en azulejos. La Gallera da nombre a una calle lateral y a la propia zona, por lo cual es otro dato que hace más que obvia la pujanza de la afición gallística en tierras realejeras. Aún en 1981 y 1982, la clásica contrata entre el Norte y La Espuela celebró varias jornadas en el colegio Agustín Espinosa.

Puedo afirmarse, en suma, que Los Realejos han sido a lo largo de los siglos tierra de grandes tradiciones gallísticas, con casas de gallos, un circo-gallera, casteadores muchas veces extraordinarios, incontables aficionados y gallos de bandera aún hoy recordados. Forma parte pues de esa “geografía” tinerfeña gallística a la que empecé refiriéndome, junto a Santa Cruz, La Laguna, el Puerto, La Orotava, Garachico y Güímar.

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Calle La Gallera, en el Realejo Bajo, junto a la autovía.


Don Pedro Acevedo es el segundo por la izquierda, sentado. A su lado, con el famoso gallo “el Centén de América”, el inmortal Adolfito. Detrás: Domingo Solís, Esteban Fuentes, Vicente Molina y Molina “el Guapito”. Sentado a la izquierda Peraza de La Laguna, y a la derecha Pedro Hernández. Sentados en el suelo, “Tres palabras” y el célebre cuidador Solís.


Ignacio Acevedo, Caballerito y Eduardo Pérez Ascanio. Casa de gallos de La Asomada, en el Puerto. El gallo es el giro de cuatro riñas campeón de la temporada 1952-1953. Pero la temporada la ganó “el Músico”.


Un muy joven “Gato Maruca”, con don Andrés Sotomayor, hacia 1920.


Admirable foto de Manuel Torres, “Gato Maruca”, gran cuidador y genio y figura. En la mano, un gallino de Luis Machado.


Con estos siete gallos obtuvo Tenerife un capote sobre Las Palmas en 1960. A la izquierda Rogelio Reyes y “Gato Maruca”. Agachado, Eduardo Pérez Ascanio. Otros grandes aficionados en la foto son Cesáreo Padrón, entre “Gato Maruca” y Pérez Ascanio, y, con chaqueta, Pricio Felipe. Gallera de San Cristóbal de La Laguna.


Otra con el “Gato Maruca”. A la izquierda Rogelio y luego Cesário Padrón, Chicho, Pricio y Eduardo Pérez Ascanio, que ya desde entonces gustaba de los buenos habanos.


Esta foto del “Gato Maruca” unos dicen que es en la Casa Rosales, donde estaba la gallera de La Asomada, y otros que en la casa de gallos de San Cristóbal, ubicada en Geneto. Si la fecha es la que se da, 1962, hay que inclinarse por esto último.


El gran aficionado Tirso García con el maestro de cuidadores Domingo Prieto.


“El Remache”, uno de los Hermanos Crusanteros. Aficionado cien por cien. Por la casa de comidas que tenía su nombre, en la calle del Calvario de la Villa de La Orotava, pasaron muchos aficionados, al igual que por la de otro de sus hermano en la Cuesta de la Villa (esta, famosa por sus pucheros, aún existe y goza de buena salud a pesar de estos tiempos de siniestra plandemia).


Mi añorado amigo Antonio González, otro de los Hermanos Crusanteros. Gran colombófilo, luego llegó a sacar buenos gallos. Personalidad incomparable.


Otra foto de Antonio el Crusantero, en su bodega de la Villa de Arriba de La Orotava.


Don Cecilio Acevedo y su hijo. Entre ellos, el cuidador palmero José Pérez, lo que permite datar la foto en el año 2003, ya que fue esa temporada cuando cuidó en el Norte.