miércoles, 4 de enero de 2012

Jornada final de la Liguilla Tenerife-Las Palmas



Este fue el día de mayor gloria deportiva de Domingo Prieto, y una jornada legendaria para la gallera de Triana, que ganaba este gran torneo, arrebatándole el triunfo nada menos que a Francisco Dorta. Aunque la foto sea bien conocida, volvemos aquí a reproducirla: El Músico, Antonio Casañas, Domingo Prieto y Rafael Guerra, sobre la valla del Cuyás. Pancho sostiene al giro de Ramos Ferraz y Domingo al giro “Whisky” de Rafael Guerra, que va a ganar la primera pelea; con tres riñas, sustituyó a un gallo que amaneció enfermo.

Esta jornada fue reseñada por Martín Díaz en el “Diario de Las Palmas” y por Montenegro en “Falange”. Me limitaré a transcribir la crónica del segundo, de quien alguna vez he dicho que fue el más importante cronista de gallos que ha tenido Canarias, aunque don Alfonso Canella, en el terreno artístico, por así decirlo, no tuvo rival a lo largo de las seis temporadas que cubrió en los años 30 del Cuyás. Montenegro no solo entendía como el que más, sino que sus crónicas eran serias y exactas. Señalemos que el último gallo trianero era el famoso “Sardina”.
“Un llenazo imponente, el mayor de esta temporada, fue el registrado el domingo, día último de Liga, en el Circo-gallera del Cuyás.
Habían de enfrentarse, en el más interesante y decisivo encuentro, disputándose, en última instancia y reñido campeonato, la supremacía gallística de Canarias, los partidos La Espuela de Tenerife, cuyo cuidador es don Francisco Dorta, el más antiguo y mejor de los galleros canarios, contra el de Triana, partido de casa, que ha sido dirigido con gran acierto por el más joven y el más modesto y el más entregado a su profesión de todos los galleros canarios. Ya dijimos en una de nuestras reseñas de la temporada que muy pronto sería el mejor gallero de Canarias. ¡Qué pronto lo ha demostrado! Su mayor virtud es la prudencia, es la de no estropear demasiado a sus combatientes, es la de saber dejarles con ganas de volver a la lucha al no hacerles consumir todas las energías en la Casa de gallos, sobre todo a los pollos de pocos meses que se ha visto obligado a llevar al reñidero.
Este muchacho se ha ganado las simpatías del público, como se ha comprobado en el Circo al ser tan repetida y prolongadamente ovacionado.
Las riñas fueron muy emocionantes, decidiéndose el campeonato al ganar Triana las cuatro primeras. El aplauso fue apoteósico, por ser además la última de estas una de las peleas más emocionantes que pueden darse.
Primera riña.– Giro melado , que no está en la lista, por Triana, contra giro de una riña, castío de don José Ramos Ferraz, por La Espuela. Aunque resentido el trianero por sus heridas del domingo anterior, ganó la acción desde las primeras pechadas, al acribillar a su rival. Después perdió las fuerzas y se vio en peligro, pero, gallo valiente y de mucha espuela, arañaba aunque flojo, tapando un farol al de Tenerife, que herido en el cuello y con un ala destrozada optó por rehuir el combate.
Segunda.– Por Triana un giro castío de los señores hermanos Torres, y por La Espuela un colorado castío de don Ángel Benítez de Lugo. Riña tremenda, difícil. El tinerfeño pega fuerte y es activo y el local hubiera sucumbido si no se sale de la zona peligrosa para atacar a su gusto y meter espuela una y otra vez, después de tapar un farol al colorado, que empeñado en meterse dentro era blanco del mejor pelear del giro de Triana, el cual lo dejó en tinieblas y acribillado, teniendo que aplomarse delante, a pesar de ser un magnífico gallo. Los aplausos al vencedor trianero se hacían interminables.
Tercera.– Otro giro trae Triana, repetido, castío de don Nicolás Díaz de Aguilar, contra melado repetido de don Pedro Tabares Lugo, de una pelea. Otra gran riña. Los gallos de don Nicolás son tremendos. ¡Cuidado que este pobre, herido en su riña anterior, sin cicatrizar bien, todavía venía con ganas de cargarse a otro, y lo consiguió, atravesando un oído a su contrario y derrotándole por completo en pocos tiros. Otra gran ovación.
Cuarta.– La mejor pelea, la más emocionante. los dos se atacan, y se defienden bien, eran ya duchos, pues el de Triana, giro de don Nicolás Díaz de Aguilar, había ya ganado dos peleas, y su contrario, retinto, de don José Ramos Ferraz, era un gallo soberbio, vencedor en cuatro combates. El tinerfeño siente las espuelas del de don Nicolás y cree defenderse escondiendo la cabeza debajo de su contrario, intentando para ello meterse dentro, pero le salía mal la táctica, al ser recibido a revuelos mortales. Sin embargo, el tinerfeño hizo honor a su justa fama, al acribillar al nuestro desde que pudo disparar. Yo lo vi perdido al trianero, que, torcido, con una hoya perforada de verdad, herido de muerte, se fue como un rayo sobre el general tinerfeño y lo mató de golpe, ganando el campeonato para su partido. Amigos, con gallos como estos y llevados al reñidero como estos han ido, nadie puede arrebatarnos la superioridad gallística de los casteadores de Las Palmas, aun reconociendo las excelencias de los contrarios. El público emocionado, puesto en pie, tributó sus entusiastas aplausos al triunfo del vencedor trianero, al casteador don Nicolás Díaz de Aguilar y a Domingo Prieto, desde este momento campeón de los galleros canarios, quien también fue felicitado efusivamente por el señor soltador del partido contrario en justo reconocimiento del mérito del muchacho.
Quinta.– Colorado «Cola-Cao», castío de don Francisco Duque Pérez, Santa Cruz de La Palma, por Triana, contra colorado, repetido, del castío de los señores hermanos Jorge, por La Espuela. El local se aventaja, pero pronto se le fue la batida y es acribillado y queda ciego. Sin embargo saca fuerzas de flaqueza y en un disparo niveló la riña, quedando el tinerfeño tan flojo y desmejorado que se llegó a solicitar la tabla, pero no siendo concedida, cayó fulminado el nuestro por toque y se perdió el combate.
Sexta.– Colorado trianero de don Domingo Guerra Medina, contra otro de igual pluma de don Francisco Duque, Santa Cruz de La Palma, de una pelea. Aventajado el local pierde un ojo y su rival, gallo astuto, le acomete constantemente por el sitio débil, hasta dejarlo echado.
Séptima.– Otros dos colorados, de don Rafael Guerra Medina, ganador de tres peleas a favor de Triana, el primero, contra otro de dos peleas, de don Ángel Benítez de Lugo, por La Espuela. El mayor disparate trianero de toda la temporada fue repetir, fue sacrificar a este diminuto gallito, habiendo sido peleado hace tan poco tiempo, y costándole dicho combate un gran consumo de energías. El pobre animal quiso y no pudo. Apeló a todos sus recursos y hasta casi gana al partir un ojo a su contrario, dejándole ciego un buen rato. Pero no pudo ser, no hirió como otras veces, y tampoco tuvo aquella simpática serenidad. Claro está que su enemigo hacíale unas caricias muy desagradables y tenía una batida, un tiro verdaderamente dortiano, irresistible, y el pobre animal, dicho sea con todos los respetos, hizo muy bien al rehuir el combate.
Y así terminó este inolvidable día gallístico”.