miércoles, 9 de octubre de 2013

Carta del Gallo Quirico

En primer lugar, permítanme felicitarles y agradecerles por toda la información recibida del mundo del gallo en toda la temporada pasada.
Por otra parte, les supongo informados sobre la unión de los eternos rivales, La Espuela y el Norte, que saldrán juntos en una misma gallera.
Pero lo peor de todo no es esto. Por las noticias que me llegan, la han convertido en una gallera para ricos. Si, por ejemplo, en el Norte ya era difícil que entrara la gente joven a pelear sus gallos, que se supone es el aporte al futuro y subsistencia de los gallos, ahora, con las nuevas cuotas astronómicas que quieren implantar, se me antoja difícil que la juventud pueda acceder a este club tan selecto, e incluso los no tan jóvenes y con cierta estabilidad se están planteando el irse o dejar los gallos, con lo cual, en mi opinión, se pone en riesgo el futuro de esta afición.
Rizando el rizo, hasta puede parecer una maniobra para que se quede una minoría (los de siempre) y para que sean sus gallos los únicos que peleen. De ser esto así, flaco favor hacen y poco amor tienen por el mundo gallístico, pues demuestran vivir el presente con bastante egoísmo sin preocuparse del futuro, que es lo que haría cualquiera que ame y sienta de verdad las cosas.
Sana envidia siento por la efervescencia que existe en la Isla Bonita, con todos sus problemas, que también los hay, pero donde la juventud inquieta promueve nuevas galleras, como tengo entendido sucederá la temporada próxima en Tazacorte, donde también se quiere adaptar un local para reñidero, reunión y tertulias y tienda para la venta de productos relacionados por el gallo.
Saludos cordiales,
El Gallo Quirico.

Teguise, 1971


De nuevo se enfrentan, en el Círculo Mercantil de Arrecife y en el Teatro Municipal de Teguise, los partidos de las respectivas poblaciones.
Alejandro Niz, el más fino gallero que ha dado la isla, le gana por segunda vez consecutiva al tinerfeño Carmelo Acosta, que había debutado el año anterior. Si el año anterior Alejandro cuidaba en Teguise y Carmelo en Arrecife, ahora cambian los papeles. Para Carmelo, que seguirá en Teguise, a la tercera será la vencida, ganándole en 1972 a Adolfo “el Pichón”.
La ventaja final de Arrecife fue de 7 riñas. Alejandro llevó siempre la ventaja, menos en una jornada, en que volvieron a empezar.
Este domingo, octava jornada, Arrecife ganó por 3-2 y 2 tablas, aumentando así su ventaja.
Un giro de los Sres. Arroyo se hizo esta jornada con su tercera antorcha, pero el trofeo al gallo de más riñas sería para el melado “Palmerito” de los Hermanos Fernández Ramírez, que hizo cuatro. Aparte los casteadores que aparecen en el programa, Alejandro Niz tuvo buenos ejemplares de Andresito Cabrera y don Francisco Perdomo Spínola.
En la lista de Teguise, Caraor es Domingo Ortega. Otros, aparte los del programa, fueron Casto Martínez, Peña La Salud, Los Sobrinos, Gonzalo Cabrera, Julio Blancas, Pedro González, casi todos bien conocidos de la afición conejera.
Casto Martínez era el representante del coñac Terry, lo que queda bien patente en el programa.
En esta temporada se le hizo un homenaje, con trofeo, a Vicente Guerra, por sus muchos años como casteador y aficionado.
Hubo crónicas tanto en el Diario de Las Palmas como en El Eco de Canarias. Escribía en el primero Armando de León, administrador del partido de Arrecife, y en el segundo Andrés Fuentes. ¡Qué diferencia con los tiempos actuales!
En la siguiente foto, vemos a Alejandro Niz y Carmelo Acosta. Aún los cuidadores (y los soltadores, que fueron Juan Manuel Sigú por Arrecife y Tomás Armas por Teguise) subían a la valla elegantemente vestidos.


miércoles, 2 de octubre de 2013

“El Gallo de Cría”, n. 7


Este séptimo número de la revista venezolana que dirige Manuel Urbano lleva como siempre un póster, esta vez cuatripartito: se trata de la reproducción de cuatro murales que el pintor venezolano Francisco Narváez hizo para la casa de la Hacienda Guayabita, representando el “joropo” (baile tradicional), un “coleo de toros”, el juego de bolas y las peleas de gallos, con que abrimos esta reseña.
Como siempre, se pasa revista a una serie de eventos gallísticos celebrados a lo largo y ancho de la geografía venezolana. Así, el 9º Torneo Toma de Puerto Cabello, en la gallera Los Halcones de El Cambur. El inicio de temporada en el Club Gallístico Páez de Zaraza, con homenajes a aficionados y una “feria de crestones”, destacando la presencia de Rosa Elena Brito, zaraceña que sigue la afición de su marido, y el detalle curioso de unos estudiantes de veterinaria que pasaron consulta gratis a los aficionados. La 4ª Feria de Pollos Crestones y Lisos en el Club Gallístico El Fogón de Jabillote, estado de Anzoátegui. La “jugada gallística” en el Club El Bucare de El Chaparro, municipio de Mac-Gregor. Y la 7ª Feria del Pollo Crestón en la Maestranza de Barcelona (también estado de Anzoátegui), con 67 peleas del máximo nivel, y con participación internacional, en un tiempo máximo cada una de 15 minutos y longitud de 26 milímetros para las espuelas. Otro detalle curioso, en las antípodas de las “científicas” labores veterinarias: marcaron presencia los famosos “curagallos” Juan Carlos Vargas (de Monagas) y Adalberto Berrios (de Miranda), “quienes tras cada combate recibían los gallos malheridos o moribundos y, con sus oraciones, técnicas chamanes y ungüentos amazónicos los dejan de pie, sanos y salvos.”
Interesantes son las visitas a la Cuerda Los Gavilanes, en Maturín, donde las peleas se celebran por la noche, y al Club Gallístico El Danubio Azul de Montalbán (estado de Carabobo), enclavado en una casa colonial. Durante los años 60, recordados con mucha nostalgia, se celebraban peleas los sábados en el Club Comercio de Valencia y los domingos en El Danubio Azul.
Hay un reportaje sobre el embuchamiento, que se atribuye a parasitosis, deficiencia de minerales o cambios en los hábitos minerales. El remedio es el mismo que ha sido conocido siempre en Canarias: bicarbonato, aunque también he oído hablar de sopas de pan. Es necesario asimismo dietar de inmediato a las aves. Desde Puerto Rico, un aficionado recomienda la lechosa madura, la sábila, cebolla picada y salsa de tomate.
Dos aficionados merecen reportaje monográfico. Manuel Barea Figueroa es un conocido gallista jerezano que quiere llevar de nuevo a Venezuela gallos de esa zona tan prestigiosa (la más prestigiosa de España junto a la asturiana y la canaria). Nos enteramos que ello no se lleva a cabo desde hace 20 años, por dificultades legales.
Luis Berrios “un caballero del deporte”, es un joven y gran aficionado portorriqueño, muy inteligente a tenor de las respuestas que da a las muchas preguntas que le formula Ruben Elías Rodríguez. Ya su abuelo era gallero, y a los 9 años le regalaron a él su primera gallina. Hoy es famoso sobre todo por su gallo de casta C11, del que han salido gallos que se crecen en el combate. Este gallo era hijo del Quemao, bisnieto a su vez del Rafaelito, sobre el que hablábamos hace unas pocas semanas, al reseñar el número anterior de El Gallo de Cría. También es bisnieto del Capitán y, por parte materna nieto de un famoso canabuey  o “camagüey”, como dicen ellos. Así se entiende que no haya dado grandes gallos por pura casualidad. El C11 se lo regalaron a Luis Berrios, allá por 1999.
A la pregunta de cuál es su “método de selección” responde: “El primero para la selección es el pedigree, y luego voy a las cualidades que deseo: gallos que sean veloces, fuertes, de estamina, espuela y raza. Siempre selecciono los animales de mejor físico, fortaleza y estatura para comenzar a realizar cruces”. Sobre si usa la consanguinidad, cuestión siempre debatida, responde que sí: “Es necesaria para conservar una buena línea de gallos. Si no se hace así, como llegaron, se perderán. No son muchas las ocasiones en que un criador se encuentra con aves prepotentes y de cualidades excepcionales. Cuando se descubren hay que aprovecharlas al máximo, y esta es la forma adecuada. Podrás fijar cualidades y conservar la línea”.
El gallo de Puerto Rico lo considera “una de las mejores razas del mundo”. Preguntado por los mejores gallos de allí, responde que las descendencias del Rafaelito, El Capitán, El Millonario, El Chispa, El Mujeriego, los Negros de Quiqui Arce, el Gallo negro de Goyo y otros de nombres menos pintorescos y más técnicos. Sobre los gallos orientales considera que el cruce con el gallo portorriqueño quizás los haga superarse en combate, “pero jamás tendrán la velocidad, finura y valentía de nuestros gallos”. De Cuba opina que “ha bajado mucho la calidad de sus gallos precisamente por la influencia de los orientales en muchas de sus líneas”. En Canarias, en cambio, como sabemos, los gallos orientales que llegaban sobre todo al Tazacorte de don Saturnino a fines del XIX y principios del XX, fueron muy benéficos para la raza de gallos canaria.
Este gran aficionado, para quien “ver un gallo en un redondel haciendo un gran papel no tiene precio”, habla luego de su método de crianza y de su plan sanitario, y acaba con este mensaje, a la vez que da generosamente su correo para quien quiera hacerle consultas (luisbe@live.com): “Los países latinoamericanos tenemos muchas cosas en común: idioma, religión, etc., pero en mi experiencia personal, los mejores amigos, de todas partes del mundo, los he conocido en los gallos, desde el más humilde hasta importantes dignatarios”.
El otro reportaje sobre Puerto Rico lo hace el mismo Rubén Elías Rodríguez. Una ley de 1933 eliminó la prohibición de las peleas y las instituyó como deporte en el país, ¡y fue firmada con una pluma de un gallo, llamado Justicia! La ley fue modificada en 2007, considerando los gallos un derecho cultural de los ciudadanos de Puerto Rico. ¡Qué diferencia con Canarias, donde han estado no menos enraizadas, pero donde políticos ignaros y ecoburócratas sin cultura alguna lo que han hecho es hostigar un deporte sano que defiende a los animales y a la naturaleza!
Las peleas duran allí 14 minutos, y se busca en los casteos sobre todo la velocidad. Hay más de 18.000 casteadores, y tres clubes con 84 galleras autorizadas por la Oficina de Asuntos Gallísticos. La instalación más antigua es el Club Gallístico San Juan (“La Muda”), fundado en 1954 siguiendo el modelo del Club Gallístico de La Habana. Donde más peleas se celebran es en la gallera de Las Palmas.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Tenerife, 1970


En esta temporada, los partidos de La Espuela y San Cristóbal no se enfrentaron. Por tanto, el Norte fue el único que tuvo que desdoblarse, lo que le pasó factura a Pablo Amador, ya que, si pudo con San Cristóbal sacándole 10 riñas, perdió ante La Espuela por 5. Cuidaban Domingo Prieto en La Espuela y Manuel Benítez “Salud” en San Cristóbal, sustituido este en las dos últimas jornadas por Álvaro Tapia. El Norte y La Espuela hicieron 12 jornadas y el Norte y San Cristóbal 10. Las peleas se celebraron en el Viana de La Laguna y en El Penitente del Puerto de la Cruz, más algunas en el pabellón deportivo universitario.
Especialista en capotes, Pablo Amador sumó otro esta temporada, ante San Cristóbal. Sus gallos de bandera fueron un gallino de José González Pérez. O sea Pepito el canario, que le hizo tres peleas, y el famoso melado de Luis Machado, que llegó, siempre en sus manos, a la octava.
El programa que tenemos aquí es el de la penúltima jornada entre los dos discípulos de Pancho, que fue en la que Domingo, ganando por 5-2, se proclamó campeón, con un melado de Totoño. Dato curioso es que el colorado de La Espuela fuera a nombre de los “Sres. Empleados de La Tarde”, rotativo donde por aquel entonces informaba, y muy bien, José Antonio Pulido.
Los mejores casteadores que tuvo La Espuela en la temporada fueron Bernabé Marcelino, Miranda y Fortuny y Manuel Reyes García. Precisamente un gallino del primero, con cuatro riñas, fue el gallo campeón. Tres le hizo a Domingo un colorado de Miranda y Fortuny.
Fue esta una temporada muy importante para el partido de la Vuelta de los Pájaros, ya que no ganaba desde el año 1962, con Pancho el músico.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Un homenaje a Valerio Giménez


Desde hace algunas décadas, Manuel Urbano está empeñado en el rescate de la memoria gallística de su país, Venezuela, lo que compatibiliza con la información de la actualidad más vibrante, de tal modo que ahora mismo salen a la vez el número 7 de su revista El Gallo de Cría y un precioso folleto sobre un aficionado que es toda una referencia en Venezuela: Valerio Giménez. Recordemos que hace un par de meses reseñábamos en esta misma página otra publicación del mismo cariz: La verdadera historia del Negro Antonio, en ese caso dedicada no a un gallista sino a un gallo legendario. La nueva publicación de Manuel Urbano viene igualmente muy ilustrada, y con algunas imágenes documentales muy valiosas.
La afición venezolana a los gallos tiene grandes pergaminos, y de hecho los héroes de la independencia, que supieron echar a los españoles antes que nadie, eran grandes aficionados. Luego, la afición, con algunas lógicas transformaciones, ha seguido su andadura hasta el presente, de modo ininterrumpido.
Valerio Giménez fue la figura gallística número uno de Valencia, la capital del estado de Carabobo. Nacido en 1928 en el seno de una familia adinerada, viajó regularmente por España en los años 50, conectando con muchos aficionados, aunque es una pena no se haya dado un salto a Canarias, donde por aquel entonces había casteadores, cuidadores y gallos absolutamente fuera de serie.
En esa década ya fundó la Gallera de Santa Rosa, que se convertiría en seguida en la más importante de Valencia. Valerio reconocía haber tenido dos maestros: el coronel Abelardo Trilla, que le enseñó a “clasificar” y “arreglar” los gallos, y el Negro Machado, que estuvo con él desde que era niño, un hombre honrado y un ardiente defensor de los gallos, su maestro en la valla, que llegaba a la cuerda de Santa Rosa siempre a la una de la tarde. Es una pena que de este personaje, varias veces referido en el libro, no venga ninguna foto, seguramente porque no se ha encontrado ninguna.
El perfil de Valerio Giménez hace pensar en esos grandes aficionados que, como suele decirse, parece que han nacido para los gallos, como en Canarias un don Fortunato, un Pancho el Músico o un don Pepe Melquiades. Era un artista haciendo espuelas, sabía clasificar los gallos como pocos y sacó gallos extraordinarios. Valerio era el único aficionado de Valencia que la representaba en los eventos interestatales, y su presencia en cualquier acontecimiento gallístico lo realzaba inmediatamente. No vendía los gallos, sino que los regalaba, y en una ocasión, a un aficionado que se acercó para comprarle uno, le respondió: “Usted debe tener mucho dinero, porque a mí todo el mundo me pide gallos y usted desea comprarme uno”. Como buen aficionado, era supersticioso, aparte un devoto de San Antonio. Les tatuaba sus iniciales a sus gallos debajo del nacimiento de un ala. No le gustaban los patas largas por su inestabilidad en la pelea, y en su gallera de Santa Rosa predominaban los zambos, o sea colorados. Pero sobre todo era un as haciendo espuelas, que se caracterizaban por su fineza; muy curioso es también que buscara como casteador los gallos de espuelas naturales que pudieran pelear con ellas.
La “cuerda” de Santa Rosa llegó a tener 300 gallos, y fueron célebres las tertulias gallísticas que allí se hacían. Manuel Urbano, al principio del libro, hace un recorrido documental por los lugares de Valerio en Valencia, recorrido muy melancólico, ya que se aprecia la erosión despiadada del tiempo, sobre todo por lo que se refiere a Santa Rosa. Una de las fotos muestra, ya vacía, la pajarera en que tenía Valerio sus pájaros, su otra gran afición deportiva, ya que dejamos de lado las del whisky y las mujeres (como es sabido, los aficionados a los gallos han sido siempre grandes mujeriegos). Valerio se especializó en los pájaros picos de plata negros de canto fino, y también fue número uno en ellos. La afición pajareril era en Valencia tan grande como la afición gallística, y también aquí podríamos evocar a muchos aficionados canarios a los pájaros, incluidos cuidadores de primera fila como Pablo Amador o Adolfo “el Pichón”.
(Abro un paréntesis sobre los años venezolanos de Pablo Amador. Sabemos que cuidó gallos allí, a fines de los años 50, pero nunca le preguntamos a quién. De haberlo sabido, hoy podríamos averiguar cosas. Pablo nos hubiera podido hablar mucho de la afición venezolana de aquella época, que también conoció Neno Pereira, quien por cierto llegó a encontrárselo por aquellos lares.)
Valerio, gallero eterno incluye varias entrevistas a aficionados que lo conocieron, e incluso una a él mismo, en la que habla de sus mejores gallos, en particular “el Catire” y “el Submarino”, que le hizo siete riñas y al que enterró en un rincón del patio de Santa Rosa. Entre las entrevistas descuella la hecha a Germán Monserrat, que estuvo con él treinta años y que siguió en Santa Rosa tras su muerte y hasta la suya propia. Estas palabras suyas merecen citarse:
“Uno se mete a gallero porque le gustan los gallos, no porque esté esperando una recompensa especial de tan esclavizante actividad, aparte de que la paga de los galleros deja mucho que desear. Valerio Giménez me trató bien y por eso me quedé con él todos esos años”.
Felicitamos a Manuel Urbano por esta bella publicación gallística, porque está muy bien hecha y trabajada, y porque siempre es bonito recordar a los que han sido grandes aficionados.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Puerto de la Cruz, 5 de junio de 1969


Esta fue una jornada de peleas absolutamente extraordinaria, en coincidencia con la celebración del Corpus en el Valle de La Orotava.
Se enfrentaban en el Puerto de la Cruz los dos campeones de la provincia de Tenerife: Pablo Amador (Norte) y Añón León (Tazacorte). Pablo le había ganado tanto a San Cristóbal como a La Espuela, mientras que Añón, con su hermano Maso, había derrotado a Los Llanos, donde cuidaba “Piquito”.
Estas peleas las recuerda perfectamente Totoño, por lo soberbias que fueron. También las debe recordar Felipe Reyes, ya que encabeza la tanda norteña uno de los primeros gallos que se pelearon a su nombre como casteador, cuando aún era un muchacho.
Se congregó numerosísimo público, atraído por la fama de los gallos de Tazacorte y por la espectacular tanda del Norte, cuyos gallos sumaban 9 peleas (en esta temporada, ya que un par de ellos tenían más, de otros años). Por suerte, hay una crónica de “Pica y Bate” en La Tarde que nos permite reconstruir la jornada.
Gana la primera Tazacorte, que de entrada desequilibra al gallo del Norte. Al pelear el gallino de los Hermanos Acosta Gómez muy atravesado, hiere poco y tarda algo en anotarse el triunfo.
En la segunda empata el Norte en muy buena pelea. Desde que los sueltan, se tiran como los gallos buenos, resultando muy malherido con una vena baja el giro. El melado pelea muy bien y tira a dar con las espuelas como los gallos buenos, y acaba rematando. Finos gallos, tanto el giro de Braulio Acosta como el melado de Domingo Hernández Luis, uno de los grandes casteadores del Norte y, como es sabido, padre de Argeo Hernández, que luego se consagraría en Gran Canaria. El melado se hacía con su tercera victoria.
Se adelanta de nuevo Tazacorte en la tercera. Venía mejor este colorado de dos peleas, un gallo nervioso, revoleador y pronto de pico. Domina al giro de Pepe Borges Acevedo, pero el colorado domina siempre, es heridor y no desaprovecha un tiro sin dar con las espuelas. El giro mostró mucha casta.
3-1 para Tazacorte, con el gallo que más dio con las espuelas. Ambos son palmeros, y no se olvide que los fabulosos “cabras” de Luis Machado vienen de un gallo de Mateo Cedrés, aunque no peleado en el Norte sino en la Nueva algunos años después. Herido el naranjo de entrada, ya el giro no lo perdona, tirando con pulso y puntería.
En la siguiente, ocurre lo contrario. Ya en los revuelos es cogido en un ojo el melado palmero. Pierde el equilibrio y lo aprovecha el melado tinerfeño, que tira mucho a dar con las espuelas y se lo quita sin tardanza de delante.
Empata el Norte, y la bolsa lo pone todo al rojo vivo. Segundo gallo de Domingo Hernández Luis con dos riñas, y segundo que gana su tercera. Es un gallo peleador, pronto de pico, brioso y muy heridor. Va colocando a su gusto al melado y, cuando lo enfarola, lo deja dando vueltas de campana.
Pero lo grande aún estaba por llegar. Esta fue la mejor pelea de la temporada en la isla de Tenerife. Aquí cedemos por completo la palabra a “Pica y Bate”, añadiendo que el giro de Melchor Acosta era conocido como "el Chicho":
“Había mucho nervio entre los simpatizantes de ambos partidos, y en la valla, por el Norte, un gallo de primerísima calidad, de esos que se ven de año en año: el giro de 5 riñas de nuestro «silencioso» amigo don Melchor Acosta, de Garachico. Por Tazacorte, un colorado nuevo del conocido casteador don Lope Acosta. Desde que los sueltan hay nervio en ambos animales. Tiran como los grandes gallos. Luego el giro resulta tuerto y el colorado muy malherido. La pelea es un continuo forcejeo de dos buenos gallos. El público está tan emocionado que ante la idea de que de aquella riña dependía el vencedor y ante lo nivelado de la pelea, comienza a dar gritos pidiendo que den tabla. Los nervios invaden el ambiente. Aquellas dos fieras se siguen tirando para quitarse delante, y los soltadores, ante la aprobación del público, se deciden por la tabla, decisión que fue rubricada con una enorme salva de aplausos. Fue sin duda alguna el broche más deportivo que podía poner final a una contienda de dos gallos de calidad”.
Había un espectador que se acordaría de grandes jornadas gallísticas protagonizadas por él: Francisco Dorta. Lo invitaron a subir a la valla, como dice Pica y Bate, “para que también fuera objeto de aquel derroche de entusiasmo y deportividad”.
Una jornada excepcional, pues, y que concluyó con el más merecido resultado: 3-3 y una tabla.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Tenerife, 1969


Sigue la marcha triunfal de Pablo Amador en esta temporada tinerfeña, ganando por tercera vez consecutiva. A Anastasio en San Cristóbal le gana por 8 riñas, con capote rabón incluido, y a Domingo Prieto en La Espuela por 11, con dos mantillas incluidas. Por su parte, Domingo le saca 4 a Anastasio, pero endosándole de paso el único capote de la temporada, en una jornada en que llevó cuatro gallos peleados.
Pica y Bate, o sea Asdrúbal Bethencourt, alude en la prensa a la “briosidad característica” de sus gallos. Como dato interesante, digamos que en la temporada anterior y en esta tuvo Pablo en el Norte a un ilustre ayudante: Roberto Hernández.
El programa que hoy reproducimos es el del capote rabón a Anastasio. La única pelea que logró entablar San Cristóbal fue la última, escapando así al capote redondo en el último momento.
El gallino “Hebreo” de José González Pérez (“Pepito el canario”, gran aficionado que vivía en La Orotava), ganaría aún otra riña, pero las estrellas volvieron a ser dos grandes gallos veteranos: el gallino de Torrents y el giro “el Chicho” del garachiquense Melchor Acosta. Un gallino de Luis Machado también le hizo a Pablo tres riñas en este año.
En San Cristóbal, un gallino de Juan Cabrera hizo 4 riñas, y un melado de los Melquiades y un giro de Manuel Pérez Cruz ganaron 3. La Espuela, en cambio, no tuvo ningún gallo de 3 riñas.
Las peleas volvieron a celebrarse en el Viana y en El Penitente, donde Pablo nunca perdía.
Anastasio aún se estaba haciendo como gallero, mientras que Domingo Prieto, como de costumbre, falló por su irregularidad. Cuando Domingo llevaba bien los gallos, le daban mucho con las espuelas, y en eso se parecía más que nadie a su maestro “el Músico”, pero Pablo, que los llevaba más requintados, era más regular y jamás desfallecía. Lo que siempre caracterizó al “Músico”, desde que empezó hasta que acabó, es que sumaba todas las virtudes de los demás galleros. Los demás flaqueaban en una o en otra cosa.
Acabada la temporada se celebraron unas peleas del campeón de Tenerife con el de La Palma: Tazacorte, donde cuidaba Añón. Esas peleas fueron sensacionales, las mejores de la temporada, pero de ellas hablaremos el próximo miércoles.