lunes, 1 de julio de 2013

Las espuelitas del “Músico”


Entre otras cosas, Pancho “el Músico” fue el mejor hacedor de espuelas que ha habido en Canarias. Las hacía más bien pequeñas, y aquí tenemos espuelas suyas y la cajita, fabricada por él mismo, donde llevaba los siete pares de cada jornada. Hoy hubiera tenido que hacerse otra, porque en muchos lugares no se contentan ya con siete peleas, sino que hacen ocho (en Tenerife se les ocurrió una vez hacer nueve). De paso, desaparece así el curioso lenguaje de capotes, mantillas y rabonas que tanto llamaba la atención a los lingüistas y a los que se acercaban al mundo de los gallos (en la redacción de “El Día”, por ejemplo, me preguntaban muchas veces por el significado de estas palabras).
Téngase en cuenta que cada una de estas espuelas perteneció a un gallo célebre, ya que por eso las guardaba el Maestro. Hoy ya es imposible saber a cuál de ellos corresponde cada una.
Las espuelas de gallo ya están en total declive, solo utilizándose, que sepamos, en la contrata de Tazacorte y Los Llanos. No vamos a insistir en una cuestión tratada aquí ya muchas veces, pero sí voy a poner un ejemplo que me es muy cercano, ya que esta temporada asistí a la segunda parte de las peleas entre el Norte y La Espuela.
¿Qué razones hay para pelear con espuelas industriales entre estos dos partidos legendarios? Cuidaban dos galleros que saben hacer espuelas. En La Espuela las hace, y excelentes, tipo cubano, Agustín Delgado. El Norte cuenta con casteadores –se me ocurren Salvador Dorta y Eduardo Pérez de Ascanio– que pueden criar perfectamente gallos bastos para disponer de material. Por tanto, no solo la razón económica es falsa, sino absurda, ya que el gasto siempre será mejor que comprándolas. En los tiempos de antes (y hablo de hace solo una década), La Espuela contaba con dos grandes artistas de las espuelas: Asdrúbal Bethencourt y Antoñito Martín. El primero... ¡hasta vendía espuelas a América! Hoy nosotros, como verdaderos inútiles, se las compramos a ellos, y a sus intermediarios.
Un argumento que se baraja contra las espuelas es el de que se acaban los conflictos. Este tipo de argumento siempre nos recuerda aquello del médico que, para solucionar un problema en una pierna, simplemente la corta, haga falta o no. Pero volviendo a La Espuela y el Norte, esta temporada cuidaban allí dos caballeros –Florencio y Samuel– que jamás han despertado dudas acerca de su honradez en esa cuestión (ni en otras). Argumento pues que se cae por su propio peso.
La espuela era como la firma del cuidador. El “Músico” no solo las hacía maravillosamente bien, sino que a nadie le dieron nunca los gallos con las espuelas como le daban a él. Hoy es triste ver a los pocos buenos cuidadores que nos quedan presentar sus gallos con ortopedia. Y los que vayan saliendo ni sabrán ya hacer espuelas.
Y por eso elogio a los partidos de Tazacorte y Los Llanos, y por eso me alegro tanto cuando veo subir a la valla un gallito que tuvo la fortuna de servirle las espuelas que le dio la naturaleza.