miércoles, 27 de julio de 2011

Adrián Mederos

O simplemente Mederos. Ha sido, con Gonzalo Alberto y Tato Reyes, el estandarte de la afición güimarera en las últimas décadas.
Procedente del Valle de Aridane, arribó muy joven a la bella tierra sureña, combinando su afición futbolística con la gallística, siempre sacando gallos y siempre colaborando en primera línea con su partido.
En la veintena de años que asistimos a las peleas en Güímar, nunca faltó la presencia incomparable de Mederos, con un buen habano entre los labios y vendiendo la rifa del cabrito. Mederos destaca por el señorío de su presencia amable y cordial, y su vozarrón y maneras de maestro de ceremonias lo convertían en la persona indicada para subir a la valla con vistas a informar de algo o a hacer una entrega de premios.
Por mi parte, considero una fortuna haber podido tratar a una persona tan llana, tan caballerosa y tan desbordante de simpatía. Con Gonzalo o Tato, ya citados, pero también con Juan Reyes o Antonio el Cenizo, Mederos expresa muy bien la grandeza de una afición modesta, de gente tan trabajadora como generosa, a la que debo tantas horas de la compañía más grata que se puede disfrutar.

Domingo “el Boyero”, 1957

Este reportaje de una revista alemana tiene el valor añadido de ser la primera vez en que aparecían unas fotos gallísticas canarias a todo color.
El turismo germánico en el Valle de La Orotava propició este curioso reportaje, que atesora Domingo García en su casa de la Calle Verde, ubicada en el corazón de la Villa.
Estaba entonces la casa de gallos en La Asomada, y por supuesto cuidaba en ella Domingo Morales “el Boyero”, de quien Domingo García guarda un recuerdo entusiasta, como ocurre con tantos aficionados del Valle.
Aparte un cuidador extraordinario, “el Boyero” era una persona sencilla y reservada, de pocas pero esenciales palabras. Un hombre de una época que ya desapareció, arraigado en la ruralidad aruquense y para quien todo era la seriedad y el trabajo.
Menos conocido es que tuvo algunos años de ayudante a otro gran aficionado de Gran Canaria, nada menos que “el Moño”, quien en las lides pugilísticas era conocido como “el Terrible”. Aquí aparece con él en la quinta imagen, poco antes de que volviera a su isla para cuidar muchas temporadas.

Pancho Suárez

Conocido también como “el Pollo de los Campitos”, Pancho Suárez fue uno de los más grandes luchadores tinerfeños de todos los tiempos.
Con casi cien años, aún asistía todos los domingos a las peleas que se celebraban en Valle Jiménez.
Muchísimos han sido los luchadores aficionados a los gallos, a veces incluso casteando gallos. Y es que estas son las dos aficiones más canarias que han existido: la lucha y los gallos.
En Valle Jiménez lo fotografiamos hace una década, y precisamente con otro luchador: Santana, “el Rey de la Cadera”, quien siguió algunos años asistiendo a las peleas como partidario de La Espuela.

miércoles, 20 de julio de 2011

Francisco Dorta, 1934

En esta gran foto, otra de las capturadas por “el Mazantini” en la red –concretamente en el catálogo de la Fedac–, vemos a Pancho “el Músico” cuando cuidaba en los años 30 en el partido de Triana.
Aunque se dice que es de 1936, esta foto es de 1934, ya que en ella aparece el Maestro con el célebre giro de Barrios, que peleaba a nombre de Manuel Hernández. La historia de este gallo está contada en la página 84 del “Diccionario gallístico de Canarias”, donde hay otra foto del “Músico” con este gallo. En total se hizo tres fotos con él, lo que revela el valor que le daba.
Don Fermín Romero Montenegro, el gran cronista de Las Palmas, dijo de él, tras una de sus peleas: “Algo extraordinario, un fenómeno, una ametralladora disparando sin cesar y en todas direcciones, sin que le hagan mella ni las circunstancias ni los enemigos”.

Tres figuras del Valle de Aridane

En esta foto vemos a Roberto Hernández, José R. García González (“Pepín”) y Pedro Pérez.
Cuidaba Roberto en la gallera de Los Llanos, que presidía ese insuperable aficionado que es Pepín, y su ayudante no era otro que Pedro Pérez, quien luego haría una serie de temporadas estupendas, ganándole incluso a Roberto.
Roberto Hernández ha sido uno de los grandes cuidadores palmeros de los últimos 50 años, ya que debutó, muy joven, en 1960, y precisamente en Los Llanos. A punto estuvo de cuidar el año pasado allí mismo, pero se lo impidió un inesperado problema de salud.
A Pedro esperamos verlo cuidar la próxima temporada, ya que es, con Samuel Mateo, el mejor de los cuidadores más jóvenes, y la afición no puede permitirse que hombres como él estén fuera de la cuida gallística.

El "Patas Verdes" ganó siete peleas

Una errata al comentar la séptima riña que hizo el "Patas Verdes" de las señoras García y Barreto debe ser corregida, y ya lo hemos hecho.

Al leer dicho comentario, se daba a entender que este fantástico gallo había perdido esa riña ante un colorado de Pablo Hernández (el gran aficionado de Los Llanos más conocido por "Cayo").

No fue así, ya que el retinto ganó, aunque tardara más que en las seis ocasiones anteriores.

Lástima no haber tenido estas informaciones antes, ya que le hubiera yo hecho una entrada a este gallo -uno de los mejores que yo he visto en mi vida- en el "Diccionario gallístico de Canarias".

Puerto de la Cruz, 1908

Así, en la primera página del periódico, se anunciaban las peleas de gallos entre los partidos del Puerto de la Cruz y La Orotava el año de gracia de 1908.
Esa temporada fue sensacional, y está comentada en la página 528 del “Diccionario gallístico de Canarias”. Cuidaban Solís en el Puerto y Antonio “el Redoblante” en La Orotava. Pero un cuidador muy superior a ellos asistía a las peleas como espectador (y casteador): era el Maestro Severiano, de quien aprendió Adolfito, a su vez maestro de Pancho. Esta figura de Guía de Gran Canaria era prácticamente desconocida hasta hace bien poco, ya que solo Asdrúbal Bethencourt se había referido a él, por habérselo oído nombrar al “Músico”.
Las peleas, en ocho jornadas, congregaban la friolera de mil personas, según información del propio “Diario del Norte”. Era lo contrario de la actualidad: mucho público y pocos casteadores, pocas peleas y gallos de calidad extraordinaria, entre los que es obligado nombrar al “Banderín”, que cuando perdió hizo pegar un legendario grito de alegría a Severiano, ya que dos semanas antes le había tumbado a un gran giro. Al acabar las peleas, la chiquillada del Puerto cantaba estos versos recordados por Pancho en sus “Memorias”:
“Mató Miranda a Cosmito,
Bethencourt mató al Picón,
Don Maximino al Negrito
Y Severiano dio un grito
Cuando el Banderín perdió”.
No era para menos, ya que se trataba de la última jornada y en ella lograba proclamarse el Puerto campeón por dos riñas de ventaja.
El pinto de Cosmito Lugo era otro gran gallo, de cuatro riñas. El colorado “Picón”, de don Nicolás Hernández, también ostentaba cuatro antorchas, y cayó ante el “Pica-Pica” de Bethencourt (“gallo melado diestro, jugador y de espuelas como el sol”). Por último, el “Negrito” de don Federico Padrón cayó ante un gallino negro lanzaroteño del tal don Maximino.
Aún habría unas peleas del Puerto contra Santa Cruz, donde cuidaba Adolfito, famosas por haber subido a la valla uno de los grandes gallos tinerfeños de todos los tiempos: el “Centén de América”, retratado en uno de las más bellas fotos de gallos que se hayan hecho nunca y que los buenos aficionados sin duda conocen.