lunes, 19 de septiembre de 2011

Una carta desde Cuba a Francisco y Pedro Dorta



Muy curiosa es esta carta, enviada por Daniel Bethencourt a Francisco y Pedro Dorta desde Palma Soriano, en Cuba.
Como sabemos, el padre de los Dorta era natural de la isla de la Madeira y se llamaba Arsenio Oliveira. Hombre serio y conocedor de las labores del campo, vivió siempre con Dorotea Dorta Martín, pero sin casarse, y de ahí que sus hijos no heredaran su apellido, que hubiera sido Oliveira Dorta.
Daniel Bethencourt –probablemente hijo de Juan Bethencourt, el casteador o propietario del “Ala Blanca”– le pide a los Dorta un “sagrado encargo”, no muy honesto que digamos: comprarle un gallo de casteo al criador, a escondidas del propietario. Lo que nos recuerda lo mucho que los casteadores han sufrido con aquellos a quienes les daban gallos para criar. Aquí en Tenerife conocemos, de estas, historias sobradas.
“Eloy el músico” debe ser Eloy Afonso, que tuvo muy buenos gallos en los años 10 y 20, sin ir más lejos preparados por Pancho en La Espuela.
Al final de la carta –que no transcribo por leerse muy bien–, Daniel Bethencourt evoca los célebres versos que los niños cantaban por las calles del Puerto de la Cruz tras las míticas peleas de mayo de 1908 entre el Puerto y la Villa, versos que Pancho recordaba con exactitud: “Mató Miranda a Cosmito, / Bethencourt mató al Picón, / Don Maximino al Negrito / Y Severiano dio un grito / Cuando el Banderín perdió”. Ya los comentábamos en esta misma página hace un par de meses. Daniel Bethencourt se equivoca con don Maximiliano, ya que era Maximino, y se ha olvidado de Maestro Severiano, de quien tanto aprendió el gran Adolfito.