sábado, 24 de octubre de 2020

Temporada 1980-1981

Siguen en 1981 las crónicas y los comentarios y noticias de Martín Díaz en la prensa de Las Palmas, que permiten reconstruir la temporada jornada a jornada.
Los cuidadores son Anastasio Acosta en Telde, Francisco Falcón en Arucas y José Santana (“El Moño”) en Las Palmas. Como vemos, “El Moño” se ha pasado de Arucas a Las Palmas y Paquito ya es cuidador único de un partido, que es el de su ciudad natal, curtiéndose para llevar al año siguiente el partido Norte. Anastasio, por su parte, inicia su gran época en la gallera teldense. Entre sus ayudantes cuenta con un joven José Luis Martín, paisano suyo llamado a ser uno de los mejores casteadores de la isla grancanaria en las décadas siguientes y hasta el presente. En los programas, aparece Nicolás Guerra como cuidador de Las Palmas junto al “Moño”. Durante una o dos temporadas muy posteriores, Nicolás Guerra se incorporaría a la gallera de Bolaños, visitando varias veces Güímar, donde yo lo conocí.


Seleccionamos el programa de la jornada sexta, entre Arucas y Telde, por aparecer en él un gallo fabuloso que hizo este año cinco riñas fulgurantes y ganó ese día su cuarta, en 45 segundos. Se trata del melado de don José Navarro Calderín, a quien recordábamos en la nota anterior, donde aparecía en una foto de grupo. Arucas ganó este día por 4-3. Abre su tanda un gallino de los “Dos de Oro” de Orlando dos Santos, un gran aficionado a quien recuerdo perfectamente acudiendo con su mujer a las peleas. Era un hombre enorme, de la familia tabaquera Dos Santos, originariamente portuguesa y aún fabricando cigarrillos y grandes puros como los Condal y los Regenta (ahora mismo, dos de las mejores marcas de habanos canarios, con nivel mundial). Sorprende encontrar aún a don José Araña, uno de los aficionados más grandes de todos los tiempos, con gallos desde los años 30. Domingo Díaz volvió a ser uno de los puntales de su partido, del que era además eximio soltador. Cierra la tanda un melado de Argeo Hernández, inolvidable aficionado que sabía de gallos como el que más y con quien tuve muy buena relación, ya que él era del Valle de La Orotava, donde yo vivía, y le gustaba preguntarme por mucha gente que hacía años no veía, y que en muchos casos ni siquiera pertenecían a la afición gallística. Como es bien sabido, Argeo Hernández era hijo de uno de los grandes casteadores del partido Norte, Domingo Hernández Luis. Otro buen casteador de siempre es don Manuel González Rodríguez, cuyo colorado “Carta Guanche” ganó este día.
Por Telde vemos cuatro gallos de don Agustín Cabrera y otros de Antonio Hernández y los señores Corpas y Betancor. Nombres todos con solera.
Martín Díaz publicó esta lista de gallos más rápidos, que además cuenta con una gran foto de Anastasio y Maestro Andrés:


En el siguiente recorte vemos al inefable “Mananá”, uno de los aficionados más simpáticos de la isla, y al lado una nota sobre un retrato que el gran Vinicio Marcos ha hecho del “Moño”, y de cuyo paradero no tenemos por desgracia idea alguna, siendo una pena que nadie se haya tenido el trabajo de localizar o inventariar los cuadros de gallos de Vinicio Marcos, que siempre me han parecido excepcionales:


La siguiente nota, aparecida en El Eco de Canarias el 24 de mayo, narra la presencia de aficionados de Lanzarote en la final de la liga triangular y su visita a la gallera de Telde, que celebraba su triunfo:


En el mismo periódico había aparecido diez días antes este extenso e invalorable reportaje del final de la temporada, con fotos en que vemos al “Pichón” con su barba de estos años y a Gumersindo Toledo, entrañable aficionado que tuvo grandes gallos tanto en Lanzarote como en Gran Canaria:


Esta fue la octava temporada de Adolfo imbatido en el partido de Teguise. Si el año anterior había entablado con Alejandro Niz, ahora le ganaba por nueve riñas. Al año siguiente cuidaría en Arucas.
Veamos esta nota aparecida el 22 de mayo en El Eco de Canarias, dentro de la sección “El deporta en el Noroeste”:


Nos enteramos de la existencia del partido de San Isidro, y el de la Montaña es, por supuesto, el de Antonio Bolaños. Se nombra a casteadores galdenses como Antonio Montesdeoca y David Pérez, que aún peleaban sus gallos más de veinte años después, en la gallera de Gáldar. Y hay nombres de siempre, como Juan Gordillo (“Juanero”) e Isidoro Puga.
 
*
 
Pasemos a la provincia de Tenerife. En la Banda, una gran temporada opuso a Toño “el Rebotallo” en Los Llanos y Roberto en Tazacorte. Toño hace la proeza, no muy habitual, de cambiar de partido y volver a ganar, pero la temporada fue muy reñida, con alternativas, llegándose a la última jornada con solo 3 de ventaja para Los Llanos. Este es el programa que hemos seleccionado, el de la última jornada. Como siempre, muchos gallos con muchas peleas, sumando 16 los de Toño y 10 los de Roberto. Lo primero que llama la atención es la abundancia de gallos de Crispín Rodríguez, quien este año tuvo gallos sensacionales peleados a punto de caramelo por el Rebotallo. Este día no corrió con suerte, ya que le perdieron tres de los cinco. ¿Tres o cuatro? No, tres, ya que el de cinco riñas de la última, al haberse Los Llanos garantizado la ventaja, se decidió no pelearlo, medida muy polémica siempre, ya que, en efecto, el público ha pagado por ver siete peleas. Yo asistí a alguna que otra historia de estas (a veces, lo que ya era una tomadura de pelo, retiraban el gallo del partido vencedor de la contrata a los primeros revuelos). Tazacorte ganó la primera y Los Llanos la segunda, pero las cosas se le complicaron a Los Llanos cuando Tazacorte se hace con las dos siguientes. Los Llanos gana la quinta y la sexta, que ya le da la ventaja, con el colorado de tres peleas de José G. León Sánchez (que supongo sería un hermano de Maso y Añón).
La lista de Tazacorte presenta a casteadores extraordinarios: la Peña El Salto, Manolín Gómez, los señores Díaz y Pérez, Higinio Pulido, Antonio Lorenzo. El pinto de Manolín fue el gallo campeón de la temporada por Tazacorte, al ganar este día su quinta pelea, y los mejores casteadores los señores Díaz y Pérez. Sabemos también que el presidente de valla de Tazacorte fue Felipe Rodríguez y su soltador Antonio Lorenzo Gómez. Toño el Rebotallo cuidaría al año siguiente en Teguise, iniciando en la isla conejera una época sensacional. Como dato curioso, observemos en la publicidad el anuncio de la sastrería Haroldo, siendo este uno de los mejores apostadores de la Banda.


Esta temporada registra el debut como cuidador del último de los grandes galleros de las islas, Quico Acosta. Fue también una gran competición, con alternativas, ganada por la Nueva, donde cuidaba Lilo con el “Galapún” como ayudante, siendo su ventaja final de cinco riñas. La primera jornada duró... 12 minutos, que debe ser el récord de todos los tiempos. La Nueva tuvo gallos tremendos y decisivos de don Agustín Cabrera, como en temporadas anteriores los había tenido cuando cuidaba el Rebotallo, que los recordaba como de los mejores gallos que él había tenido, casi tan buenos como con los aún más célebres “villegas”, que él también recordaba perfectamente.
En Tenerife el Norte con Piquito le ganó por una riña a La Espuela, donde cuidaba otro debutante: Jorge Benítez, tan gratamente recordado por la afición tinerfeña. Fue una temporada mucho mejor que la anterior. La ventaja se la dio a Piquito un melado palmero, de los Adelinos. Diego Tabares hizo una campaña fenomenal, y como gallos deslumbraron un giro carey de Manuel de León y de nuevo el gallino de Los Fogueteros, que ganó su quinta riña.
Por otra parte pelearon El Palenque-Laguna y Garachico, cuidados respectivamente por Pablo Amador y Carmelo Acosta. Pablo, entonces con 54 años, sacó una rápida ventaja que le permitió luego, como los verdaderos maestros, tomarse las cosas con calma. ¡Qué grande para mí sería verlo sobre la valla, una década después!

viernes, 16 de octubre de 2020

Carlos el bombero

Carlos Rodríguez y su mujer, María Candelaria
(Foto Nicolás Lezcano)

Pepe Amador, uno de los grandes aficionados laguneros, nos informa el fallecimiento de Carlos el bombero (o “exbombero”, como prefería presentarse él), un aficionado todo terreno del partido de La Espuela y simpatizante del de Güímar.
Carlos el bombero era una persona muy entusiasta, siempre bien dispuesto y que no se perdía una jornada. Con su mujer, aprovechaba siempre para recorrer los guachinches de la isla, a la cata de los mejores vinos caseros y la buena comida, mostrándose siempre muy puntilloso.
Yo solía preguntarle al final de las peleas por su opinión, y me mostraba el programa con la valoración que había hecho de cada gallo, de modo muy certero y muy objetivo.
Hoy lo homenajeamos con estas dos fotos en que aparece rodeado de aficionados y, como siempre, sonriente. La primera es en un campeonato regional de los celebrados en la gallera del López Socas. Delante, don José Navarro Calderín, que era entonces el patriarca de la afición. Carlos, con la camisa más alegre de todas, aparece entre Valerón y el Kíkere, junto al cual vemos a Palmerito. Exceptuados Valerón y don José, son todos aficionados tinerfeños, entre los cuales vemos a Alberto Plasencia, Cheché, Pedro Cabrera, Menoti, Silvestre el carpintero, Iván Darias, Tato Reyes, Miguel Ángel González Pérez, Vicente Sosa, etc.


Esta otra es en la gallera de Güímar, cuando cuidaba José Carlos Rodríguez (“Caballo de bastos”). Carlos asoma a la derecha entre Fortuny y Anselmo “Barre barre”. Siguen, de pie, Mederos, Agustín Delgado y Felipe el asturiano. A la izquierda, prominente, otro aficionado fuerte de La Espuela, Antoñito Martín, y entre él y José Carlos, Iván y Tato. Es sin duda un día de peleas con Gáldar, ya que junto a José Carlos está Montesdeoca, que no fallaba a una jornada de su partido, fuera en Gáldar o en Güímar:

sábado, 3 de octubre de 2020

Temporada 1979-1980

En la máquina gallística del tiempo vamos a trasladarnos a hace cuarenta años. Muchos aficionados de entonces aún son bien recordados, y no faltan los sobrevivientes. Pero la razón principal es que de las temporadas 1979-1980 y 1980-1981 contamos con una impresionante información en la isla de Gran Canaria, gracias a las lujosas crónicas y noticias que sacó Martín Díaz en El Eco de Canarias y la Hoja del Lunes, con los seudónimos de Pollo Canabuey y Espuela de Oro. Nunca se volverá a ver en la prensa de las islas nada similar.

La clave estuvo quizás en que en 1980 fue inaugurada la bastante fea gallera del López Socas, que supuso un resurgir de la afición, al final efímero, pero que albergaría a las riñas durante cuatro décadas.

Se celebró en Gran Canaria un torneo triangular con los partidos de Telde, Las Palmas y Arucas, cuidados respectivamente por Garrincha, Marcos Melián y (al alimón) el Moño y Paco Falcón. Ganó Arucas en una gran temporada de Machín y de Domingo Díaz, pero también con muy buenos gallos de Argeo Hernández, Juan Rodríguez Drincourt y Orlando dos Santos. A todos estos casteadores yo tuve el placer de conocerlos. Por Telde los mejores gallos fueron los de don Agustín Cabrera, Antonio Hernández (con sus “vino tintos”) y Corpas y Betancor, y por Las Palmas los de Nicolás Díaz de Lezcano, Miguel Jiménez y los señores García y Mesa.

Veamos este artículo de Pollo Canabuey tras la segunda jornada. Interesa sobre todo por la foto de uno de los patriarcas de la afición canaria, don Pedro Cárdenes, que llevaba los gallos en la sangre incluso desde antes de los tiempos trianeros del Músico, y por la referencia a don Nicolás Díaz de Aguilar. Más discutible es la lista de galleros que debían ser recordados, ya que Solís no me encaja en una lista de cuidadores de élite, donde sí debía estar al menos Pepe Palmero:



La temporada avanza y las cosas no le corren bien a Marcos Melián, tan acostumbrado a ganar:



Resaltemos en la anterior minientrevista la pregunta sobre la duración de las riñas. Ya había provocado un artículo de Vinicio Marcos al principio de la temporada y sería una preocupación constante de Martín Díaz. Vinicio Marcos hasta acabaría, indignado, por dejar la afición, y no sería el único. Me gustaría (es una manera de hablar) que hubieran visto algunos bochornosos espectáculos a que tuve yo la desgracia de asistir en estas últimas décadas, con cuidadores y soltadores de segunda categoría, pero también con algunos de campanillas. Y es que, mirando los tiempos de estas dos temporadas que comentamos, no llaman especialmente la atención las peleas interminables con gallos en estado patético o incapaces de clavar las espuelas. Recuerdo una ocasión en Güímar, cuando, ante gallos moribundos que nadie retiraba, mi viejo amigo y egregio cantante de ópera Agustín Morales se levantó exclamando, en plena marea prohibicionista: “¡Que las prohíban! ¡Que las prohíban!”

Pero dejemos los malos humores y veamos aquí al gran Miguel Machín, definido estupendamente por Pollo Canabuey como “el hombre de las 300 espuelas”:



¡Bellos tiempos en que los casteadores y cuidadores se preocupaban por tener espuelas! Hoy es la miseria que se sabe. ¡Pero qué lección la de Machín, una lección tan enorme como su persona!

El Moño era sobre todo un cuidador de brega, sin muchas finuras, pero esta temporada contaba con Francisco Falcón, quien se convertiría en un gran gallero ya durante sus siguientes años en el Norte de Tenerife. Martín Díaz habla brevemente de él y recuerda su época boxística (y señálese que Martín Díaz estuvo ligado a la Federación de Boxeo y fue también cronista de ese deporte):



La siguiente foto, en la crónica de la séptima jornada, nos presenta a un excelente aficionado que asociamos a Arucas, pero que en este año es ayudante de Marcos en la gallera de Las Palmas. Se trata de Manolo Ruiz, muy joven, empuñando su melado “Secuestro”. Recuerdo muy bien la simpatía y el entusiasmo de este gran aficionado, con quien coincidí en muchas ocasiones. Homenaje le sea aquí dado:



No traté en cambio a don Miguel Jiménez Jorge, porque ya había fallecido cuando yo comencé a escribir de gallos. Aquí, Pollo Canabuey le pregunta por los “ferralegios”, para que le explique el por qué de tan curioso nombre:



Pollo Canabuey lo llama “uno de los veteranos casteadores de Gran Canaria”, y es que había comenzado en el partido de Triana a fines de los años 30. Sí me lo recordaba mucho Genaro Martín, el gran bodeguero de Santa Úrsula a quien dedicamos hace unas semanas un artículo: “don Miguel Jiménez, el de la clavellina”, ya que iba por su bar y siempre llevaba puesto en la solapa un clavel rojo. No aludí en el artículo de Genaro a los aficionados de otras islas que por allí pasaban y que él recordaba: otro era don Pedro Montesdeoca, el inveterado apostador y comerciante de queso de Guía.

En la noticia siguiente, Pollo Canabuey anuncia el resurgir del partido de Cardones, auspiciado por Gregorito, que acabaría fundiéndose con el de Arucas, como es archisabido

Pollo Canabuey se equivoca ahora en sus predicciones, ya que da por vencedor a Telde, a mi juicio por aún no saber la categoría de quién estaba cuidando en Arucas (y no me refiero al Moño, sino a Paquito). Pero la foto y la semblanza de Antonio Hernández valen la nota:



Este otro artículo da noticia de la placa dedicada en la gallera del partido de Las Palmas a don Nicolás Díaz de Aguilar, y evoca a su gallo más famoso de la gran liguilla interinsular de 1959:



Y ahora, he aquí el programa de la temporada que he seleccionado:



Fue un gran día de Domingo Díaz, ya que le ganaron por cuarta vez su gran colorado “Cola Larga” y un melado. No sé si el colorado de la sexta de Antonio Hernández es el famoso “Pimpi”, que llegó a ganar ocho peleas y acabó inmortalizado por la paleta de Vinicio Marcos en una de las mejores pinturas de gallo que se han hecho nunca. De ser así, esta fue una jornada antológica, con el “Cola Larga” y el “Pimpi”.

Pollo Canabuey le hace una rápida entrevista a Maestro Andrés, motivada por los éxitos de su gallino veloz:



Y también le cede la palabra a uno de los hijos del Pichón viejo, quien explica el origen de un apodo que llegaría a su sobrino, el gran Adolfo Santana, quien por cierto este año cuidaba de nuevo en su emporio de Teguise, donde acabó la temporada entablando con Alejandro Niz en Arrecife:


 

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¿Y en la provincia de Tenerife?

En Santa Cruz de La Palma, Piquito, en la Guerra, le saca 21 riñas a Roberto, en la Nueva. Pese a la diferencia tan abultada, fue una gran temporada, con un primer tramo muy igualado.

En la Banda, Toño el Rebotallo, con Quico como ayudante, en Tazacorte, le saca una ventaja de 13 riñas a Maso y Miguel Acosta en Los Llanos, que esta temporada por cierto inauguraba su magnífica gallera. Toño comenzó con uno de sus típicos capotes y, como siempre, logró que sus mejores gallos le hicieran cuatro, cinco y seis peleas.

En Tenerife, la contrata histórica La Espuela-Norte fue favorable al partido capitalino, que cuidaba Anastasio, quien logró sacarle 23 riñas a un Norte muy flojo donde empezó cuidando Arnoldo, para ser sustituido por su ayudante, Suso Yánez, cuando llevaba 8 riñas en contra. Fue un año de grandes gallos de don Ángel Benítez de Lugo, pero el mejor gallo lo tuvo el Norte, un gallino de Los Fogueteros.

Esta temporada fue la primera de las dos que hizo el partido del Palenque, cuya presidencia ostentaba don Domingo de la Rosa. Álvaro Tapia le ganó por 2 riñas a Carmelo Acosta en Garachico. Al final de la temporada el Palenque peleó con Tazacorte. Solo tengo el resultado del primer enfrentamiento, favorable al Palenque, con una tanda de siete gallos de Pérez Ascanio, cinco de ellos peleados y ganando uno su cuarta riña y otro su quinta. Toño no parece haber traído su batería pesada, pero no hay que restarle mérito a Álvaro Tapia, que siempre se lució en este tipo de “duelos”. Tapia y Toño son otras dos personas que ha sido para mí un privilegio haber conocido. Veamos el programa de esta jornada, anunciando para una próxima entrega el comentario de la temporada 1980-1981:


domingo, 20 de septiembre de 2020

Tazacorte-Los Llanos, años 50

Tras la temporada de 1950-1951 que comentamos recientemente, Pepe Jiménez, repitiendo en Tazacorte, entabla con Juan Montesdeoca (de los Sanfieles) en Los Llanos. Fue otra temporada de grandes gallos, pero más equilibrada.

Sabemos que en Tazacorte tuvo el Canario como ayudante a un muy joven Roberto Hernández, quien llegaría a ser un gran cuidador en las décadas venideras, y con quien yo tuve amistad como para guardar de él un recuerdo imborrable: todo un señor, una persona maravillosa.

Las peleas tuvieron lugar en el Cine Central de Tazacorte y en el Cine Imperial de Los Llanos. Se vendían las entradas adelantadas en el Bar Central de Tazacorte y en el Bar Don Juan de Argual.

Algunos gallos sobresalientes de Tazacorte: un melado de cuatro riñas de José Acosta, un colorado de cuatro riñas del cuidador, un colorado de Faustino Lorenzo de cinco riñas, un gallino de cinco riñas de los Hermanos Lorenzo.

Por Los Llanos: fabulosos gallos de cuatro, cinco y seis riñas de los Hermanos Cáceres, un giro de tres riñas de Antonio Remedios, un giro de Julio González que ganaría en 1953 su octava, un bayo de Tomás Rodríguez.

No cabe duda de que, habiendo buena cuida y buen material, menudean los gallos con muchas peleas.

Pero sin duda lo que inmortalizó esta temporada fue la épica batalla entre el Galatea de Faustino Lorenzo, un colorado, por Tazacorte, y el giro del médico Rubio (Dr. Sobaco), casteo de Pedro Gómez, por Los Llanos. Vinieron a casar los dos con cinco riñas, en la jornada 12, que se celebró el 3 de mayo en Tazacorte. Pesaban 4 libras, y pelearon en la cuarta.

Alejandro Martín dejó la descripción del combate en Aire Libre, y yo la he transcrito en el DGC. También allí reproduzco los simpáticos versos que hizo algún aficionado de Los Llanos, pero aquí va de nuevo:



Recordemos que Galatea era el nombre de un famoso buque escuela español que desde los años 20 surcaba los mares y por estos años solía atracar en el muelle de Tazacorte. La pelea fue a beneficio del barco pesquero Carmen Dolores, que había naufragado el 25 de enero en aguas de Tazacorte, perdiendo la vida varios vecinos de la villa y puerto.

Al final de la última jornada se celebró una riña extraordinaria, entre un giro de Victoriano Rodríguez, conocido como “el de Julio”, y un colorado de Matías Guerra, ambos de 4 riñas. La apuesta fue de 500 pesetas, y el desafío levantó enorme expectación.  Ganó el giro en pugna bonita y rápida. Quizás sorprenda el nombre de Matías Guerra, prestigioso casteador trianero, pero no si recordamos que ya en los años 30 enviaba gallos a la Isla Bonita, entre los que fue fantástico el llamado “colorado de Pancho”, sin duda porque lo había afinado el Músico.

Debió ser electrizante esta última jornada, en el Cine Central. Los Llanos llevaba una riña, pero Tazacorte ganó por 3-2 y dos tablas, con lo cual entabló la temporada, que llegó a tener perdida por 10 riñas.

El año 1953 es enigmático. No sé ni cuidadores ni resultado. Este documento revela que la temporada se suspendió, pero debió reanudarse en seguida, ya que llegó a finalizarse. Sin duda ganó Tazacorte, ya que llevaba una ventaja de 17 riñas.



Este año sí podemos destacar a otro gran gallo: el giro melado de Sabino León, que ganó su cuarta riña en la jornada 8 con un peso de 5.5.



Por otra parte, paradójicamente, sabemos los nombres de algunas castas peleadas en Tazacorte: “madre de la vena”, “atorrao”, “los tilos”, “gonzález guerra”, “asturiano”, “mosquito”, “eléctrico”, “artillero”, “amarillo”, “despicado”, “viña”, “cachimba”, “rubio”, “cubano”, “manzanita”, “picopato”, “tomás hernández”, “cubano pepe”, “despolonado”, “perrete”, “rompehuesos”, “montesdeoca, “v. 1”...

Ya de 1954, con Pepe Jiménez ahora en Los Llanos, tenemos algunos programas, pero ni idea del resultado. La última información nos la da el programa de la jornada 14: iba ganando Tazacorte por 1 riña, pero al perder ese día por 5-2, pasó a llevar Los Llanos una ventaja de 3. Los Llanos peleó en la Casa Lomito de Argual, que era un secadero de tabaco. Veamos dos programas, con gallos de cinco y seis peleas:




Fue entonces cuando se suprimió por discrepancias la histórica contrata, que no se reanudó hasta la temporada 58-59, para a partir de ahí celebrarse ininterrumpidamente. 

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Para acabar con otro kikirikí palmero, he aquí este memorable poema, aparecido en Crónica Palmera el 2 de marzo de 1904:


sábado, 12 de septiembre de 2020

El colorado “La Única”

Ya que “el Mazantini” nos relató la pasada semana la historia del giro “La Isleña”, vamos hoy a hablar de otro gallo de la misma época y del mismo casteador, Juan Rodríguez Drincourt. Se trata del colorado “la Única”. Este gallo ganó siete peleas en las temporadas de 1988 y 1989, cuidando en Arucas el gran Adolfo “el Pichón”, a quien vemos aquí, extrañamente barbudo, con él:

Adolfo Santana, con el colorado "La Única"

Casualmente me encontraba yo en Las Palmas cuando el colorado “la Única” ganó su segunda riña, ante un colorado de Antonio Hernández. Es por eso que conservo el programa de aquella jornada:


Como se observará, apunté los resultados, por lo que vemos cómo Adolfo obtuvo ese día una mantilla (su ventaja final sería de 27 riñas). Las listas emocionan a cualquier viejo aficionado: Los Palmeros, Sres. García y Mesa, José Gómez Campos, Nicolás Díaz de Lezcano y Muxica, Antonio Hernández, los Dos Amigos de Gáldar, Luis Martínez, Totoño (Díaz y Pérez), Argeo Hernández, Domingo Díaz, Machín (Cardones-Ron Arehucas)...
Este día peleó el colorado con un colorado de Antonio Hernández, pero su pelea estelar sería con un gran colorado de García Cuyás y Adolfo de la Torre, otros dos grandes casteadores. Se dio la circunstancia además de que ambos sumaban cuatro victorias. El colorado “la Única” ganaría en total, como ya dije, siete riñas, cinco de las cuales casi sucesivas. Y sería también, como “La Isleña”, un gran gallo de casteo.
La Única era el nombre de una célebre peluquería del Parque Santa Catalina. Uno de los peluqueros era Juan Sepúlveda, partidario de la gallera de Arucas. Como en unas pechas se mostró entusiasmado por el colorado, Rodríguez Drincourt lo puso a su nombre, apareciendo en los programas como dueño “La Única-Juan Sepúlveda”, tal cual aquí vemos.
Curioso resulta también el origen del nombre de “La Isleña”, ya que era (y es) el nombre de una famosa fábrica de chocolates de Arucas, fundada en 1890 por Gabriel Mejías, un apellido prestigioso en gallos, sobre todo por don José Juan Mejías, presidente tantos años del partido de San José (y por cierto que primo de mi padre, quien también era de Arucas).
He aquí, aunque en blanco y negro, otra foto de “la Isleña”, y seguidamente su árbol genealógico (un documento invalorable), que se complementa con otra rama en que se sumó la sangre de los fantásticos gallos de Luis Machado, que a fines de los 80 y principios de los 90 eran de lo mejor que había en Canarias y con los que castearon muchos de los mejores gallistas de Canarias, siendo magníficos los resultados. Véase también una foto del gallino negro de 4 peleas hijo del cabra retinto de tres peleas de Luis Machado y la cubana negrita de don Ramón.

"La Isleña"


Gallino negro de 4 riñas de Juan Rodríguez Drincourt



domingo, 6 de septiembre de 2020

El giro “La Isleña”

Giro La Isleña

El Mazantini
Con un árbol genealógico similar a las grandes dinastías europeas, nuestro ejemplar de hoy fue el resultado de unos cruces atinados e incluso rechazados por los grandes casteadores canarios.
En una época donde ya no se criaba a las orillas del Guiniguada ni en las huertas del Pambaso, las comunicaciones cada vez eran más fluidas tanto dentro de la isla como con el exterior. Nuestro protagonista posee sangre española, cubana, portorriqueña y carga en sus plumas giradas apellidos como Villegas, Sintes, Rodríguez Marrero, Hernández y Pérez Ascanio, estos dos últimos de Tenerife.
Siguiendo siempre la línea de su madre llegamos a su tátara-tátara abuela, es decir, a una gallina del mejor casteador que ha tenido el archipiélago canario, don José Villegas Afonso, que descendía de sus famosos pintos, y que, al ser ligada con el gallino de Utrera que le regalaron a don Manuel Hernández (hijo de don José Hernández López) dio lugar a otra magnífica gallina: la gallina de don Jaime Sintes.
Remitimos al lector a la historia del gallo cubano campeón de Pinar del Río que se encuentra recogida en el libro de Pedro Cárdenes y en el Diccionario Gallístico Canario. De aquel regalito cubano que le hizo el famoso empresario tabacalero don Eufemiano Fuentes Cabrera a don Ramón Rodríguez (y que a don José Villegas, por cierto, no le convencía), nace la bisabuela de nuestro giro.
Don Ramón Rodríguez persuadió después de muchos intentos a su compañero de partido don José Villegas para que casteara con el gallo cubano e hiciera milagros como él sabía hacerlos. Con esa majadería que caracterizaba al casteador de Tamaraceite y con muy poco interés por esa liga, soltó a la aventura de Dios al cubano con la gallina de don Jaime Sintes, en una finca en la zona de los castañeros en la villa mariana de Teror.
De esa aventura salieron dos gallinas espectaculares, bautizadas como “La Cubana I” y “La Cubana II” de don Ramón Rodríguez. A “La Cubana I” le puso don Ramón el gallo negro de Luis Hernández de dos peleas que había preparado Domingo e Boyero en el Norte, dando lugar a la abuela materna de nuestro giro, la famosa “Cubana teja”.
Reforzando la sangre de la liga, se decide aportar un gallo portorriqueño que se trajo don Alejandro Sánchez Prats de la isla Boricua, dando como resultado la madre de nuestro protagonista: “La Morena Cubana”.
Cuidando Adolfo el Pichón en Lanzarote prepara un giro verde de Eduardo Pérez Ascanio cuyo propietario era Víctor Pérez Ascanio. Adolfo le hizo al giro tres grandes peleas.
Soltado el giro verde, que don Eduardo regaló a Rodríguez Drincourt, en el Cortijo de don Ramón Rodríguez en Firgas, con “La Morena Cubana” nace nuestro héroe entre cercados de plataneras.
Con un peso de cuatro libras o como mucho cuatro uno, nuestro protagonista es preparado por las manos sabias de un gallero palmero, Quico Acosta, en 1984 en la casa de gallos de Arucas. Hizo tres peleas en una temporada y no necesitaba hacer más ya que lo que demostró en la valla venciendo a gallos de élites.
Todas sus peleas fueron en el polideportivo de la ciudad de Telde. Su primera pelea nada más y nada menos con el colorado “Niña María” de seis peleas de don Agustín Cabrera, dejándolo muerto sobre la valla.
Su segunda pelea fue contra el pinto “El Pimpi” de seis peleas de Antonio Hernández de Telde, dejándolo enroscado en el centro de la valla. Debemos  decir que el Pimpi le sacaba cuatro onzas al giro de la Isleña.
Su tercera y última pelea fue contra un muy buen colorado de Pedro Silva de varias riñas, que descendía de los famosos colorados “vinos tintos” de Antonio Hernández.
En su descendencia todos sus hijos fueron gallos extraordinarios. Se le pusieron dos gallinas, una la “cabra-cola larga” de Domingo Díaz y otra la “cola larga” de Manuel de León. Con la gallina de Domingo Diaz salió el colorado de siete peleas de don Juan Rodríguez Drincourt, y con la “cola larga” de Manuel de León salió la raza de los ciegos.
Esta base genética no solo se quedó en la isla de Gran Canaria sino que viajó a La Palma en concreto a ese maravilloso rinconcito del Atlántico llamado Los Llanos de Aridane. Y es que Quico el Malaire se llevó para su tierra un hermano de “La Isleña”, cediéndoselo a José Rodríguez (“El Venezolano”), quien fue por muchos años el mejor casteador de Los Llanos de Aridane.

domingo, 30 de agosto de 2020

Tazacorte-Los Llanos, 1951

Esta fue una temporada inscrita con letras de oro en la historia gallística de Tazacorte. Pelearon gallos fabulosos y Pepe Jiménez (“Pepe el Canario”, ya que era de Arucas), quien tanto había aprendido con el Músico en sus dos temporadas en Santa Cruz de La Palma (y que, en Las Palmas, ya había sido ayudante nada menos que de Pepe Palmero), se cubrió de gloria al ganarle por 19 riñas al eterno rival.
Veamos este recorte de Aire Libre, 25 de junio de 1951, en que se hace un resumen de la temporada, acompañado de una foto del cuidador con su inseparable cachimba:


Aparecen nombrados gallos legendarios, como sobre todo “el Agapito”, “el Pico Pato”, “el de Sabino” y “el del médico Rubio” (por Los Llanos), que al año siguiente protagonizaría la antológica riña con “el Galatea”.
Después de publicado el DGC, me regalaron en Tazacorte una curiosísima libreta de capa dura color rojo, impresa para llevar el registro de las peleas entre Tazacorte y Los Llanos. Se iniciaba en la temporada 1949-1950, de la que sigo sin tener informaciones: ¿quién cuidaba en los partidos? ¿cuál fue el resultado? Los datos que se aportan son muy escasos. Nombres de algunos de los dueños de algunas de las jornadas y plumas y pesos de sus gallos. Pero ofrece el interés de apuntar el castío de muchos de los gallos (padre y madre), que puedo aquí enumerar: López, cabaña, amarillo, perrete, monteverde, Miguel sordo, bizco, despolonado, sacristán, despicado, Pepe Gómez, sacristán, jerezano, jerezano Tullido, blanca Ramos, blanca Tomás, quilla partida. Algunas razas son muy célebres, como los “perretes”, los “cabañas” o los “monteverde”, y algunos aficionados son clásicos: Lope Acosta, Ramos Ferraz, el Tullido, Agustín Monteverde (La Laguna), Pepe Gómez (“el Carpintero”, casteador del “Agapito” y el “Pico Pato”).
Este documento hubiera podido enlucir un museo gallístico de Canarias o de Tazacorte; sin embargo, tristemente, se esfumará conmigo. Peor aún es que, de no haber venido a mis manos, ni siquiera hubiera quedado rastro de él. Siempre me sorprendió que ninguna gallera de Canarias poseyera un archivo. No se guardaba nada, ni siquiera los programas, y cuando se conservaban estos, por lo general alguien, como un directivo que cesaba, se lo llevaba para su casa. Gracias solo a la prensa y a unos poquísimos aficionados que guardaban los de algunas temporadas, pude yo reconstruir muchas contratas.
Una imagen vale más que mil palabras, así que aquí una de las páginas de la temporada de 1951. He seleccionado la que incluye la octava jornada, con “el Galatea” de Policarpo Lorenzo haciéndose con su tercera riña, y la novena, en que ganó su cuarta “el Pico Pato”, o sea el colorado de Policarpo Lorenzo. Se nos da la información añadida de que ese día le ganó este a un gallo que también tenía tres victorias. A la izquierda aparecen los datos de los gallos de Tazacorte y a la derecha los de Los Llanos.


Algún buen aficionado proyectó un folleto con los datos de la temporada, pero ni debía ser muy trabajador ni muy riguroso, ya que solo hizo la portadilla presentación y la ficha que dedica al “Pico Pato” abunda en errores y ni siquiera llenó el espacio de la foto. El “Pico Pato” era un colorado del que se dice en la libreta que su “dueño” era Policarpo Lorenzo, una vez más tropezándonos con el quebradero de cabeza de los programas antiguos, donde venía el nombre del dueño y no el del casteador, que es lo que interesa, y que debía ser Pepe Gómez. Los datos de los pesos están mal, pero es muy interesante la caracterización que hace de este gran gallo “pifión”. En tercer lugar, he escaneado una ficha en papel y máquina diferente, que corresponde al “Galatea”, un gallo que la temporada siguiente realizaría la legendaria pelea con el cinco riñas del médico Rubio. Pero de esto ya hablaremos en la próxima entrada.






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Pepe Jiménez fue una figura gallística decisiva en la isla de La Palma. Muchos cuidadores grandes de las décadas siguientes aprendieron con él, ya que era un gallero fino y muy completo, que todo lo sabía hacer y que en todo se esmeraba. Es sabido que al fallecer, el 7 de mayo de 1965, los gallos de Los Llanos (donde luego cuidó) peleados en la jornada correspondiente llevaron las cintas negras. Un sobrino suyo se trasladó con él a La Palma y fue un magnífico aficionado, que transmitió a sus hijos la afición. Yo conocí en La Palma a dos de ellos, y en Tenerife a Palmerito II, puntal no solo de la luchada sino del partido Norte, donde durante un montón de temporadas ha peleado buenos gallos y a quien aquí aprovecho para saludar, con esta foto en que acaba de preparar en la gallera de Santa Úrsula una de sus  sabrosísimas paellas: