miércoles, 10 de agosto de 2011

Rony, rey de los capotes



En las dos últimas temporadas, el resultado más espectacular de todas las contratas del Archipiélago lo obtuvo Samuel Mateo, cuando el año pasado le ganó a Güímar, donde cuidaba José Carlos, por un papayazo (8-0).
El mérito de Rony, aunque sin enfrentarse a un cuidador como José Carlos, pero sí a muy buenos gallos, es todavía mayor: tres capotes en dos temporadas, y dos de ellos al partido campeón, o sea Los Llanos.
El año pasado, en la cuarta jornada, se lo endosó a Los Amigos del Sur, ganándole un gallino de los Hermanos Santana Adán, dos colorados y un giro de Jesús David Santana, un giro y un pinto de los Sres. García y Mesa y Eduardo Fuentes y un colorado de Peña La Piedra. Solo el pinto era repetido, mientras que los contrarios traían dos gallos de una pelea.
A Los Llanos, Rony le ha ganado por capote rabón y por capote redondo. El capote glorioso tuvo lugar en la décima jornada de esta temporada. Su septeto de ases se compuso esta vez de un colorado y un gallino de los Sres. García Mesa y Eduardo Fuentes, un colorado de la Unión Palenque, un giro de Agropalma, un colorado “comanche” de los Hermanos Santana Adán, un colorado de José Luis Martín y un melado de Antonio Hernández. Esta vez tres gallos tenían una riña, mientras que por Los Llanos venía un melado de una riña de Raúl Medina y un colorado de dos de Manuel Acosta Lorenzo, el campeón de la última edición del Pollo de Oro.
Estos capotes han consagrado a este excelente cuidador dominicano, que trabaja solo en la casa de gallos y siempre con la mejor de las disposiciones. Su simpatía y su entusiasmo lo han hecho acreedor de la estima de los aficionados. Y encima logra estos resultados espectaculares, de los que se ven muy pocos a lo largo de la temporada, y a veces ninguno.
Quien se enfrente a Rony verá pesar sobre él la espada de Damocles de los capotes. Basta ir perdiendo con él las tres primeras riñas para que esa amenaza se cierna. Por nuestra parte, esperamos que siga aumentando su cosecha, para que se sitúe a la altura de los grandes confeccionadores de capotes canarios. Nuestros campeones son hasta el momento Pancho el Músico, Pablo Amador y Toño el Rebotallo, cada uno con 7 capotes en su haber, al menos por los datos que tenemos. Pero Rony va a capote por temporada...

Marín Gómez, presidente de La Espuela

Marín Gómez, hombre clave desde hace un par de décadas en el partido de La Espuela, ha tomado las riendas del histórico partido. Le deseamos éxito en su difícil labor, ya que hoy no es nada fácil llevar una casa de gallos.
Marín Gómez es uno de los hijos –todos ellos aficionados a los gallos– del extraordinario casteador de Tazacorte Manolín Gómez. Al venirse a vivir a Tenerife, nada fue para él más natural que entrar en el partido de La Espuela, donde siempre ha habido una conexión con La Palma. No solo Marín ha sido un casteador con buenos gallos, sino que durante muchas temporadas ha sido el soltador de su partido, realizando siempre su labor con entrega y con honradez, sin los chanchullos en que incurren otros.
En esta foto lo vemos precisamente sobre la valla, en una de las clásicas confrontaciones con el Norte. A la izquierda, otro soltador bien conocido, Pedro el de las Tapias, y en el centro Antonio Galapún, soberbio aficionado también del Valle de Aridane y también instalado en la Isla Picuda.

Teatro Atlante (La Orotava), 20 de mayo de 1951

Los aficionados tinerfeños que asistieron a las peleas de este día y aún viven –pensamos, por ejemplo, en Eduardo Pérez Ascanio, Antonio el Crusantero y Orlando Dorta–, sin duda que las considerarán las más emocionantes que han vivido, al menos en Tenerife. El Teatro Atlante se llenó hasta los topes para ver la jornada decisiva entre el Norte y La Espuela. Iba ganando el Norte por una riña, pero una jornada antes llevaba el partido del Valle la cómoda ventaja de 6 riñas.
Hay que situarse en la época. El Norte disfrutaba de una hegemonía sobre La Espuela: mejores campos, mejores gallos, mejor casa de gallos. A fines de la temporada 1949-1950, se hace cargo de La Espuela Francisco Dorta, tras que las peleas en Las Palmas se suspendieran por la peste aviar, que fue asoladora en los años 50, sobre todo en Gran Canaria. El estado en que se encuentra la gallera de La Espuela es desolador, poco menos que necesitándose partir de cero. Es lo que Pancho hace, pero cuando se abre la gallera en diciembre, los gallos son pocos y parece una misión imposible ganarle al poderoso partido del Norte, donde encima cuida Domingo el Boyero, un hombre que jamás se deja dormir en los laureles.
Para Orlando Dorta, que ya vivió con su padre las gloriosas temporadas del Cuyás en los años 30 y 40, o sea cuando ya era una proeza derrotar a San José, una gallera muy superior a la de Triana, esta fue la temporada más meritoria de su padre, ya que con pocos gallos, repetidos muchísimas veces, y en ocasiones sin las condiciones adecuadas, consiguió entablar la temporada en la última jornada.
Como se verá en el programa por los datos que escribió don Florencio González, el joyero de La Laguna a cuya hija debemos la propiedad de tantos documentos gallísticos, hubo muchos cambios en este tremendo día de mayo. Tres por cada partido.
En la primera riña sube a la valla el melado de 8 riñas de don Jerónimo Pérez. Este colosal gallo había peleado la semana anterior, ante un colorado de don Pedro Rodríguez de 4 riñas. Los gallos se tocaron de entrada y se quedaron fijos. Pancho dijo de su gallo: “Si lo pica, lo mata”. Y así fue. Ahora se las ve con un melado grancanario de don José Villegas, que tenía dos riñas, y al que liquidó a los 2 minutos y 42 segundos. La temporada estaba entablada y se volvía a empezar.
En la segunda riña, gana el Norte y así vuelve a ponerse por delante. 1 riña tenía el giro de los Sres. Acevedo –los mejores casteadores del Norte– y 2 riñas el giro de Pedro Dorta. De este gallo decía Pedro Dorta que venía de la gallina “Tamarán”, una de las mejores de Gran Canaria. La pelea duró 13 minutos.
La pelea más esperada de la jornada fue sin duda la tercera. 8 riñas sumaba el fantástico giro negro de los Hermanos Crusanteros, así llamado porque lo había criado uno de estos seis hermanos. Con el Boyero ganó dos peleas en el 49, 3 en el 50 y 3 este año, todas extraordinarias. Este año había peleado en las jornadas 8, 10 y 12, ganando en los tiempos respectivos de 1:20, 5:17 y 3:59. Pero cae ahora, en 7:17, ante un colorado palmero que venía a nombre del capitán Hodgson. El giro negro comenzó bien, y hasta la tenía ganada, pero un toque de cuerda lo dejó inútil. Cosas de los gallos. La foto de este gallo mítico puede verse en la página 362 del “Diccionario Gallístico de Canarias”.
De nuevo se volvía a empezar. Casi 30 minutos duró la cuarta riña, ganándole un giro de don Felipe Machado a un giro repetido de La Palma. Las cosas se ponen bien para el Norte, ya que también gana la siguiente, con un giro de 3 riñas del mismo casteador, que le gana a otro colorado palmero. 10 minutos.
El de la última del Norte pasó a la sexta, perdiendo ante un colorado de Gregorio Cubas en 55 segundos. El Norte seguía con la ventaja de 1 riña.
Mal se las veía Pancho, ya que el giro de la última venía incluso tuerto. No había gallos en la gallera de Santa Cruz, y de hecho los gallos de la cuarta, la quinta y esta última estaban en pésimas condiciones. Ya los otros dos habían perdido, y el de la quinta lo había peleado Pancho en otra jornada, huyéndose.
Pero este era un gallo de verdadera raza. Lo había traído de La Palma un hermano de don José Arnay, el dueño del gallo “Gente”, y decía que este giro era hermano del fantástico gallo “Gente”. Se enfrentaba a un colorado palmero a nombre de Miguel Lorenzo, el padre de Elías Lorenzo, que hasta hace una decena de años acudía a nuestras peleas, y casteaba por último con Antonio el Calvo y nuestro malogrado amigo Sarín. Como anota don Florencio, esta fue “la del lío”. Con los gallos muy malheridos, y bien pasada la media hora, Cecilio Acevedo se lleva su gallo, alegando que el otro no picaba (pero encima sin levantar el suyo), y pierde así la pelea. Aquello fue la de San Quintín.
Para La Espuela, en las condiciones referidas, la temporada fue un triunfo, que se confirmaría al año siguiente. Tan contentos quedaron los aficionados, que banquetearon a Pancho en el Hotel Camacho de Tacoronte.
En el programa aparece uno de los gallos sensacionales de la isla tinerfeña: el “Piedras Vivas”. Su imagen aparece en los programas del Norte desde los años 40 hasta el siglo XXI. Un gallo tan feroz que picaba hasta las piedras, y de ahí su nombre verdaderamente surrealista.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Homenaje joselito a Pancho, 1960

Francisco Dorta, que durante tantas temporadas derrotó al poderoso partido de San José, acabó siendo reconocido por este partido como lo que era: el mayor gallero de todos los tiempos. En 1960 le rindieron sus aficionados homenaje, y a ese homenaje pertenece esta foto. Lugar: el Club 31 de Las Palmas.
De izquierda a derecha están José Villegas, Fernando Falcón, Eduardo Pérez Ascanio, Isidoro Puga, Fernando Arencibia (sentado) e Ignacio Regidor.
Todos fueron grandes casteadores, pero en especial Villegas, Fernando Falcón y Pérez Ascanio, que es el único tinerfeño presente.
La admiración de Villegas y Pancho era mutua. Para Villegas no había cuidador como Pancho, y para Pancho no había casteador como Villegas. Es una pena que no aparezca otro gigante de la gallomaquia canaria: don José Hernández López, pero al dispararse esta foto se encontraba sentado de espalda. Otros presentes eran nada menos que Pedro Cárdenes y José Araña.
No debió faltar el humor de genio en esta jornada canaria, ya que el homenaje era también al “Gato Maruca”, no solo un gran cuidador, sino el personaje más fantástico que ha tenido la afición de las islas.
¡Cuánta sabiduría gallística se dio cita aquel día de junio de 1960 en el Club 31!

Tiempos felices

En esta foto íntima vemos a dos aficionados excepcionales, que fueron grandes amigos toda la vida: Pablo Amador (con el cigarrillo) y Emilio de la Cruz (sentado, con chaqueta negra).
Se celebraba la boda de Pablo Amador, uno de nuestros grandes cuidadores y maestro de cuidadores, así que a su derecha aparece su mujer, que era natural de Las Palmas y una persona encantadora, a quien aún hoy visitamos en su casa de La Laguna. Pepita Marrero Bolaños, muy generosamente, nos facilitó hace unos pocos años todo el material gallístico que tenía de su marido, cuyo recuerdo, en su casa de San Honorato, surge desde que uno entra en la casa: una foto del Maestro sobre la valla (por cierto que sacada por nosotros) y un bello cuadro de dos gallos en revuelo. En la sala de estar, las fotos de algunos de los mejores gallos que peleó en su era dorada de San José.
Emilio de la Cruz es uno de los más grandes aficionados que ha dado Santa Cruz de La Palma. Grandes gallos le pelearon Israel Vargas, Carmelo Acosta y el propio Pablo, e incluso hace un par de temporadas tenía un par de espadachines invencibles, que pasaron de las diez riñas.
Bella instantánea de momentos tan sencillos como felices, que la vida a veces nos brinda.

Teatro Atlante, 11 de abril de 1948

En esta temporada, debutó “el Boyero” en el Norte, nada menos que ante “el Foño”, que tenía una buena casa de gallos, pero que acabó perdiendo por 7 riñas.
Los programas muchas veces no nos dicen lo esencial. Y lo esencial en este es que el gallo de La Espuela que peleó en la segunda no era otro que el famosísimo “Perillón” de don Adolfo “el Tejinero”, en su quinta pelea. Tal impacto causó en la afición que al año siguiente su estampa aparecería en los programas de La Espuela, y por muchas temporadas.
Orlando Dorta recuerda aun hoy estas riñas perfectamente. El primer gallo era un hermano del “Perillón”, grande, cabezón, que ganó de tres o cuatro tiros.
La pelea del “Perillón” dejemos que nos la cuente “Pica y Bate (“El Día”, 14 de abril de 1948), añadiendo tan solo que el gallo del Norte venía preparado para él:
“El silencio es enorme. Se encuentra en la valla el célebre Perillón, de don Adolfo González Rivero, por Santa Cruz, y por el Norte un colorado de los señores Domínguez y Casanova. El público del Norte está a la expectativa para armar la de San Quintín si pierde el gallo tejinero. No se cruzan apuestas, dada la calidad del Perillón. Sueltan los bichos y desde los primeros revuelos se observa que ya el colorado está herido. El público se levanta de sus asientos. La emoción aumenta por segundos, al aparecer el Perillón con sangre en un cachete. Está herido cerca del pico. Mete el pico y falla. La herida ha surtido efecto. Bate el de La Orotava, pero materialmente está desarmado, muy herido en el pecho, y carece de energías. El Perillón pierde su característica acometividad. No sabemos si será por no tener ganas de pelear o por heridas internas. El público grita, como deseoso de alentar al colorado, pero la extraordinaria calidad del bicho de don Adolfo no tiene límites. Tan pronto se nota herido, acaba con su rival, rindiéndolo muerto a sus plantas a los 6’34 minutos, entre la gran ovación de todos los buenos aficionados”.
Tras tanta euforia, La Espuela perdió todas las restantes, subiendo a la valla por el Norte tres gallos de los Acevedo, que esta temporada tuvieron, como de costumbre, gallos fabulosos en cantidad, y la estrella del Norte: el colorado de Juan de la Cruz. Este gallo ganó este año cuatro riñas, y volvería a pelear a la temporada siguiente. En esta largó a su rival patas arriba, tras no dejarlo ni pestañear.
El giro de Mateo Trujillo había peleado en la tercera jornada, y lo recuerda Orlando Dorta como un giro pinto maravilloso. Si la otra vez empleó hábiles salidas, ahora, herido en los revuelos, le cede el terreno picador al giro de los Acevedo y pierde a los 8 minutos. Pero ojo, porque no solo “el Foño” lo volvió a pelear, sino también “Caballerito” al año siguiente. Era un gallo de espuelas naturales enormes, pero esta vez, por malos consejos, “el Foño” se las recortó y no dio ni un tiro. Buenos gallos tenía Mateo Trujillo.
El de la sexta era del propio “Foño”, un buen giro negro picón, de patas negras. Pero cogido de oído, se queda dando vueltas. Dos riñas tenía ya el de los Acevedo, que entró con unos magníficos revuelos.
Orlando Dorta nos dice que el del Norte era un “bailarín” y el de La Espuela un gallo “ruin”. Vamos a las crónicas, y leemos en Asdrúbal: “Un bailarín y un penco”. Con razón hemos dicho más de una vez que Orlando Dorta es la persona con más memoria que hemos conocido en la vida!

Y aquí tenemos al “Perillón”

Aquí lo tenemos, fotografiado para la inmortalidad. De él leemos lo siguiente, en el “Diccionario Gallístico de Canarias”, llamando la atención que se diga nunca fue herido, cuando en esta misma pelea se refiere que reaccionó a una herida cerca del pico:

Fabuloso giro de Adolfo González (“el Tejinero”), que ganó seis peleas de modo extraordinario. Lo preparó “Caballerito” en la temporada de 1947, haciéndole cuatro, y “el Foño” en la de 1948, ganando las dos restantes. Ambas temporadas, en La Espuela. Siempre se discutió su calidad, ya que nunca lo rasguñaron y lo que mostraba era ser un gallo de unas facultades físicas extraordinarias, ganando siempre, como el otro que dice, de un solo tiro. Escribía “Pica y Bate”:
“Pedro Pérez «el Foño» decía que un gallo que, ganando con tanta rapidez y no recibiendo ninguna herida, se ponía tan triste que ni comía después de la pelea, no podía ser un gallo de calidad, sino un animal de mucho poder, y que él no gastaría tiempo en ponerlo de criador con sus gallinas. El hermano del jefe del gobierno venezolano, Antonio Pérez Jiménez, que se pasó un año aquí en Tenerife, lo vio pelear en 1948 y se lo había dicho a su hermano, el cual ordenó que lo comprara por la cantidad que pidieran. A don Adolfo González Rivero, su propietario, aquello le sonó a fanfarronada de hombre poderoso, y le dijo a Antonio Pérez Jiménez que le dijera a su hermano que, cuando terminara de castear con él, se lo mandaría de regalo. Hubo la mala suerte de que un día, de forma inesperada y sin motivo que lo justificara, porque aparentemente daba señales de buena salud, apareció muerto.”
“El Perillón” peleaba de frente, y era en efecto un gallo de mucho poder, de mucho pulso. Tenía un cuello muy largo, por lo que “el Foño”, siempre ocurrente, decía que sacaba el cuello y metía el pico. Sus dos últimas peleas las hizo mal de pico, pero las ganó del mismo modo; la última fue el 23 de mayo de 1948 ante un giro de Felipe Zamora.
En los años 50, José Cedrés adoptaría su nombre para sus crónicas en La Tarde, y en los años 90 haría lo mismo Agustín Morales en Jornada. Además, un dibujo suyo ilustraría durante varias décadas, a partir de 1951 (realmente ya apareció en el 49), los programas de La Espuela.